Apartir de las últimas presentaciones de la ruta final del Canal Interoceánico, tengo la impresión que aún no se han realizado las suficientes investigaciones de campo y de gabinete para optimizar el alineamiento del señalado canal. Después de una revisión de los planos topográficos, preparados por Ineter a escala 1:50,000, que contienen el área del proyecto y están disponibles en internet; considero que, sin alterar la ruta 4 desde el Cocibolca hasta el Atlántico, el canal podría levantarse unos 45 metros por encima del lago en una longitud aproximada de 70 kilómetros, con lo cual, a pesar de requerirse obras adicionales para la operación del sistema, el ahorro, por las excavaciones en roca, sería tan significativo que valdría la pena considerar dicha opción.
Subir el canal por encima del lago, sin incurrir, para su llenado inicial y operación anual, en bombeos costosos, implicaría suministrar el agua por gravedad, desde tres embalses interconectados entre sí y elevados a la cota de 115 metros sobre el nivel del mar, construidos mediante presas ubicadas en los sitios: Aguas Calientes, cerro El Gallo y la isla Piedra Fina, correspondientes a los ríos: Mico, Rama y Plata, respectivamente. El Canal Interoceánico —sin requerir agua del Cocibolca— sería alimentado, desde el embalse del río Plata, por un canal secundario de 32 kilómetros, localizado, en parte, sobre el curso del caño Jobo afluente del Plata, cruzaría por túnel y/o canal abierto hacia la parte alta del río Pijibaye y de este por canal abierto sobre el Caño Santo Domingo, hacia el Canal Interoceánico, en la cota de 75 metros.
Asumiendo que cruzarían 7 mil buques anuales, primero, el Canal Interoceánico, para su operación, requeriría 47 m3/segundo, con los cuales se diseñaría la capacidad del canal secundario; y segundo, con este caudal y el aporte de la cuenca del río Punta Gorda, se llenarían, durante doce meses consecutivos, el Gran Canal y el lago Atlanta.
Adicionalmente, la producción de agua, en los embalses Plata, Rama y Mico, supera dos veces la demanda del gran canal, por tanto, los excedentes de agua se aprovecharían para generar hidroelectricidad en una planta a pie de presa en el río Rama. Similarmente, el canal secundario, según la topografía del terreno, produciría energía adicional, en otra planta más pequeña, previo a la entrega del agua en el río Pejibaye. La generación señalada podría utilizarse en la operación de todas las obras del megaproyecto.
Por otra parte, si el canal, al salir por el río Tule, en lugar de cruzar el lago y contaminarlo con su excavación, se reorientara por la costa sureste, para que pase frente a San Carlos hasta el río Las Lajas, para luego cruzar hacia el Pacífico, entonces el canal discurriría totalmente en tierra, confinado en ambos costados por diques conformados con su misma excavación y, aunque requeriría de obras hidráulicas (tipo sifón con compuertas), para evacuar las crecidas y mantener navegable al río San Juan, se evitaría la construcción de una costosa presa reguladora en el sitio San Isidro.
En la versión anterior, se incrementaría la longitud del canal, pero podrían retomarse los subproyectos: canal seco y oleoducto, los cuales, aumentarían los beneficios del megaproyecto, y, aunque habría incremento de costos, estos subproyectos se ahorrarían el costo del derecho de vía y el movimiento de tierra, ya que los trenes, las tuberías y las carreteras para el mantenimiento, viajarían sobre los diques que confinarían el canal.
En resumen, aunque no estoy convencido de la rentabilidad del proyecto, pues ni se conocen el origen e intereses del financiamiento, podría parecer pretencioso que el suscrito sugiera opciones de cambio a la dizque-definitiva ruta china, no obstante, debo aclarar, que las propuestas antes vertidas, no se venden ni se compran como conclusivas, pero, aunque deberían estudiarse por preservar el lago para otros usos, intentan motivar a los responsables del estudio de factibilidad, para que agoten esfuerzos técnicos, de campo y de gabinete, con el propósito de minimizar los costos y maximizar los beneficios de la megaobra, sin provocar con ello, daños irremediables al medioambiente y al lago Cocibolca en particular. El autor es ingeniero civil e hidráulico
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