El Real Estelí ya no tiene el perfil de un rey. El Diriangén fue el dueño del partido, pero la justicia en el deporte se tapó con el manto de la ceguera. El clásico nacional del futbol en semifinales volvió por su brillo y lo obtuvo. El resultado 2-2 es el veredicto de un juego en el que ambos equipos midieron cuál corazón era más grande, cuál sangre era más ardiente y qué cerebro era más inteligente.
Los muchachos diriambinos creyeron las palabras de aliento del entrenador y, durante 90 minutos, parecían un nuevo equipo. Los Caciques demostraron el arte del débil, la efectividad en medio de la escasez y la maximización de fortaleza por medio de un rival exigente. El equipo histórico del país prefería una tumba en casa que morir de visitantes y hasta el minuto 86 todavía lo estaban logrando, mientras derrotaban 2-1 al Real Estelí, olvidado del juego en conjunto con exactitudes y aprovechamientos del oponente.
Cuando todo indicaba que el Diriangén se aproximaba a abrir el marcador, una jugada de Juan Barrera al minuto 34 terminó en pase para Carlos Chavarría, el joven que representa la nueva generación del Real Estelí, quien envió el balón al fondo de las redes tras un derechazo mortífero. Sin embargo, un minuto después el mediocampista José Carballo remató un mal despeje de Eduardo Praes, defensor del Tren del Norte e igualó el duelo.
En cada momento el Real Estelí parecía que sucumbiría y recibiría un gol, eso ocurrió al minuto 54 con el disparo fortísimo de Luis Peralta a la esquina del portero Justo Lorente. Las gradas estaban estremecidas, era como un manicomio, el que fue silenciado con el gol de cabeza del defensor brasileño Praes, a tres minutos que terminara el tiempo reglamentario.
Un clásico que urgía de goles mostró la faceta humana del Real Estelí, con problemas para asentarse en el campo. A pesar de ello tienen la ventaja al anotar dos goles de visita en la ida de la semifinal del Torneo Apertura.
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