Basta ver a un niño agitado o con ganas de hacer mucha actividad física para inmediatamente sospechar del azúcar como la causa de esa hiperactividad. ¿Es ese un hecho o un mito asociado a ese nutriente?
Las investigaciones abundan en las bibliotecas y en internet, sin embargo, aquellas con base científica demuestran que no hay evidencia alguna para asociar el dulce a esa condición. Las causas se mantienen desde 1995 cuando iniciaron los estudios: la hiperactividad se asocia más a genes familiares o algún desbalance hormonal.
Investigadores de la Universidad de Los Ángeles, California, encontraron que los genes de uno de los padres fomentaba mucho más esa condición que algún alimento. Los investigadores incluso señalan en sus conclusiones la “urgencia de desmitificar al azúcar como el responsable de esa condición”.
En esa misma línea avanzaron los responsables de otro estudio desarrollado por el Instituto Estadounidense de Salud Mental. Los resultados fueron claros: no se pudo mostrar que el azúcar afecta la conducta o el desempeño cognitivo.
Si usted sospecha que su hijo sufre de hiperactividad, el primer paso es que un especialista certificado lo diagnostique. “Esta es una consulta frecuente de los padres de familia y afortunadamente se da, ya que la automedicación es el peor error”, explica Enrique Medina, médico pediatra endocrinólogo.
El experto sugiere apegarse al tratamiento prescrito y realizar actividad física, la cual es “la medicina más barata”.
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