“Queremos poder vivir sin temor”

Se oyen voces de alegría del lado del Gobierno: el Informe Global de la Brecha de Género del Foro Económico Mundial, presentado esta semana en Ginebra, Suiza, ubica a Nicaragua en el sexto puesto de países donde la mujer alcanza mayores niveles de equidad. Solo nos superan —según el informe—, los países nórdicos de Islandia, Finlandia, Noruega, Dinamarca y Suecia. El citado ranking ha causado dos reacciones en el país: alegría en el oficialismo, que lo celebra como un logro de las políticas de género del Gobierno, y desconfianza en el sector no oficialista, que ve el documento como una manipulación de cifras, un “arroz con mango”, sin el menor asomo de realidad. Ana Margarita Vigil Gurdián, abogada, experta en ciencias políticas e investigaciones sociales y opositora política del orteguismo desde las filas del Movimiento Renovador Sandinista, pertenece al grupo que no le cree un ápice al informe de marras.

Se oyen voces de alegría del lado del Gobierno: el Informe Global de la Brecha de Género del Foro Económico Mundial, presentado esta semana en Ginebra, Suiza, ubica a Nicaragua en el sexto puesto de países donde la mujer alcanza mayores niveles de equidad. Solo nos superan —según el informe—, los países nórdicos de Islandia, Finlandia, Noruega, Dinamarca y Suecia. El citado ranking ha causado dos reacciones en el país: alegría en el oficialismo, que lo celebra como un logro de las políticas de género del Gobierno, y desconfianza en el sector no oficialista, que ve el documento como una manipulación de cifras, un “arroz con mango”, sin el menor asomo de realidad. Ana Margarita Vigil Gurdián, abogada, experta en ciencias políticas e investigaciones sociales y opositora política del orteguismo desde las filas del Movimiento Renovador Sandinista, pertenece al grupo que no le cree un ápice al informe de marras.

::: Ese informe ha generado un debate sobre si este listado refleja la realidad de las mujeres en el país, ¿qué opina usted?

Creo que en el debate general se mezclan dos temas que deberíamos tratar por separado. Primero analizar lo que mide el Informe, y debatir sus fuentes y luego valorar la credibilidad de las cifras sobre Nicaragua. El informe del FEM trata de medir la diferencia que hay en un país determinado. Hay un hombre promedio y una mujer promedio en 4 grandes áreas: participación económica y oportunidades, acceso a la educación, salud y esperanza de vida, y participación política. No mide la calidad de vida de esa mujer comparándola con mujeres de otros países. Es decir, nada de lo que nos diga el indicador tiene que ver con si estamos mejor o peor que otras mujeres en otras partes del mundo. El indicador que se acerca más a este tipo de medición es el Índice de Inequidad de Género de Naciones Unidas, que nos colocó en el informe 2013, en el puesto 90. Así que, aún antes de debatir la validez o no de las cifras utilizadas, ya vemos claramente que Nicaragua dista mucho de ser de los mejores lugares del mundo para ser mujer, como algunos han dicho, manipulando el informe del FEM.

::: ¿Cuáles son las fuentes utilizadas en el informe para llegar a esa feliz conclusión?

Pues mayoritariamente datos proporcionados por el Sistema de Naciones Unidas y la Organización Internacional del Trabajo, que a la vez los han recibido directamente de los Estados. Y bueno, sabemos que las cifras nacionales no reflejan la verdad porque hay una política del gobierno de maquillar datos y estadísticas, de tal forma que no podemos ver la realidad nicaragüense reflejada en ese informe. Otras fuentes del informe también generan controversia. Parte de la información para construir el índice en participación económica y oportunidades por ejemplo, de manera particular, la relación de salario entre mujeres y hombres en trabajos similares, se basa en una encuesta de opinión levantada entre los ejecutivos del FED (ver el informe en la página 4, 5 y 86), que son empresarios, ni siquiera trabajadoras. Por eso es que es peligroso casarse solo con los números, sin ver el contexto, ni ver de dónde han salido esos números.

::: Un reportaje de la BBC desmenuza el informe con  Saadia Zahidi, la directora del programa de Paridad de Género del Foro Económico Mundial que emitió el listado. Ella responde  que “medimos fundamentalmente la brecha entre hombres y mujeres, no los recursos y oportunidades a disposición de las mujeres”. ¿En Nicaragua se ha reducido esa brecha entre hombres y mujeres?

Si vos analizas los últimos 60 años, desde que las mujeres tenemos derecho a votar, vemos que bien lentamente se ha ido cerrando la brecha en el acceso de oportunidades entre hombres y mujeres, pero en algunos temas más que en otros. Y hay todavía muchas deudas pendientes. Veamos el contraste de dos variables analizadas por el informe.

En lo que respecta al acceso a la educación (que estamos en el puesto 33 de 142 según el informe), ya desde hace más de treinta años, se ha registrado un aumento, en las aulas de clases, de mujeres en relación a hombres a todos los niveles, desde primaria hasta la universidad, menos en educación técnica. Hay que dar un mérito esencial a las madres y padres que han comprendido la importancia de la educación para sus hijas, las envían y las sostienen en la escuela. Si las familias no tuvieran esa consciencia, habría aulas y maestras, pero no niñas y muchachas estudiando.

Además, hay que recordar que más de medio millón de niñas y niños se encuentran fuera de la escuela y que la matrícula de educación primaria ha venido disminuyéndose en los últimos ocho años. Esas no son buenas, sino malas noticias. Por otra parte, el indicador no mide la calidad educativa que ya sabemos tiene grandes carencia.

Las mujeres nos estamos preparando mejor, pero, lo paradójico es que una vez que buscás trabajo, las oportunidades para hombres y mujeres son desiguales. Las mujeres seguimos teniendo en Nicaragua menos oportunidades que los hombres para conseguir un empleo. Y por el mismo empleo, hombres y mujeres tienen salarios distintos, siendo menor el de las mujeres. A una mujer para darle empleo se le hacen preguntas que no se le hacen a los hombres: si tiene hijos o no, por ejemplo.

Es sabido, además, que el grueso de la fuerza laboral femenina está en el sector informal o en las maquilas, con ingresos y salarios precarios, mayoritariamente sin protección de la seguridad social. El propio Informe del FEM ubica a Nicaragua en el indicador de participación económica y oportunidades, en el puesto 95 de 142. Esto sin contar que las mujeres que ingresan al mercado laboral siguen teniendo las cargas de sus hogares.

Aún hay muchas mujeres campesinas que no tienen acceso a la tierra. Y cada vez más, miles de mujeres emigran cada año a buscar trabajo en otros países para mantener a sus familias.

Mirá como son las cosas, hablando de las brechas de género en los otros dos indicadores del Índice, que son precisamente los que mejoran supuestamente la posición de Nicaragua en la lista. Las mejoras supuestas en estos campos son sumamente cuestionables: salud y esperanza de vida, y participación política.

En el caso de salud y esperanza de vida, me parece sumamente raro que el mismo indicador, medido por el Foro Económico Mundial en el 2013 colocaba a Nicaragua en el espacio 55. Imaginate un cambio de la posición 55 a la posición 1 en que aparece ahora Nicaragua, en apenas un año. ¿Qué cambio dramático ha habido en el acceso a la salud para las mujeres en este período que amerite semejante salto? ¿Cómo se explican los técnicos del Foro Económico Mundial, esta enorme diferencia? Es un misterio para mí, pues lo mínimo que hace un investigador social es revisar la consistencia de sus datos y en esos evidentemente hay algo muy raro. Hay especialistas en salud pública que alertan sobre la verdad de las cifras de mortalidad materna, también reducidas artificialmente por el gobierno.

En el caso de participación política si sabemos de dónde sale nuestra posición número 4 de 142 en el indicador: de los fraudes electorales de los últimos años. Estas cifras que no representan un mejoramiento en la participación política de las mujeres, porque la mayoría de quienes están en cargos electivos, en la Asamblea Nacional o en las alcaldías, lo son por dedazo y por lo mismo, no tienen autorización para hablar, decidir o empujar algún proyecto que no sean los ordenados por la familia Ortega Murillo.

