Drones vigilantes

El gobierno de Estados Unidos patrulla ahora casi la mitad de la frontera con México solo con drones, en un cambio mayormente silencioso para controlar tramos desolados donde no hay agentes, torres con cámaras, sensores terrestres o cercas, y planea extender la estrategia a la frontera con Canadá.

Imagen ilustrativa. LA PRENSA/Archivo

El gobierno de Estados Unidos patrulla ahora casi la mitad de la frontera con México solo con drones, en un cambio mayormente silencioso para controlar tramos desolados donde no hay agentes, torres con cámaras, sensores terrestres o cercas, y planea extender la estrategia a la frontera con Canadá.

El avión no tripulado Predator Bs vigila montañas, cañones y ríos con una cámara de vídeo de alta resolución y regresa en tres días para otra observación, según dos funcionarios con conocimiento directo de la estrategia que pidieron no ser identificados, debido a que no se han hecho públicos los detalles de la misma.

Las misiones de frontera despegan desde Sierra Vista, donde está el Centro de Inteligencia Militar de Fort Huachuca, o Corpus Christi, Texas. Patrullan a una altitud de entre 5,800 y 8,500 metros, entre 40 y 96 kilómetros de la frontera. El primer paso es que los responsables de sector de la Patrulla identifiquen zonas propensas a atraer contrabandistas, por lo general lejos de pueblos y carreteras.

Los vídeos son estudiados por analistas en centros de Gran Forks, Dakota del Norte; Riverside, California; y Sierra Vista. Los analistas emplean un sofisticado software para identificar los cambios más pequeños. Quizá el rastro de un ganadero o de unas vacas, tal vez el de unos inmigrantes que entraron en el país de forma ilegal o de un Hummer lleno de drogas, señalaron los funcionarios bajo anonimato. Tras un primer vuelo, los drones regresan una semana después para otra barrida.

El Gobierno ha realizado unos 10,000 vuelos no tripulados dentro de este programa, conocido a nivel interno como “detección de cambios” desde su inicio en marzo de 2013. Los vuelos cubren ahora unos 1,400 kilómetros (900 millas), gran parte en Texas, y se espera que se extienda a la frontera canadiense para finales de 2015.

92 % de las misiones de aviones no tripulados han mostrado un terreno sin cambios, pero los otros plantearon suficientes dudas como para enviar agentes, en ocasiones con helicóptero porque la zona era demasiado remota. Una vez allí, los agentes buscan signos de actividad humana, como huellas, ramas rotas o basura.4 % de las misiones resultaron ser falsas alarmas, como huellas de ganado o ganaderos, y en torno al dos por ciento fueron inconcluyentes. El dos por ciento restante mostró pruebas de acceso ilegal desde México, lo que suele implicar que se colocan sensores en el suelo para hacer un seguimiento más estrecho.

El objetivo es asignar agentes a los lugares donde la actividad ilegal es más alta, dijo R. Gil Kerlikowske, comisionado de Protección de Fronteras y Aduanas, la agencia de la que depende la Patrulla Fronteriza, que gestiona nueve naves de control remoto en todo el país. “Tienes recursos finitos”, explicó en una entrevista. “Si puedes mirar en terreno muy escarpado (y) ves que no hay tráfico, ya sea marcas de ruedas o ropa abandonada o cualquier otra cosa, quieres desplegar tus recursos en donde tengas un riesgo mayor, una amenaza mayor”.

Si el vídeo muestra un terreno sin cambios, el jefe de la Patrulla Fronteriza, Michel Fisher, lo describe como una “prueba de ausencia”, que demuestra que en ese lugar no está ocurriendo nada ilegal y por lo tanto no son necesarios agentes ni cercas.

La estrategia se lanzó de forma discreta y se expandió mientras el presidente Barack Obama se prepara para emitir una orden ejecutiva a final de este año, para reducir las deportaciones de inmigrantes ilegales y mejorar la seguridad de fronteras.

El republicano Michael McCaul, congresista por Texas que preside el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes, elogió la iniciativa, aunque señaló que todavía hay brechas de vigilancia. “Ya no podemos centrarnos solo en defensas estáticas como cercas y torres (de cámaras)”, dijo.

Desde el 2000, la cifra de agentes de la Patrulla Fronteriza en la frontera entre México y Estados Unidos, de 3,145 kilómetros, se ha incrementado a más del doble para superar los 18,000 y la colocación de cercas aumentó nueve veces a 1,126 km.

119 especies exóticas invasoras existen en Chile, según un estudio de la Universidad de Chile. De estas, 27 son una amenaza para la biodiversidad del país: avispa chaqueta amarilla, dydimo (o moco de roca), visón, castor, espinillo alemán, el ciervo rojo o el jabalí, entre otras.

Los defensores de la privacidad han expresado su preocupación por los drones desde que se les introdujo en las fronteras en 2006, señalando que existe la posibilidad de que se vigile a gente inocente bajo ninguna sospecha.

Lothar Eckardt, director ejecutivo de la agencia nacional de operaciones de seguridad aérea, dijo que los ciudadanos cumplidores de la ley no tienen nada de qué preocuparse, y que las cámaras no pueden capturar detalles como matrículas o rostros.

Una mañana de septiembre, Eckardt vio cómo un drone avanzaba por la pista en Sierra Vista, despegaba con un zumbido y desaparecía sobre una cadena montañosa en el cielo azul de Arizona. Una docena de pantallas colgaban de la pared del tráiler, mostrando información del tiempo, los mapas e imágenes en tiempo real de la tierra.

Eckardt señaló que no hay ninguna fórmula mágica de la seguridad de fronteras, pero que emplear aviones no tripulados en zonas muy remotas forma parte de un esfuerzo más amplio. Si no hay nada en esos lugares, señaló, “no malgastaremos personal allí. Centremos nuestros esfuerzos en otro lugar, donde hagan falta”.

Los ciervos rojos, una de las 27 especies que son una amenaza para la biodiversidad en Chile.

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