China afianza su ambiciosa apuesta por Latinoamérica

Pekín acoge desde este jueves 8 de enero, el I Foro Ministerial China-CELAC, casi una cumbre entre la segunda economía mundial y Latinoamérica, con el que la potencia asiática quiere confirmar su fuerte interés estratégico en esa región, algo que inquieta especialmente a EE.UU.

Pekín acoge desde este jueves 8 de enero, el I Foro Ministerial China-CELAC, casi una cumbre entre la segunda economía mundial y Latinoamérica, con el que la potencia asiática quiere confirmar su fuerte interés estratégico en esa región, algo que inquieta especialmente a EE.UU.

A la inauguración, en el simbólico escenario del Gran Palacio del Pueblo, un lugar muy raramente dedicado a eventos multinacionales, asistirán los presidentes de China, Xi Jinping; Ecuador, Rafael Correa; Venezuela, Nicolás Maduro; y Costa Rica, Luis Guillermo Solís, más una veintena de cancilleres, además de otros altos cargos.

Entre los asistentes hay incluso representantes de países que aún no tienen lazos diplomáticos oficiales con China al mantenerlos con Taiwán, tales como Paraguay o muchas de las naciones centroamericanas.

El foro, propuesto el pasado año en la cumbre que Xi, varios líderes de la CELAC (siglas de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y la presidenta brasileña Dilma Roussef mantuvieron en Brasilia, institucionalizará lazos permanentes entre Pekín y Latinoamérica.

Tras años de acercamiento entre China y los países americanos de modo individual, en forma de inversión, comercio y ayuda al desarrollo, Pekín ha decidido tomar a la región como un todo y conceder así gran importancia al nuevo intento de integración que Latinoamérica inició en 2010 a través de la CELAC, organización que incluye todos los países americanos menos EE.UU. y Canadá.

En la inauguración del foro en Pekín, Xi podría confirmar esa fuerte apuesta por Latinoamérica en forma de anuncios de fuertes inversiones o proyectos de financiación regional, de forma similar a los planes iniciados en 2014 por China en Asia del sur y central, y que bautizó como «Nuevas Rutas de la Seda».

Por ahora, sin embargo, el Gobierno chino sólo ha manifestado en un tono más general que espera que el foro ayude a mejorar la cooperación económica para una región que China ve cada vez con más interés.

«El foro hará historia en las relaciones entre China y América Latina», aventuró esta semana Zhu Qingqiao, nuevo director para esa región en el Ministerio de Asuntos Exteriores chino.

En el foro también habrá máximos responsables del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, entre otras organizaciones regionales.

Por parte china, además del presidente Xi, participarán el primer ministro, Li Keqiang, y los ministros de las carteras de Asuntos Exteriores, Comercio y Reforma y Desarrollo (planificación económica) del país asiático.

En los primeros once meses de 2014 el intercambio económico entre China y Latinoamérica superó los 240,000 millones de dólares, un aumento interanual del 1.5 %, y el país ya es el principal socio de la región en su conjunto, además de serlo individualmente de alguna de sus principales economías, como Chile o Brasil.

En la primera mitad del pasado año el gigante asiático invirtió más de 9,000 millones de dólares en la región, una cifra que probablemente aumentará de forma muy considerable, ya que sólo el canal de Nicaragua, cuyas obras inició en diciembre la constructora china HKND Group, mueve una inversión de 50,000 millones de dólares.

El foro China-CELAC preocupa en EE.UU., que ve la entrada del gigante asiático en Latinoamérica, su tradicional «patio trasero», como una amenaza a los muchos intereses en una región que durante un siglo ha tenido una difícil relación con Washington, que osciló entre la dependencia y el rechazo a su «imperialismo».

O aún más, en Washington se ve como una prueba de su pérdida de peso internacional tras más de medio siglo de hegemonía planetaria, primero compartida tras la Segunda Guerra Mundial con la Unión Soviética, pero después mantenida en solitario al caer el telón de acero y finalizar la Guerra Fría.

Frente a esas inquietudes, Pekín aseguró esta semana que EE.UU. no tiene nada que temer: «Las relaciones de China y EE.UU. con Latinoamérica y el Caribe son totalmente compatibles y favorecen las prosperidad y el progreso conjunto, no sólo de la región sino de todo el mundo», defendió esta semana Zhu Qingqiao.

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