Se está a la expectativa de un nuevo año, temporada donde se busca emprender planes y proyectos que no se habían logrado concretizar en el pasado, una época donde se reflexiona en los errores y fracasos cometidos, y los cuales no se está dispuesto a repetir. Se estrena un año, y lo que más se anhela es estrenar una nueva oportunidad de vida, para alcanzar lo que hasta el momento no se ha conquistado.
Pero, amados hermanos, ¿cómo conseguir que el Año Nuevo se convierta en una oportunidad diferente a la pasada? Pues comúnmente enero es un mes de planificación, pero al final todo se queda en deseos, y pocas cosas cambian, se termina siendo los mismos, haciendo lo mismo y en el mismo lugar. De manera que al finalizar cada año se siente que se está lejos de lo que uno desea convertirse.
Lo cierto es que para conquistar un nivel de vida diferente al que posiblemente se está estancado, no solo se necesita la oportunidad de emprender un nuevo año; lo que en verdad es relevante es revestirse de un vestido nuevo. Esa es la verdad que se ignora, más que un enero, lo que el ser humano necesita es un atuendo nuevo.
El Señor Jesucristo lo dijo: “Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de género nuevo, porque la tela nueva encoge, tira la tela vieja, y se hace más grande la rotura”. Marcos 2:21. No se puede generar un cambio, enmendando a medias nuestra vida, queriendo aprovechar un nuevo año para aplicar nuevos esfuerzos y salir adelante, pero manteniendo en nuestro estilo de vida las viejas costumbres que nos mantienen en una posición que no nos satisface.
No se puede pretender que este año la situación familiar mejore, si sigue usando el traje del egoísmo y el orgullo en el matrimonio, queriendo estabilidad, pero no está dispuesto a invertir en un traje nuevo de entrega, humildad y perdón. Si anhela renovar la relación con los hijos, debe botar el armario de ropa que está sucia de indiferencia, violencia e incomprensión y usar el traje del amor incondicional.
¿Necesita un cambio en el trabajo? A manera de urgencia cambie el traje completo de la pereza, negligencia, el conformismo, por el nuevo vestido de la excelencia, superación y disposición por hacer las cosas cada día mejor. Lo mismo ocurre con la comunidad, ¿necesita cambiar el trato y la manera en la que se dan las relaciones con los amigos y vecinos? Cambie su viejo atuendo por uno nuevo, que tenga una decoración de actitud de servicio, generosidad, donde la gente sienta que puede contar con usted.
Todo esto es posible si entregamos este nuevo año al Señor Jesús, con la convicción que Él hará todo nuevo en nuestras vidas, porque en primer lugar hemos querido renunciar al vestido viejo y sucio que nos ataba a nuestra vieja forma de lucir la vida, para vestir nuestra alma con el traje del Espíritu Santo, quien nos abrirá los ojos y permitirá que con un vestido nuevo emprendamos un camino por la vía correcta en Cristo Jesús.
De esta manera nada nos ancla al pasado y a aquellas cosas que alguna vez estuvieron presentes en nuestra existencia, porque hoy ya no son parte de nuestro vestuario, puesto que habremos sido revestido con el traje de la Gracia de Jesucristo, quien nos da paz, verdad y una vida nueva. ¡Haz la prueba y verás qué bueno es Él!
El autor es presidente Asociación Cristiana Jesús está Vivo.