En un reciente artículo publicado en LA PRENSA escribí que la unidad de las fuerzas opositoras democráticas, es requisito indispensable no solo para derrotar al actual régimen en la ya próxima contienda electoral del 2016, sino y en primer lugar para tener la fuerza política y social necesaria para exigir elecciones libres y verdaderas en Nicaragua. Participar en farsas electorales con el actual Consejo Supremo Electoral sería no ingenuidad política, sino puro zancudismo cómplice y prebendario.