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El siete veces campeón centroamericano del ajedrez Edmundo Dávila Castellón ahora dedica su vida a jugar con amigos, la computadora, y escribir sus experiencias personales y didácticas sobre este deporte-ciencia. LA PRENSA /Uriel Molina

El ajedrecista

En la Managua de 1940, “las puertas de las casas se mantenían abiertas porque no habían ladrones”; en este ambiente apacible “conoció a una familia de ajedrecistas con los que aprendió lo básico de este deporte ciencia”: el ajedrez.

En la Managua de 1940, “las puertas de las casas se mantenían abiertas porque no habían ladrones”; en este ambiente apacible “conoció a una familia de ajedrecistas con los que aprendió lo básico de este deporte ciencia”: el ajedrez.

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Carlos Espinoza Pereira, prologador del libro El ajedrez para niños, jóvenes y personas mayores, piensa que este texto es muy beneficioso para las personas porque incentiva el pensamiento creativo.

Por su parte Dávila Castellón explica que su contenido es un sistema didáctico efectivo y absorbente del juego-ciencia, dividido en dos partes: aspectos básicos del ajedrez, y aspectos complementarios a la enseñanza del ajedrez.

Este libro, agregó, estará próximamente en las librerías de Literato e Hispamer, y posiblemente en bibliotecas del Ministerio de Educación.

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Estos son los primeros recuerdos que se le vienen a la memoria al campeón y maestro ajedrecista Edmundo Dávila Castellón, nacido un 8 de octubre de 1933, entre los barrios Candelaria y Santo Domingo, en Managua.

“Fui campeón siete veces de Centroamérica y el Caribe; campeón en México; y en Nicaragua tres veces; y te quiero decir: que la mayoría de veces que jugué quedé invicto, no perdí ni una partida”, expresa con orgullo, al describir su historial de campeonatos nacionales e internacionales.

Dávila Castellón también es autor de los libros Mi vida ajedrecística , publicado en 2002, y del reciente, por salir de imprenta, El ajedrez para niños, jóvenes y personas mayores.

“Yo vivía en el barrio Santo Domingo, y unos vecinos, el papá, mamá y su hija, jugaban ajedrez; y me interesaron las fichas negras y blancas”, recuerda Dávila Castellón que fue su primer contacto con el universo del ajedrez.

“Ellos me enseñaron las reglas para mover las piezas, pero no a jugar ajedrez, porque este juego es como la música, tienes que estudiar por lo menos ocho horas diarias; es como una asignatura de ciencia, así es”, añade.

Para este tiempo, dice, existía un club de ajedrez que quedaba cerca de Laboratorio Rarpe; Carlos Montiel fue quien lo llevó a este sitio donde conoció al maestro de ajedrez Joaquín Hurtado, al que cataloga como el fundador del ajedrez en el país.

Con mayor conocimiento fue invitado a jugar en el primer Torneo Centroamericano de 1948, realizado en Jinotepe y Managua. Luego pasó a jugar en el primer tablero en Costa Rica, ganando el campeonato en 1953.

Esta partida que inició con una apertura Colle, Dávila jugó con las blancas, contra M. Barballes de Guatemala, que usó las negras. Esta jugada aparece registrada en su primer libro Mi vida ajedrecística , en el que aparecen cien de sus partidas selectas.

“Pasé veinte años sin jugar ajedrez”, dice Dávila Castellón, quien se arrepiente de no haberle dedicado más tiempo a este deporte-ciencia. Su vida en el ajedrez, dice, la llevó de una manera calmada, no de fanático, no obstante llegó a ser campeón internacional, y gran maestro.

En la actualidad juega con amigos, y cuando no están ellos lo hace con la computadora que está nivelada para juegos internacionales con jugadores anónimos, y programados del sistema.

En el Salón de la fama

Amergio Muñoz, ingeniero electrónico, valoró a Dávila Castellón como “uno de los mejores ajedrecistas de Nicaragua del siglo XX; su nombre figura en el Salón de la Fama de Nicaragua”, expresa.

Asegura que el estilo de Dávila Castellón es parecido al ajedrecista soviético Mijaíl Moiséyevich Botvínnik, campeón del mundo entre 1948 y 1963.

Tiene un tipo de juego semicerrado activo y con un ataque, que primero amarra las manos de su rival y después golpea. Fue muy admirado en México, por la manera que remataba las partidas, con simpleza entre la complejidad, y con elegancia al mismo tiempo”, dice Muñoz.

Dávila Castellón también ha jugado a ciegas, sin ver el tablero, esto es jugar de espalda al tablero, y dar las respuestas de las jugadas mentalmente.

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