Como en una ciudad olvidada, solo deambulaban los perros rascando la basura rezagada en los rincones y una que otra silueta se asomaba entre los callejones. Este primero de enero el populoso Mercado Oriental estuvo cerrado.
Aquella ciudadela de 126 manzanas en la que se vende desde un alfiler hasta llantas de camión, pasando por comidas, ropa y electrodomésticos, se paraliza un día. El primer día del año en el que la mayoría de los comerciantes decide darse un merecido descanso. Solo entonces se pueden ver despejadas sus calles y andenes, que normalmente están saturados de vendedores y compradores, que se han calculado hasta en tres millones. El hormiguero se calma.
Únicamente los vigilantes privados y algunos comerciantes trabajaron este jueves. María Martínez empezó a despachar pollo a las 7:00 de la mañana en la zona sur del Gancho de Caminos. “La gente siempre se levanta buscando qué comer, así que aquí vamos a estar hasta que venga el último cliente, hasta vender el último pollo”, comentó la mujer que cortaba y pesaba con destreza el pollo congelado en bolsa.
Escarleth Lira también sacó su venta. Salió temprano con su carretón de frutas y verduras y se puso en la zona a cazar los pocos clientes que pasaban. “La comida siempre se vende, y nosotros tenemos que colocar este producto porque es perecedero. Si se marchita, ya vale menos o lo perdemos”. Ambas vendedoras afirmaron que a pesar de ser un día feriado mantuvieron los precios regulares de sus productos, y que solo esperaban terminar de recuperar la inversión de diciembre.
Solo la zona de abarrotes y perecederos estuvo relativamente activa en comparación con el resto del mercado que a partir de hoy volverá a su agitado ritmo.
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