La Conferencia Episcopal de Nicaragua escogió las vísperas de Navidad para dar a conocer su Carta Pastoral a las Familias. Es que para la Iglesia católica, como dicen los obispos en este mensaje pastoral: “El modelo excelso de familia es la Sagrada Familia de Nazaret. María es modelo de mujer, de madre y de esposa, un perfecto complemento a su esposo José, quienes por respeto y amor se sometieron a la voluntad de Dios y mutuamente el uno al otro. María es modelo de entrega a Dios. Primero con su ‘Fiat’, su sí, aceptando la maternidad del Redentor, con su adhesión a los planes de Dios y las penurias que esto significó, especialmente al pie de la Cruz, aceptando la maternidad de todos nosotros pecadores y entregando a su Hijo para nuestra salvación. San José es modelo de padre y de esposo en obediencia a Dios y entrega fiel a la Virgen María. Él sobrepuso a sus temores humanos la sumisión a los planes de Dios Padre, preservando la pureza de María y cumpliendo fervientemente su misión de custodio de la Sagrada Familia. Él fue tutor y formador del joven Jesús con amorosa autoridad moral y espiritual. Jesús, aun siendo Dios, como hijo ejemplar, se sometió a sus padres, honrándolos y obedeciéndoles. Aprendió de ellos a orar, así como otras actividades y conocimientos que como ser humano también poseía en su persona (cf. Lc 2, 51)”.
Sin embargo, aunque el sentido de la Carta Pastoral a las Familias es sustancialmente religioso, como tiene que ser, la mirada y el mensaje de los obispos abarcan los aspectos más sensibles de la problemática social que afecta en nuestros días a las familias nicaragüenses. En este sentido, un concepto medular de este mensaje de la Conferencia Episcopal es, a nuestro juicio, el señalamiento magisterial de que “la familia es la célula base de toda sociedad y primera comunidad de vida y de amor, formadora de personas y educadora en la fe. Precede al Estado y a cualquier otra forma de organización, haciendo a menudo mejor lo que tratan de hacer otras instituciones. La familia no debe delegar ni ceder al Estado sus derechos inalienables y sus responsabilidades. Al contrario, mediante procesos democráticos de participación debe hacer que el Estado reconozca su autonomía, sus derechos y su valor como inigualable formadora de ciudadanos”.
Aunque se debe leer entre líneas el mensaje episcopal, es clara la referencia a la preocupación de la comunidad católica por la intromisión del Gobierno en la vida interior de las familias de Nicaragua, por medio de los Gabinetes de la Familia, que son instrumentos políticos para intentar el control del Estado sobre las familias, solapado con el pretexto de movilizar a los grupos familiares en el cumplimiento de programas gubernamentales y partidistas de interés y beneficio social.
Los obispos denuncian categóricamente a las fuerzas malignas (relativismo, hedonismo, consumismo, mentalidad antivida, ideología de género, entre otras) que quieren desviar a la familia de sus principios. “¡Basta ya! a toda acción o situación que dañe a las familias!”, claman los obispos y su clamor debe calar en la conciencia de todos los católicos, no debe ser una prédica en el desierto.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A