La revolución de los datos

¿Estamos dispuestos a pagar US$254 mil millones —o el equivalente a casi dos años de los próximos 15 años de ayuda al desarrollo— para obtener mejores datos?

¿Estamos dispuestos a pagar US$254 mil millones —o el equivalente a casi dos años de los próximos 15 años de ayuda al desarrollo— para obtener mejores datos?

Durante la última década y media, el mundo ha hecho algunas promesas inteligentes con los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio (OMD): la mitad de la proporción de hambre y pobreza, conseguir que todos los niños asistan a la escuela, y reducir drásticamente la mortalidad infantil. Definitivamente hemos visto un enorme avance hacia el éxito, aunque no se alcanzarán todas las promesas.

Pero tal vez sorprenda, tenemos escasa información sobre qué es exactamente lo que conseguimos. Mientras que usted puede visitar innumerables sitios web y ver lo bien que le está yendo a Botswana, por ejemplo, respecto de la pobreza, la verdad es que la mayoría de los datos se basan en una sola encuesta de hogares… desde 1993. En realidad, la mayor parte de los números disponibles no son datos sino proyecciones y estimaciones. En total, hay más huecos que observaciones reales, y las mismas observaciones son a menudo dudosas.

Esto es importante, porque el mundo está discutiendo la constitución de un nuevo conjunto de objetivos para el mundo para el período 2016 hasta 2030. Para lograr el mayor beneficio, el Copenhagen Consensus ha pedido a 63 equipos de los principales economistas del mundo que examinen los costos y beneficios económicos, sociales y ambientales de todos los principales objetivos. Por supuesto la mayor parte de la atención está en los temas de alto perfil como la salud, la educación, la alimentación, el agua y el medioambiente.

Pero también tenemos que reservar recursos para medir qué tan bien abordamos todos estos temas, y eso tiene costos reales. Cuánto va a costar esto y cuánto la comunidad internacional puede justificar gastar de este modo, es el tema importante cubierto por el profesor Morten Jerven en su nuevo artículo para el Copenhagen Consensus.

Tome los ODM originales. Había solo 18 objetivos simples. La recolección de datos para estos objetivos era irregular, con muchos huecos, y gran parte de la información recogida era de dudosa calidad. Sin embargo, Jerven coteja la información que tenemos acerca de los costos de la encuesta alrededor del mundo y estima que el seguimiento adecuado de los 18 objetivos y 48 indicadores habría costado al mundo US$$27 mil millones. Eso es un número significativo, pero dado que el mundo va a gastar alrededor de US$$1.9 billón durante el periodo, quizás no es ilógico gastar 1.4 por ciento en la obtención de información.

El problema es que el siguiente conjunto de objetivos es cada vez más grande. Un panel de alto nivel con el primer ministro David Cameron, del Reino Unido, el presidente Yudhoyono de Indonesia y el presidente Sirleaf de Liberia, junto con líderes de la sociedad civil y el sector privado, sugirió 59 objetivos y abogó por la construcción de “mejores sistemas de recolección de datos, especialmente en los países en desarrollo”.

Y hace apenas un par de meses, setenta embajadores de la ONU en el llamado Grupo de Trabajo Abierto resolvieron proponer unos vertiginosos 169 objetivos. Uno de estos muchos objetivos sostenía que para 2020 el mundo debería “aumentar significativamente la disponibilidad de datos de alta calidad, oportunos y fiables, desglosados por ingresos, género, edad, raza, etnia, condición migratoria, discapacidad, ubicación geográfica y otras características relevantes en contextos nacionales”.

Haciendo incluso una mínima recopilación de datos para todos estos 169 objetivos, Jerven estima que costará al menos US$$254 mil millones, o casi el doble de todo el presupuesto anual para el desarrollo mundial.

Y esta es una estimación muy baja, ya que no toma en cuenta la recopilación de datos administrativos básica realizada por los gobiernos nacionales. Tampoco incluye los costos destinados a todas las encuestas de hogares que se recomiendan, ya que los costos para estas fueron imposibles de obtener. Y en los países donde aún no se han recogido datos, es probable que resulte aún más costoso. Recuerde, seis de los 49 países de África subsahariana nunca han realizado una encuesta de hogares y solo 28 han realizado una en los últimos siete años.

Además, hay una cuestión seria de capacidad. A nivel mundial, solo sesenta países cuentan con los sistemas de registro básicos necesarios para seguir las tendencias de los indicadores sociales. Muchos países pobres —aquellos cuyos ciudadanos tienen mucho que ganar de programas eficaces de desarrollo— no tienen la capacidad de reunir datos válidos en el plano nacional.

La mayoría de los participantes que discuten sobre los Objetivos de Desarrollo Sustentable, reconoce que necesitamos muchos, muchos menos objetivos. Y ese es el proceso que el Copenhagen Consensus trata de ayudar a informar mediante la publicación de cuánto costarán los objetivos y cuánto beneficio ambiental, social y económico traerán.

Entonces cuando se informa acerca de los costos formidables de la recopilación de datos para cada objetivo, es razonable reconsiderar el mejor número de objetivos. Un punto interesante de comparación es mirar lo que los países industrializados gastan en estadísticas. Por ejemplo, ambos gobiernos, el de Noruega y el de Gran Bretaña, tienen servicios oficiales de estadísticas que cuestan alrededor del 0.2 por ciento del PBI. El uso de esta imagen como una medida de la voluntad de pago sugeriría que debemos apuntar más a los cuatro objetivos SDG que pueden controlarse adecuadamente, en lugar de un indomable 169.

El autor es de los best seller El ecologista escéptico y Cool It, director del Centro para el Consenso de Copenhague, y profesor adjunto de la Facultad de negocios de Copenhague.

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