Hablemos del fracaso

Normalmente cuando hablamos sobre emprendimiento se nos vienen a la mente innumerables casos de éxito en donde una o más personas iniciaron un camino largo y de muchos sacrificios personales y familiares, pero que al final dio frutos y ahora son reconocidos como grandes líderes y figuras influyentes en el ecosistema empresarial.

Normalmente cuando hablamos sobre emprendimiento se nos vienen a la mente innumerables casos de éxito en donde una o más personas iniciaron un camino largo y de muchos sacrificios personales y familiares, pero que al final dio frutos y ahora son reconocidos como grandes líderes y figuras influyentes en el ecosistema empresarial.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en todos aquellos casos de personas que pretendieron llevar a la realidad alguna idea de negocio, pero que nunca llegó a buen puerto. El fracaso es algo que está prohibido en nuestra sociedad. El fracaso se castiga mucho en el mundo del emprendimiento y mucho más en países en subdesarrollo. Un banco no quiere financiar a alguien que falló anteriormente, son pocos los arriesgados a asociarse con una persona que no puede demostrar éxito intachable y el fracaso en general es visto como una señal de debilidad y poca inteligencia.

Lo irónico es que para evitarlo hay que primero entenderlo y dominarlo. Pensemos en todas esas decisiones en el mundo de los negocios las cuales nos pueden llevar al temible fracaso.

Cuando una persona decide emprender, debe tener muy claro sus objetivos y motivaciones. Es común escuchar a personas que quieren emprender por no soportar a su jefe o no querer trabajar más de ocho horas al día, ¡grave error! Emprender implica muchos sacrificios y el primero de ellos será tu tiempo. Se estima que un emprendedor en los tres primeros años de su negocio trabaja hasta un 40 por ciento más que un oficinista, así que si esta es tu motivación piénsalo dos veces.

Otra gran fuente de fracasos se da al momento de seleccionar los socios para la empresa. Los socios deben seleccionarse bajo criterios bien definidos y siempre debe de existir una base firme de confianza y buena comunicación entre los socios. Un buen socio puede ser clave para que la empresa salga adelante pero un mal socio es una razón segura para el fracaso. Al momento de seleccionar un socio hágalo pensando en qué aportará esta persona en el corto y largo plazo y si usted le tiene confianza y es capaz de trabajar junto a ella persiguiendo un objetivo común. Los socios son importantes; pero no indispensables. La frase “más vale solo que mal acompañado” nunca tuvo mayor sentido.

Otra razón por la cual muchas nuevas empresas fracasan es por la misma idea de negocio. Es común escuchar a emprendedores defendiendo a capa y espada sus ideas, tratando de minimizar o no dar importancia a los consejos y críticas de familiares, amigos e incluso potenciales clientes. El emprendedor muchas veces comete el error de enamorarse de su idea y en lanzarla al mercado a pesar de las advertencias. El éxito no se logra llevando una idea al mercado, se lograr cuando el mercado reconoce, valora y esté dispuesto a pagar por ella. Hay que probar el mercado y verificar si existe una masa crítica de personas que estén dispuestas a pagar por nuestro producto o servicio. Para esto se puede desde realizar un estudio de mercados a base de encuestas hasta crear prototipos o versiones de prueba de nuestro producto, ofrecer nuestro servicio a un número limitado de potenciales clientes para obtener su retroalimentación. Recuerde, no es la idea la importante, sino la necesidad que satisface y el valor que genera en el cliente.

Finalmente cuando una empresa ha consolidado su presencia en el mercado, es hora que el emprendedor se convierta en empresario, delegando las tareas operativas para poder enfocarse en aspectos más estratégicos que le permitan crecer. Delegar no es fácil y menos cuando se está acostumbrado a controlar todos los detalles de la operación de la empresa. Es un ejercicio que debe empezarse de a poco y con actividades que involucren menos riesgo para la empresa. Un emprendedor que no aprende a delegar está condenado al estancamiento.

No temamos pensar en el fracaso, al contrario, visualizarlo nos ayudará a poder afrontarlo cuando se nos presente y tomar mejores decisiones para esquivarlo.

El autor es Máster en Administración de Empresas, UAI, Chile.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: