Guerra a los drones

AJuan José Granados no le preocupa el tiempo perdido. Los varios años dedicados a investigar el uso, construcción, manejo y alcance de drones, se han ido al traste luego de que el Gobierno de Nicaragua, sin debate o explicación alguna, prohibiera el vuelo de todo tipo de drones en Nicaragua a una distancia más allá de los treinta metros de altura. Lo que siente es pesar, un poco de frustración: tantas horas y dinero invertido en estudiar todo sobre los drones para montar una empresa y de pronto, sin ninguna oportunidad de defenderse, le cierran el negocio antes de que literalmente alzara vuelo. Su empresa ya tenía nombre y empezaba a ganar prestigio: Aerial Camp. Hasta un premio por emprendimiento e innovación tecnológica recibió del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, vinculado a la vicepresidencia de la República, por la construcción de drones para fines de fotografía y video a baja altura. Granados, con su proyecto empresarial, se ganó un pequeño fondo del Gobierno para desarrollar su empresa con tecnología de punta y en la foto oficial colgada en el portal de la vicepresidencia, el general retirado Omar Halleslevens sale sonriente entregando el aporte estatal.

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