::: Pero no podemos negar que hay iniciativas para fortalecer la igualdad de género de 2007 a la fecha: la llamada Ley 50-50 en los cargos públicos, la Ley 779, la Ley de la familia… ¿Negar eso no sería desconocer un avance de los derechos de las mujeres en espacios que antes no tenían?

Desde la década del ochenta ha habido cambios en la legislación en relación a las mujeres. En los últimos años, se han promulgado algunas largamente demandadas por el movimiento de mujeres, tales como lo relativo a la paridad en la elección de cargos públicos y la ley 779 de violencia contra las mujeres.

Pero en Nicaragua, que es el país de los papeles, donde hay leyes para todo y políticas para todo, la pregunta no es si está la ley, la pregunta es si se cumple y cómo se cumple.

Veamos el caso de reforma a la Ley Electoral que estableció el 50-50. A simple vista, para una persona que no está inmersa en el contexto nicaragüense, esta pareciera ser una disposición muy buena, pues el número es importante, así como el ejercicio de la representación.

Pero los que vivimos aquí sabemos lo que hay de cierto detrás del número actual de legisladoras, alcaldesas y concejalas del oficialismo. No es respeto a la ley lo que hay. Para comenzar, muchas de estas mujeres llegaron a esos cargos producto de los fraudes electorales del 2011 y del 2012. Sin mencionar que sus voces son prácticamente desconocidas en los espacios en que están, casi ninguna está autorizada a hablar en el parlamento o alcaldías. Quienes ejercen las vocerías en las entidades no son las mujeres “electas”, sino hombres designados por la pareja Ortega-Murillo. Y cualquier movimiento en falso puede rápidamente ser causa de destitución, sin que medie proceso. Ejemplos como el de Xochilt Ocampo se han vuelto emblemáticos. Todas las semanas vemos como se renuncian a alcaldes y alcaldesas, porque no responden a las necesidades de la familia Ortega. El dedazo de hecho es el que decide.

Pero, aun en la Nicaragua de papel, la disposición del 50-50 queda sin valor alguno frente a la disposición de la reforma orteguista a la Constitución que establece que los escaños legislativos, los cargos electos pertenecen al partido. Con ese articulito, se mata todo. No importa entonces, si hay paridad o no, pues nadie ejercerá representación. Mujeres y hombres en la misma proporción tendrán que repetir el discurso que les indiquen y ser “aprieta botones”, lo mismo por los que se les critica tanto ahora a los diputados oficialistas, por no hablar, ni pensar, ni argumentar, solo repetir. La reforma prácticamente desapareció la representación y le dio rango constitucional al dedazo.

Así que la paridad 50-50, es, hoy por hoy en Nicaragua, solamente un producto para la exportación, para satisfacer índices internacionales.

::: Entonces ¿qué tendría que hacer Nicaragua y su gobierno, para alcanzar el estatus de mejor lugar del mundo para ser mujer y que los movimientos de mujeres lo reconozcan?

Las mujeres necesitamos con urgencia el restablecimiento del Estado de Derecho y la construcción de una verdadera democracia. Queremos elegir y ser electas, participar en la vida política, social y económica del país, en igualdad de condiciones y libremente, sin estar amenazadas de ser golpeadas, hostigadas, amenazadas en nuestras casas y en la calle; por cercanos, desconocidos o agentes del gobierno. Cuando hablamos de vivir una vida sin violencia nos referimos a todo eso. Poder vivir sin temor es fundamental. Eso haría una diferencia enorme. Son muchos los retos y desafíos que aún tenemos las mujeres y tendremos que seguir luchando para lograr cada vez una mejor condición.

::: El informe sobre equidad de género de Nicaragua resalta que de los 92 escaños legislativos, 39 los ocupan las mujeres, una representatividad femenina del 42.3 %. ¿No ve avance ahí?

Primero, yo no reconozco como legítimos los porcentajes que produjo el fraude 2011. Esa no fue una elección, sino una adjudicación de escaños para el partido orteguista mediante el fraude. Segundo, no tengo información que alguna de las mujeres del oficialismo haya impulsado algún proyecto de ley (sea específico de mujeres o no) distintos a los mandatados desde el ejecutivo, así que no veo que hayamos ganado algo, mujeres u hombres, con tenerlas ahí. Hubo un momento en la Asamblea Nacional, durante la primera mitad de los noventa, que se creó un grupo de diputadas de los diversos partidos políticos que impulsaron cambios legislativos de gran importancia para las mujeres. Eran menos en número que las actuales, pero más en representación, pues eran deliberantes y beligerantes. No es esa la realidad actual, desdichadamente.

