Denominamos empleo informal, siguiendo la tradición de la OIT, como aquel generado por micro-unidades caracterizadas por una escasa dotación de capital físico y humano por trabajador, y que emplean de 1 a 5 personas, en calidad de trabajadores por cuenta propia de muy baja calificación, trabajadores familiares sin pago y ayudantes asalariados.
Se trata de empleos de muy baja productividad que crea la propia población para poder sobrevivir, que rinden a quienes los desempeñan ingresos muy reducidos.
Al analizar la evolución del empleo a lo largo del tiempo destaca el hecho de que el sector informal, y dentro de este, el empleo por cuenta propia y los trabajadores familiares sin pago, están adquiriendo un peso cada vez mayor en la generación del empleo total.
Esta configuración del mercado de trabajo condiciona el propio ritmo de crecimiento económico, el cual se encuentra limitado por el hecho de que el alto peso ponderado del empleo en los sectores de menor productividad presiona a la baja el crecimiento de la productividad media del trabajo.
La consecuencia de que el empleo sea predominantemente de baja productividad, es precisamente que la productividad promedio de la economía será muy baja y, en consecuencia, el ingreso promedio por habitante también será muy bajo.
En una economía como esta, resulta interesante preguntarse si existe un ciclo de vida laboral, caracterizado por la relación de los trabajadores con el empleo informal a lo largo de su vida. Las cifras parecen indicar que sí.
El 79.5 por ciento de los menores de 19 años que trabajan lo hacen en este tipo de microunidades, principalmente como trabajadores familiares sin pago, principalmente en la agricultura y el comercio.
De los 20 a los 29 años, los jóvenes ven incrementar sus posibilidades de trabajar en unidades económicas formales de mayor tamaño, principalmente como asalariados, y se reduce un mínimo de 62.8 por ciento el porcentaje de jóvenes que trabaja en microunidades informales.
A partir de allí, es decir después de los 30 años se va incrementando de nuevo, gradualmente, el porcentaje que trabaja en microunidades informales. Entre los 30 y 39 años el porcentaje que trabaja en empleos informales aumenta a 67 por ciento, y entre los 39 y los 49 se eleva al 70.1 por ciento.
A partir de los 50 años, se reduce a su mínima expresión el empleo en unidades formales —ya nadie contrata a trabajadores de esa edad— y se vuelve a aumentar muy por encima del 70 por ciento el porcentaje que trabaja en microunidades informales, principalmente como trabajadores por cuenta propia.
Por su parte, las posibilidades de estar ocupado en empleos formales aumenta con la posesión de niveles de escolaridad de secundaria a superior, que tiende a ser mayor entre la población de 19 y 29 años y se reduce en las edades mayores, cuando comienza a aumentar el porcentaje que solo posee una escolaridad de primaria o ninguna.
Después de los 40 este último porcentaje supera el 55 por ciento de los ocupados, y asciende con rapidez.
De esto se deriva la importancia fundamental de incrementar los niveles de escolaridad secundaria y superior de las nuevas generaciones, y de diversificar la economía con la debida rapidez en dirección a actividades de mayor complejidad tecnológica que generen empleos de creciente productividad; y sobre todo, que absorban porcentajes crecientes del empleo.
Solo de esta manera los futuros trabajadores alcanzarán los niveles de productividad e ingresos necesarios para sostenerse a sí mismos de manera digna, y a la vez poder sostener, también de manera digna, al número creciente de adultos mayores.
(*) Economista
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