Los dos principales partidos liberales que existen en Nicaragua han vuelto a fracasar en su intento de unificarse en un solo partido, o al menos establecer una alianza política firme y duradera. Y van a seguir fracasando cuantas veces intenten unirse, si previamente no reconocen sus errores y debilidades, si no deslindan las responsabilidades de cada quien. Esto es indispensable para que se puedan depurar y volver a ser creíbles ante los ciudadanos.