[doap_box title=»Plano personal» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]

Ana Margarita Vijil Gurdián tiene 36 años y aunque nació en León, ha vivido toda la vida en Managua.

Es abogada graduada de la UCA, con una maestría en Ciencias Políticas con énfasis en Política Comparada y Políticas Públicas, de la Universidad Estatal de Arizona, mediante beca Fullbright.

Su área de investigación se ha enfocado en temas de mujeres y política.

Es presidenta del partido MRS desde julio del 2012, e imparte clases universitarias de Derechos Humanos y Género.

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::: Hablemos del aborto terapéutico. ¿Nicaragua sería un mejor país si se permitiera el aborto terapéutico o la condición médica no debería incidir en la medición del bienestar de las mujeres?

Nicaragua sería un mejor país si no hubiese un 22 por ciento de embarazo en adolescentes. Tenemos que reconocer que la inmensa mayoría de esos embarazos es producto de violaciones. No se debería obligar a esas niñas y adolescentes a esa situación. Hay muchas mujeres que enferman de gravedad mientras están embarazadas. No se las debería obligar a suspender tratamientos poniendo en riesgo su vida, para no alterar el embarazo. Muchas de ellas son madres y en no pocos casos, dejan huérfanos. De eso se trata el aborto terapéutico. De que en esos casos, ellas tengan la posibilidad de elegir lo que desean hacer. Actualmente no pueden elegir. Se les obliga a hacer algo que pone en riesgo su vida y su integridad como personas. Yo puedo entender que haya quienes en esas condiciones prefieran continuar con su embarazo. Ellas tienen esa libertad. Se trata de que, también, quienes no lo quieran tengan libertad para decidir.

::: Pero al margen de ese tema, no se puede negar que ha habido avances hoy en comparación con hace 10 o 50 años.

Sin duda la situación de las mujeres nicaragüenses es ahora mucho mejor que hace cincuenta años. La gran diferencia la hace el que actualmente una proporción muy importante de mujeres estamos conscientes de que somos sujetas de derechos y estamos dispuestas a luchar para que nos los reconozcan, los podamos disfrutar y que nos los respeten, el Gobierno, las instituciones y el resto de la sociedad. Las mujeres nos vemos ahora con capacidad de actuar en distintos campos de la vida del país, no solamente en el político, sino también en la economía, como empresarias, como trabajadoras, productoras, técnicas y profesionales, pero también como líderes comunitarias y sociales. Eso no se lo debemos a ningún gobierno, nos lo debemos a nosotras mismas. Ningún gobierno nos ha regalado a las mujeres nicaragüenses la mejoría que tenemos. Ha sido nuestra lucha, la de muchas mujeres que nos precedieron, la que lo ha hecho posible. No es gracias a Rosario Murillo ni menos a Daniel Ortega que hemos llegado a este punto.

::: Entonces, ¿qué es lo mejor que ha hecho este gobierno, sin política de por medio, en pro de las mujeres?

Este gobierno se ha caracterizado por restringir, conculcar y liquidar derechos ciudadanos. Ni hombres, ni mujeres tenemos verdadero derecho al voto, pues los fraudes electorales nos los han arrebatado. Ni hombres ni mujeres tenemos derecho a expresarnos con plena libertad, a organizarnos y participar en el partido político de nuestra preferencia. Yo soy presidenta de un partido al que se le confiscó su personalidad jurídica. A mí misma, el ilegal CSE me impidió ser candidata a diputada en las elecciones de 2011, si fundamento legal alguno. Así que no es posible hacer una valoración sin política de por medio, pues en ese contexto vivimos. Es importante que haya leyes favorables a las mujeres, pero sería realmente importante si viviéramos en un país en el que las leyes se cumplen y no son solamente palabrería y demagogia para la exportación. Es importante la gratuidad en la salud y la educación, pero poco ayudan si el Estado no les brinda a estos temas ni el presupuesto necesario, ni el interés real para buscar soluciones a sus múltiples necesidades y deficiencias.

