Aunque logran subsistir y dar atención a 65 viejitos, en el Hogar de Ancianos San Vicente de Paul, en Jinotega, hay muchas necesidades por cubrir.
El personal que cuida a estos ancianos es reducido, son veinte trabajadores y el asilo se ha mantenido y mejorado por las donaciones de cinco donantes permanentes y varios donantes voluntarios.
Blanca Nubia Ruiz, directora del hogar de ancianos desde hace ocho años, explicó que si no tuvieran la cooperación de los donantes no podrían mantener a los viejitos.
Para Ruiz, el mayor problema que tienen es pagar el servicio de electricidad, que mensualmente es de cinco mil córdobas. El menú de los ancianitos podría ser mejor si no se invirtiera esa cantidad en el pago de energía.
Exceptuando los días en que los donantes llevan carne, los ancianitos comen frijoles y arroz.
La mayoría de los ancianos son abandonados por sus familias, de los 65 que hay solo tres son visitados por familiares que también apoyan al hogar de ancianos.
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