Por qué las Naciones fracasan

La discusión sobre institucionalidad en Nicaragua es materia sensible, y hay quienes prefieren evitarla. La teoría económica insiste sin embargo, en su centralidad para el desarrollo.

La discusión sobre institucionalidad en Nicaragua es materia sensible, y hay quienes prefieren evitarla. La teoría económica insiste sin embargo, en su centralidad para el desarrollo. Daron Acemoglu y James Robinson la abordan desde un nuevo ángulo en un libro reciente titulado Por qué las Naciones Fracasan . De ese análisis se desprende que en Nicaragua podríamos tener doble desafío estratégicamente, fortalecer la institucionalidad, pero además, hacerla incluyente.

Típicamente el sector privado ha abogado por reglas del juego estables que den confianza a los negocios, y sean aplicadas a todos por igual. Para el Foro Económico Mundial, la Competitividad es “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”. Así, se indicaría que el desarrollo de un país tiene mucho que ver con la calidad de sus instituciones y si son efectivas, eficientes y equitativas en su funcionamiento apegadas a derecho.

En Nicaragua las instituciones históricamente no obstante, han estado guiadas por lo que en teoría organizacional se conoce como comportamiento emergente, y no burocrático. De hecho hemos oscilado, a veces el péndulo se mueve en una dirección, otras veces, en dirección contraria. Entre más prime el comportamiento emergente, es decir, el sello personal o la discrecionalidad de la persona de poder, más es un comportamiento emergente, y alejado del comportamiento burocrático, que estaría más apegado a derecho.

Además más de fondo, obviamente tenemos una sociedad con altos niveles de desigualdad que solo se explica, porque las reglas del juego y por ende la institucionalidad han estado más a favor de unos que de otros por periodos prolongados de tiempo. Acemoglu y Robinson lo explicarían así en su modelo teórico, al argumentar que son las instituciones políticas y económicas construidas por cada sociedad, las que determinan su éxito o fracaso económico, y lo demuestran analizando distintas experiencias. Los autores enfatizan la diferencia entre institucionalidades incluyentes, comparadas con las extractivas excluyentes, para explicar resultados de desarrollo muy distintos históricamente.

Sobre América Latina argumentan, que el autoritarismo jerárquico de nuestros nativos, facilitó a los colonizadores establecer instituciones extractivas excluyentes que favorecieron a las élites, pero no a las grandes mayorías. En cambio la sociedad norteamericana, donde no se encontraron estructuras jerárquicas autoritarias para ser controladas, desde sus inicios acordaron incentivos, premiaron la innovación y crearon estructuras incluyentes que explican las amplias oportunidades económicas de hoy en día.

Así argumentan que Gran Bretaña y Estados Unidos se hicieron ricos, porque sus ciudadanos derrocaron a las élites excluyentes que controlaban el poder, crearon sociedades con derechos más ampliamente distribuidos, había rendición de cuentas y las instituciones respondían a los ciudadanos y las grandes masas de personas que podían beneficiarse de las oportunidades económicas. En contraste, la experiencia de Corea del Norte y del Sur es explorada, para mostrar las diferencias y resultados distintos, así como comparan Nogales en Méjico, con Nogales en Estados Unidos. En ambos casos, la diferencia de resultados se debe a diferencias institucionales y de incentivos. Si bien el análisis es simplificador, no por eso es menos revelador.

La creación de una institucionalidad que funcione para todos, desafía a América Latina que batalla con un legado colonial histórico, donde las diferencias de ingresos de relaciones excluyentes, nos han llevado a períodos de confrontación, y a la incapacidad para construir modelos incluyentes que solo parecen emerger muy lentamente, o luego de grandes convulsiones sociales.

Requerimos transitar hacia una institucionalidad económica y política incluyente de forma deliberada a la vez que se fortalece esa institucionalidad. Esa es la conclusión que se extraería de este análisis. Esta labor, toca trabajarla a todos. El empoderamiento de sectores amplios de la sociedad, la libertad de pensamiento y de medios, y la rendición de cuentas, son centrales al proceso. Este es un tema al que le debemos dar su debida importancia, y es probablemente el elemento político más crítico del desarrollo hacia futuro, e independiente de izquierdas o derechas siquiera, pareciera ser de sentido común para un futuro más armonioso y estable a largo plazo.

El autor es doctor en Economía

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