::: Yo veo que hoy por hoy, el movimiento de mujeres es más fuerte que nunca y que incluso, se les ve como oposición al gobierno de turno.

El movimiento de mujeres es de los movimientos sociales más dinámicos, plurales y vigorosos del país. Tiene claridad de sus objetivos, de sus metas, de las necesidades y problemas de las mujeres y lucha por ellos. Si ese movimiento es percibido como oposición al gobierno, es un problema de la manera en como el poder político de la familia Ortega percibe a toda persona o grupo que no sea incondicional. Este es un gobierno que odia la crítica y el movimiento de mujeres es crítico. Por eso le han tirado con todo, desde el allanamiento a las oficinas del Movimiento Autónomo de Mujeres, hasta el inicio de un proceso penal contra una docena de líderes mujeres o la campaña entre la cooperación para quitarles todo tipo de ayuda, o las amenazas de quitarles la personería jurídica y los hostigamientos desde el Ministerio de Gobernación. El Gobierno llegó incluso a tratar de montar su propio movimiento de mujeres que finalmente se eclipsó, pues no tienen un discurso, una bandera que enarbolar. La familia Ortega Murillo actúa con el movimiento de mujeres como lo han hecho con toda organización o manifestación de la sociedad civil que no le sea incondicional, no se rinda ante sus halagos o ante sus amenazas. Yo me siento muy orgullosa de que exista en Nicaragua un movimiento de mujeres con ese talante.

::: No están siendo un poco injustas con Murillo con las críticas que le hacen a su papel dentro del Gobierno. Hay quienes opinan que las mujeres no le perdonan su postura a favor de Ortega en el caso de Zoilamérica.

La señora Murillo se ha colocado en un papel de poder. Ella manda y ordena en el Gobierno. No posee cargo alguno que justifique tal poder, solo se explica por su relación con Ortega. El pueblo la critica por su manera de ejercer el poder. ¿Cómo no criticar el sectarismo autoritario? Ella quiere aparecer en todo, ser protagonista de todo. Alguien que se coloca en el centro absoluto de todo, debe saber que se ganará todas las críticas y la animadversión de muchos. Sobre el caso denunciado por Zoilamérica Narváez, lo único que hizo el movimiento de mujeres fue creer en ella, en su denuncia y apoyarla. Es lo que le correspondía. El movimiento de mujeres cumplió con su deber. Toda madre tiene el deber de proteger y defender a sus hijos. Para nadie es un secreto que la señora Murillo no cumplió con su deber de madre con su hija Zoilamérica.

::: Los femicidios. Usted ve las noticias, las cifras y analiza ¿por qué tanto odio contra las mujeres?

En Nicaragua, como en otros países de América Latina, el machismo es muy fuerte. Creo que los femicidios no son un crimen de odio, son un crimen de poder. Quienes cometen femicidio o ejercen cualquier tipo de violencia contra las mujeres, lo hacen porque creen que las mujeres son su propiedad y que tienen derechos sobre ella, sobre su vida y su integridad. Eso es lo que diferencia al asesinato de una mujer de un asesinato cualquiera. Por eso se crea la figura del femicidio, para poner ese asunto de relieve. El país tiene que enfrentar la existencia de esa cultura y trabajar duro para cambiarla. Todas y todos debemos trabajar duro para que cambie esa realidad.

::: La modificación a la Ley 779. ¿Avance o retroceso? 

El Estado tiene que velar para que haya protección a las personas, a su vida y si es lesionada una mujer, pues que haya justicia. De eso se trataba la Ley 779, hasta que la cercenaron a favor de la concepción gubernamental de que esos son asuntos que se tratan “en familia” y que están poniendo en grave peligro la vida de muchas mujeres. Lo peor es que una de las motivaciones de la reforma a la Ley 779 es la de que las cifra de femicidios disminuya, no porque maten menos mujeres, sino porque la tipificación del delito fue cambiada. Es el engaño mediante el cual, el Gobierno pretende lucirse a nivel internacional. Un engaño sangriento.

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