El presidente Enrique Peña Nieto cumplió ayer dos años en el poder con una caída en su popularidad y en medio de uno de los mayores desafíos de su administración, tras la desaparición de 43 estudiantes normalistas, el 26 de septiembre, que mostró la corrupción y los vínculos de algunos políticos con el narcotráfico y que ha desatado crecientes protestas sociales.
El caso ha desatado indignación y provocado protestas crecientes contra las autoridades. Las últimas manifestaciones se realizaron ayer, incluida una marcha en la ciudad de México, encabezada por los padres de los estudiantes. En Chilpancingo, capital del Estado de Guerrero, maestros afiliados al sindicato local magisterial y jóvenes quemaron algunos vehículos —incluida una patrulla— y rompieron vidrios del edificio principal de la Fiscalía estatal.
Un estudio de opinión del diario Reforma, realizado del 20 al 23 de noviembre, señaló que la aprobación de Peña Nieto cayó 11 puntos porcentuales desde su última medición en agosto, para ubicarse en 39 por ciento, contra un 58 por ciento que desaprueba su desempeño.
Una encuesta de la empresa Buendía&Laredo, realizada entre el 8 y 12 de noviembre, para el diario El Universal, señaló que la aprobación cayó cuatro puntos desde agosto a 41 por ciento, mientras un 50 por ciento opina de manera negativa sobre su gestión.
En un intento de enfrentar esa indignación, el presidente divulgó la semana pasada un plan anticrimen que incluye propuestas para desaparecer las policías locales y disolver gobiernos municipales infiltrados por el narcotráfico, pero el anuncio fue recibido con escepticismo y críticas por tratarse varias de propuestas ya hechas por gobiernos anteriores que no avanzaron.
Ayer, en un acto público en el Estado de Chiapas, el gobernante dijo que le queda mucho por hacer y recordó que en lo que va de su administración ha promovido distintas reformas y proyectos para transformar y modernizar el país.
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