Pobladores exigen derogar ley del canal

“No vamos a descansar hasta obtener una respuesta del Gobierno, queremos escuchar a nuestro presidente diciendo que la Ley 840 va a ser derogada, que ya no va a existir esa oprobiosa ley, que la van a anular, y cuando el Gobierno diga eso, se van a acabar estas marchas, ya no va a haber paros y todos volveremos a vivir en paz”, señaló Rafael Ángel Bermúdez Martínez, conocido en Rivas como “Escuelita”.

Pobladores de diferentes puntos del departamento de Rivas aseguraron que no van a vender “ni un palmo de tierra” y exigieron que se respete su derecho a trabajar en paz. LA PRENSA/J.TORRES

“No vamos a descansar hasta obtener una respuesta del Gobierno, queremos escuchar a nuestro presidente diciendo que la Ley 840 va a ser derogada, que ya no va a existir esa oprobiosa ley, que la van a anular, y cuando el Gobierno diga eso, se van a acabar estas marchas, ya no va a haber paros y todos volveremos a vivir en paz”, señaló Rafael Ángel Bermúdez Martínez, conocido en Rivas como “Escuelita”.

Ayer en Rivas, se llevó a cabo la primera marcha departamental en rechazo a la construcción del Gran Canal.

La casa de Bermúdez en San Jorge fue el punto de concentración de más de doscientos isleños que, a como pudieron, salieron de Ometepe para participar en la marcha y expresar su rechazo al Canal y a los subproyectos.

Junto con los isleños se congregaron pobladores de San Jorge y fueron los primeros en llegar a la rotonda de Rivas. Luego se sumaron dueños de propiedades de otras comunidades de Potosí, Buenos Aires, Tola y el municipio de Rivas.

La marcha salió a la 1:20 p.m. desde la rotonda. Todo transcurrió en calma, bajo las consignas de “fuera chinos”, “¿Qué quieren los campesinos?” “¡Qué se vayan los chinos!” y “Patria libre o morir”.

Alberto López, de la comunidad de El Panamá, en Tola, dijo que unas veinte familias de esa zona lograron llegar a la marcha para gritar que sus casas y propiedades no están en venta. “Queremos decirle a nuestro presidente que no vamos a vender ni un palmo de tierra y que nos garantice nuestro derecho a trabajar en paz y estamos dispuestos a defender ese derecho”, aseguró.

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Octavio Ortega Arana, dijo que en Rivas hay mucha gente con ansias de participar en las protestas “pero no tenemos recursos para transportarlos, pero a pesar de la presión para que los dueños de vehículos no transporten a la gente, a pesar de la amenaza de una contra marcha, la gente de Rivas está respondiendo que no tiene miedo, y vamos para Managua a un plantón nacional el próximo 10 de diciembre”.

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Agustín Ruiz Condega, llegó desde el municipio de Altagracia, en la Isla de Ometepe. Cubría su cabeza con un enorme sombrero y una cutacha en su cintura. “Aquí estamos presentes los isleños dispuestos a defender nuestra isla, esa tierra que nos vio nacer, para mí es mi segunda madre y vamos a pelear para que no se nos arrebate nuestra tierrita y que no se nos siga ultrajando”, dijo.

Comentó que andaba su machete en la cintura porque esa es la herramienta de trabajo del campesino. “Es igual como un secretario que camina con su lapicero, nosotros no usamos el machete para violencia, sino que es un símbolo de nuestro trabajo”, dijo.

Ronald Iván Enríquez, de Tolesmayda, hizo el llamado al Gobierno para que derogue la Ley 840 y lo instó a que si quiere “el desarrollo de los campesinos que nos dé financiamiento para trabajar la tierra, ese sería un verdadero desarrollo para los hombres y mujeres del campo, y no que nos vengan a sacar de nuestras propiedades”.

UNA MONSTRUOSIDAD

El escritor, poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, calificó el proyecto canalero como una “monstruosidad”, en un artículo publicado el 1 de noviembre recién pasado en LA PRENSA.

“El presidente Daniel Ortega con el poder omnímodo que él y su mujer tienen sobre este país, hizo que el Congreso Nacional aprobara en un solo día la creación de una ley para la construcción de un Canal Interoceánico. Esta ley no fue consultada en absoluto con la población. Al día siguiente de aprobada la ley fue otorgada una concesión con rapidez vertiginosa, a pesar de que afectará a Nicaragua por más de cien años, y la concesión fue hecha a un chino hasta entonces desconocido de nombre Wang Jing. La concesión solo otorga derechos a Wang Jing pero no le impone ninguna obligación”.

Retomando los numerosos cuestionamientos ambientales, sociales y legales en contra del Canal Interoceánico, por los impactos que causaría al Lago Cocibolca, a las poblaciones y a las propiedades, Cardenal refiere que “acabar con el Lago de Nicaragua sería el crimen más grande de la historia de nuestro país, y Ortega pasaría a ser una figura más abominable que William Walker”.

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