El papa Francisco denunció ayer, en su mensaje “urbi et orbi” de Navidad, la “persecución brutal” de cristianos en Irak y Siria por el grupo Estado Islámico (EI), así como la violencia contra los niños en medio de “tanta indiferencia”, y expresó su solidaridad con las víctimas del ébola, “especialmente en Liberia, Sierra Leona y Guinea”.
Sin citar al EI, el pontífice reprobó la “persecución brutal” que sufren “nuestros hermanos y hermanas” cristianos “de Irak y Siria” junto con “otros grupos étnicos y religiosos”. “Que la Navidad les traiga esperanza (…) a tantos desplazados y refugiados (…) de aquella región y de todo el mundo” dijo, en su mensaje transmitido por televisiones de todo el mundo.
Saliéndose de su texto, aludió a los “niños masacrados bajo los bombardeos, incluso donde nació el Hijo de Dios”, en Tierra Santa, sin referirse ni a Israel ni a los palestinos por esta violencia. Francisco, quien esta vez no hizo alusión a América Latina, deploró también que en Nigeria “demasiadas personas” sean “retenidas como rehenes o masacradas”.
Condenó asimismo que “tantos niños (sean) víctimas de la violencia, objeto de tráfico ilícito y trata de personas”, aludiendo a los muertos recientemente en un ataque a una escuela de Pakistán, que dejó 149 muertos, 133 de ellos escolares.
Respecto a Ucrania, pidió “vencer el odio y la violencia, y emprender un nuevo camino de fraternidad y reconciliación”.
GRAN POPULARIDAD
El pontífice pasa su segunda Navidad al frente de la Santa Sede con una fuerte popularidad en el mundo entero, incluso entre algunos ateos y miembros de otras religiones.
En la tradicional misa de Gallo, celebrada la noche del miércoles, Francisco instó a los católicos a responder con “ternura” ante las dificultades del mundo. “¡Cuánta necesidad de ternura tiene el mundo de hoy!”, clamó ante los miles de peregrinos y centenar de concelebrantes que asistían a la ceremonia.
“¿Tenemos el coraje de acoger con ternura las situaciones difíciles y los problemas de quien está a nuestro lado, o bien preferimos soluciones impersonales, quizás eficaces pero sin el calor del Evangelio?”, interrogó el papa durante la solemne homilía en la basílica de San Pedro.
En Oriente Medio, la fiesta de Navidad estuvo marcada por la guerra y el éxodo de los cristianos. En Belén, donde según la tradición nació Jesucristo, el clima de tensión ahuyentó a los peregrinos extranjeros.
Esta Navidad es especialmente difícil para los 150.000 cristianos iraquíes desplazados, quienes “viven una trágica situación”, declaró en Bagdad el patriarca caldeo Luis Rafael I Sako. En una larga carta dirigida a los cristianos de Oriente, Francisco les había exhortado el martes a la “perseverancia” pese a las dificultades, y un día después llamó personalmente a algunos de los cristianos refugiados cerca de Erbil, en el Kurdistán iraquí.
«Demasiados niños son víctimas de abusos y explotados, bajo nuestros propios ojos y con nuestro silencio cómplice». Papa Francisco, quien también se refirió a los niños “muertos antes de ver la luz”.
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