Contrario a lo que ocurre en casi todas las áreas protegidas del país, que son sometidas a una inmisericorde depredación, desde Bosawas hasta la Reserva Río Indio Maíz, pasando por el Cosigüina, el volcán Mombacho sigue incólume y es un ejemplo de que la conservación es a la larga más rentable que la depredación.
Esto es en gran medida debido a la Fundación Cocibolca, que desde hace quince años se encarga de mantener el área de la reserva, a la presencia de las autoridades como el Marena y a la cercanía con las zonas pobladas que permiten el acceso de las autoridades.
El Mombacho no ha sido convertido en leña también por la conciencia ecológica de los propietarios de las fincas cafetaleras o de cacao asentadas en sus laderas, que han sabido combinar la introducción de técnicas agrícolas amigables con el medioambiente y el ecoturismo, que ha ido en ascenso vertiginoso.
La Fundación Cocibolca es la única fundación privada que administra un área protegida, recibiendo a miles de turistas nacionales y extranjeros en la Reserva, y una verdadera romería de estudiantes, que se nutren en sus conocimientos con el contacto directo con una naturaleza, cada vez más escasa en Nicaragua.
En todo el Pacífico nicaragüense quedan únicamente dos nebliselvas tropicales con abundante vegetación y fauna, que pueden ser visitadas por los turistas nacionales y extranjeros. Son dos volcanes extintos: el Mombacho en Granada y el Maderas en la Isla de Ometepe que tienen entre los 1,200 y 1,400 metros de altura. Su naturaleza de volcán apagado desde hace miles de años es lo que ha permitido que su vegetación, alimentada permanentemente por las nubes que aportan la humedad del lago, haya cubierto sus cúspides con un inmenso manto verde.
Me contaba el doctor Jaime Incer, directivo de la Fundación Cocibolca, de una experiencia escalofriante que él vivió hace muchos años cuando escalaba el Mombacho, misma que también casualmente fue también descrita por el célebre periodista, diplomático y arqueólogo norteamericano Ephraim Squier en un libro publicado a mediados del siglo XIX.
Resulta que al llegar al borde del cráter, Incer siguió caminando sobre la copa de los árboles que crecieron en sus empinadas laderas desafiando la gravedad, hasta que se percató que la tierra bajo sus pies estaba “movediza”. Volvió a ver hacia abajo y vio una pequeña casita de la Hacienda El Cráter, fue entonces cuando se percató que estaba caminado peligrosamente sobre la copa de los árboles.
Según el doctor Raúl Lacayo, presidente de la Fundación Cocibolca, entre los principales logros “está el haber permitido durante estos últimos quince años el acceso a ver, sentir y experimentar la naturaleza en Nicaragua a miles de visitantes ávidos de ese contacto cercano y cada vez menos frecuente”.
“La Reserva ubicada en la cima del Mombacho, administrada por la Fundación, ha confirmado de manera tangible, que proteger y preservar la biodiversidad no solo es una meta deseable, sino que es posible y también es rentable del punto de vista ambiental, porque la naturaleza es fuente de riqueza, no solo espiritual, sino también material. La naturaleza puede ser fuente de ingresos para todos los que sepan aprovecharla de una manera sostenible”, agrega.
Una asociación de todos los propietarios de fincas en las laderas del Mombacho se ha constituido recientemente como un grupo de apoyo a la Fundación, para ampliar la sostenibilidad económica y ambiental del Mombacho, así como regiones circunvecinas, incluyendo la zona de amortiguamiento y eventualmente, el corredor biológico Apoyo, Mombacho Zapatera (AMZ).
Todo este magnífico y loable esfuerzo de conservación, no hubiera sido posible sin el oportuno apoyo del AID, la Cooperación de Luxemburgo y la Cooperación Británica, que en diferentes momentos con sus proyectos, ayudaron a hacer los senderos que hoy permiten a los turistas descubrir los secretos del volcán Mombacho, que a través de los siglos permanecen incólumes.
El reciente Festival de Aves que tuvo lugar en Granada y que tuvo como destino diferentes fincas ecoturísticas ubicadas en el corredor Apoyo, Mombacho, Zapatera, es un ejemplo de lo que se puede lograr a nivel internacional mediante la conservación y protección de las áreas protegidas.
El autor es diputado, Presidente de la Comisión de Turismo y miembro fundador del Consejo Directivo de la Fundación Cocibolca
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A
