Si decido quedarme

Las lágrimas por

Juan-Carlos-Ampie22Las lágrimas por Bajo la misma estrella no se han secado, y ya nos llega otro melodrama para “jóvenes adultos” basado en un best-seller editado a la medida del grupo demográfico que mantiene con vida a la industria editorial y a la taquilla del cine. Si decido quedarme comparte la preocupación con la mortalidad, extendiéndola más allá de los pacientes aquejados de cáncer.

La protagonista, Mia Hall (Chloe Grace Moretz), sufre un accidente de tráfico. Ella y toda su familia quedan al borde de la muerte. La premisa sobrenatural de la película supone que el espíritu de Mia deambula por el hospital mientras los médicos trabajan en su cuerpo, ponderando si vuelve a la tierra o camina hacia la proverbial luz al final del túnel. El debate existencial se dramatiza para nuestro beneficio, con una serie de flashbacks que nos permite saltar oportunamente al pasado para seguir el desarrollo de su relación sentimental con Adam (Jamie Blackley).

Los estructura narrativa permite desarrollar los personajes del padre (Joshua Leonard) y la madre (Mireille Enos), algo relativamente inusual en películas de este género. Las películas infantiles y juveniles están pobladas de padres muertos, ausentes o ineptos porque es una manera dramática de imponer agencia personal sobre los menores, atrapando de inmediato la simpatía e identificación del espectador. No en balde Harry Potter era huérfano. Aquí, la película encuentra la manera de mantener la familia íntegra y destrozarla al mismo tiempo, sin vilificar a los progenitores para empoderar al descendiente.

Si decido quedarme se presenta sin apologías como una película rosa, donde la primera relación romántica toma el escenario principal. La pareja es un estudio de contrastes: ella toca el violoncello y aspira a una carrera en música clásica, él es una estrella incipiente del rock & roll; ella viene de una familia amorosa, él de un hogar destrozado. Bajo estos signos de identidad, la película se preocupa por retratar la incertidumbre de la joven en el límite de la madurez. Mucho drama se destila de su aplicación a una prestigiosa universidad en Nueva York, cuya aceptación complicaría el noviazgo, pues Adam y su banda buscan carrera en la costa oeste. En segundo plano, se observa el dilema propio de la edad de decidir qué hacer con uno mismo en el plano profesional. Y en tercer plano, la dinámica entre padres, hijos y familia extendida. Curiosamente, la mejor escena de la película es una conversación entre Mia y su abuelo (Stacy Keach) que conecta la fallida carrera musical del padre con la promesa de la hija.

A pesar del artificio y la sentimentalidad, la película oculta una genuina preocupación por el momento particular de la vida que Mia —y por extensión, todos los jóvenes— habita justo antes del accidente. El veterano cineasta R.J. Cuttler fue el productor de The War Room (1993), uno de los mejores documentales sobre la política norteamericana. Pero su filmografía también incluye numerosos proyectos, menos celebrados, centrados en la vida de jóvenes y adolescentes. Dirigiendo por primera vez ficción, no teme incursionar en la cursilería, armado con reservas infinitas de empatía por sus personajes. Y se requiere valor para dispensar un final tan abrupto como apropiado. La película no logró replicar el fenómeno de Bajo la misma estrella en la taquilla norteamericana, sin embargo, es un sólido ejercicio de este género particular. Aliste un pañuelo para la colegiala que lleva adentro.

Ver en la versión impresa las paginas: 19

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