El retroceso del Ejército

En el año 2014 el presidente inconstitucional de Nicaragua, Daniel Ortega, terminó de consolidar e institucionalizar su dictadura. Una dictadura que básicamente es la misma de los años ochenta del siglo pasado, y que la dictadura somocista, nada más que con formas y procedimientos distintos. Porque en el fondo todas las dictaduras son iguales, se basan en la negación de la libertad y la democracia aunque algunas de ellas se encubran con algunas formalidades democráticas.

La muestra principal del avance y la consolidación institucional de la dictadura durante este año, ha sido la culminación legal de la toma del Ejército por parte de Daniel Ortega, que comenzó de hecho el 10 de enero de 2007 —cuando tomó posesión de la presidencia de Nicaragua por segunda vez— y culminó de “derecho” el 11 de febrero de 2014, al entrar en vigencia la reforma del Código Militar que rompió el mecanismo de rotación en el alto mando del Ejército, dejándolo sometido a la voluntad y el capricho autocrático de Daniel Ortega.

El Ejército de Nicaragua, que durante el período de gobiernos democráticos de 1990 a 2006 adoptó ese nombre oficial, en sustitución de la denominación partidista de Ejército Popular Sandinista que tenía en los años ochenta, ha vuelto a ser de hecho y para todos los efectos políticos y prácticos una fuerza armada partidista. Peor todavía, el Ejército se ha degradado a la condición de fuerza militar al servicio particular del autócrata Daniel Ortega, ni más ni menos que como eran las guardias pretorianas de la antigua Roma imperial.

Por algún residuo de pudor, en la reforma constitucional que Daniel Ortega hizo aprobar en este año se mantuvo el nombre oficial de Ejército de Nicaragua. Por alguna razón que no conocemos no tuvo el valor de restituirle la denominación de ejército sandinista. Y los operadores políticos de Ortega en la Asamblea Nacional tampoco se atrevieron a cambiarle el nombre y llamarlo ejército orteguista. Pero de todas maneras, aquel Ejército que desde 1990 y con mayor entusiasmo entre 1994 y 2006 impulsó su institucionalización y profesionalización, que arrancó de sus charreteras la insignia partidista del Frente Sandinista y se proclamó orgullosamente como institución armada de Nicaragua, al servicio de todos los nicaragüenses, ahora ha vuelto a ser una agrupación armada partidista y más que todo orteguista.

Precisamente en este mes de diciembre, exactamente el martes 16, la bandera del partido FSLN fue hecha lucir ostentosamente junto al pabellón nacional, en la decimonovena graduación de cadetes realizada en la Comandancia General del Ejército y presidida por el mismo Daniel Ortega. Fue una manifestación de los altos mandos militares y del dictador Ortega de desprecio a la Constitución, la cual, en su artículo 93 sigue diciendo que el Ejército es de Nicaragua y que es una fuerza armada nacional, profesional, apartidista y apolítica.

En cualquier Estado democrático, por muy defectuosa que sea la democracia, es inconcebible que la bandera del partido que está en el poder figure en los actos oficiales de Estado al lado de la enseña nacional. Eso no ocurría ni siquiera en tiempos de las dictaduras militares tradicionales. Eso solo ocurre con dictaduras totalitarias que se fundan en la confusión Estado-Partido-Ejército, como fue en Nicaragua en los años 80 y ha vuelto a ser ahora.

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