En el tercer lugar el Bóer vive en una prisión. Aunque el deporte es la encarnación de lo imposible, los capitalinos están sin dirección en la ofensiva. Ahora se han convertido en una sombra gris que se arrastra detrás de la luz. Su mánager, Javier Colina, no se imaginó estar hundido en el fango, sin José Campusano y Ozzie Chávez. Colina quisiera entrar al terreno y jugar. No puede. Y espera que la parábola de la vida del equipo termine en campeonato.
En el dogout, mientras el equipo necesita un impulso en el bateo, Campusano y Chávez están sentados. Ambos se miran con ansias de ser los héroes, pero su condición física se los impide. José Campusano se recupera de una lesión cerca de su costilla derecha, mientras que Chávez le dirá adiós a la liga, porque su problema en la ingle necesita 20 días de reposo completo, según indicó Colina.
“Es un poco complicado lo que vivimos, perdimos a dos figuras claves que juegan en el medio, y ahora tengo a Javier Robles y Kenny Alegría, no puedo menospreciarlos, ellos serán el futuro, pero cuando tu enfrentas a un equipo como Rivas y Chinandega se necesita experiencia. Las cosas ahorita se nos escapan de las manos porque son lesiones, pero no le tengo miedo al fracaso”, aseguró Colina, quien a sus 35 años muestra respeto y dominio sobre su equipo.
Colina ve el mundo desde una forma racional, donde la única manera que su equipo sea campeón es tendiendo un puente entre los sueños de los dirigentes. “Es difícil hacer un pronóstico favorable cuando hay un desbalance en la etapa cumbre por falta de figuras en el equipo, pero la meta es la misma, levantar el título”, consideró el venezolano.
Así como el arqueólogo reconstruye sobre las reliquias fosilizadas toda una civilización, es una obra de escultor levantar al indio caído. “Te puedo asegurar que el ánimo de mis jugadores está en pie y esperamos que con los refuerzos el equipo cambie. Queremos a Jimmy González y otro bateador”, apuntó.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B
