La beata Sor María Romero

Nuestra más alta cumbre en el campo religioso es, sin duda, Sor María Romero Meneses, nacida en Granada el 13 de enero de 1902 y beatificada por Juan Pablo II el 14 de abril del año 2002.

La causa por la cual vivió Sor María Romero es hoy en día reconocida tanto por la autoridad de la Iglesia católica como por los fieles. LA PRENSA/ G. MIRANDA

Nuestra más alta cumbre en el campo religioso es, sin duda, Sor María Romero Meneses, nacida en  Granada el 13 de enero de 1902 y beatificada por Juan Pablo II el 14 de abril del año 2002. Sus “virtudes heroicas” ya habían sido reconocidas por el Vaticano el 18 de diciembre del 2000, confiriéndole la calidad de venerable.

[doap_box title=»VIDA Y OBRA EN COSTA RICA» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]S on numerosos los testimonios sobre curaciones y otros hechos extraordinarios atribuidos a la intercesión de Sor María en vida y a su famosa “agüita” milagrosa de la Virgen que, según ella, actúa según la fe de quien recurre a ella.
Si bien es cierto que los pobres de Costa Rica fueron los primeros en beneficiarse de las obras sociales de Sor María, hoy día a quienes más auxilian es a los más de trescientos mil nicaragüenses que emigraron a Costa Rica y que, de un modo u otro, requieren la ayuda de las iniciativas sociales de su compatriota Sor María. Se estima que un 80 por ciento de los beneficiados son nicaragüenses y 20 por ciento costarricenses.
Los emprendimientos de Sor María.
Para comprender la grandeza de la obra de Sor María basta mencionar la Casa de María Auxiliadora, fundada por ella en 1959; el dispensario para proporcionar comida y ropas nuevas a los necesitados; los 36 Oratorios Festivos para niños y las “Ciudadelas para pobres” en barrios de diferentes municipios de Costa Rica. Todos estos emprendimientos de Sor María existen y continúan su benéfica obra.[/doap_box][doap_box title=»DEVOCIÓN Y MILAGROS» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]Como parte de la devoción a Sor María Romero, todos los 13 de enero en Granada, en la casa donde nació la carismática monja, convertida hoy en museo y donde funciona una capilla, asisten peregrinos para venerarla y pedirle en oración algún favor o milagro.La inmensa obra caritativa de la Beata Sor María Romero ha inspirado tanto que ya se han realizado películas y se han hecho libros sobre la santa nicaragüense, quien principalmente realizó su obra social y pastoral en Costa Rica.
Existen muchos milagros de sanación atribuidos por la intercesión de Sor María Romero. El Vaticano envió a Nicaragua, en el 2008 al sacerdote Enrico Dan Covolo ha constatar los milagros como parte del proceso de canonización de la Beata nicaragüense[/doap_box]

María Romero Meneses fue una de las primeras alumnas del entonces recién fundado Colegio de las Hijas de María Auxiliadora de Granada, al que ingresó en 1913 a los 11 años de edad. Pronto sintió el llamado de Jesús y de María, a quienes ella siempre llamó “mi rey” y “mi reina”. Se dice que desde los 13 años decidió consagrarse al servicio de los pobres. Sus excompañeras de colegio cuentan la siguiente anécdota: Un día caía en Granada un fuerte aguacero. La niña María Romero se puso su capote para ir al colegio. En el camino se encontró con una viejita muy pobre que le dijo: “Dichosas las que pueden protegerse con un capote”. María no dudó en darle el suyo diciéndole: “Te entrego mi capote porque estoy segura que más tarde María Auxiliadora me dará techo y pan para tantos pobres como vos”.

A los 18 años decidió incorporarse a la congregación de las Hijas de María Auxiliadora, dada su acendrada devoción a la Virgen. Dos años después, ingresó al noviciado en Santa Tecla, El Salvador. De regreso al colegio de Granada en 1924 se desempeñó como profesora de música, canto, pintura y mecanografía.  Desde entonces comenzó a escribir en una libreta negra sus pensamientos, reflexiones y reseñas de pasajes de su vida, que después se publicaron como trabajos literarios de Sor María.

En la capilla de María Auxiliadora, construida en 1928, María Romero Meneses hizo sus votos perpetuos el 6 de enero de 1929. El 19 de abril de 1931, tras de haber prestado sus auxilios a muchos damnificados por el terremoto que destruyó la ciudad de Managua, y muy abatida por el dolor que le causaba dejar su país tras semejante tragedia, Sor María, siguiendo las decisiones de sus superioras, se trasladó a San José de Costa Rica, donde vivió 46 años.

SU AMOR POR NICARAGUA Y COSTA RICA

Amó entrañablemente a su Nicaragua natal, pero también al país que la acogió con gran afecto, sintiéndola como hija suya y fue testigo de su extraordinaria trayectoria hacia la santidad. Fue en el hermano país centroamericano que Sor María Romero desplegó toda la potencia de su compromiso vital con los necesitados, que se tradujo en múltiples iniciativas sociales destinadas a proporcionarles una educación inspirada en los valores cristianos; acceso a la alimentación y a la salud, así como ropa para miles de personas pobres.  A todo esto hay que agregar, por ser no menos importante, la fecunda labor evangelizadora de Sor María, apoyada por grupos de jovencitas a quienes llamaba “misioneritas”.

Todos estos emprendimientos fueron haciéndose realidad paulatinamente, no sin sufrir Sor María incomprensiones y sinsabores. Pero pudo realizarlos gracias a su tenacidad, a su amor por los pobres, a su profunda fe en la Virgen y a su capacidad de convencer a las personas pudientes para que le ayudaran.

El padre Enrico  Dan  Covolo, enviado del Vaticano  (agosto 2008) llegó al país para constatar la devoción a sor Maria Romero, como parte del proceso de canonización que se le sigue a la religiosa.
El padre Enrico Dan Covolo, enviado del Vaticano (agosto 2008) llegó al país para constatar la devoción a sor Maria Romero, como parte del proceso de canonización que se le sigue a la religiosa.
MARÍA AUXILIADORA DE FIADORA

En otra ocasión, Sor María solicitó un préstamo a un banco costarricense para comprar una casa para una de sus obras sociales. El préstamo fue aprobado, pero cuando Sor María se presentó a suscribir los documentos con el gerente, este le preguntó quién sería el fiador o fiadora del préstamo. La pregunta sorprendió a Sor María pero no dudó en contestar: “Naturalmente que será María Auxiliadora, nadie mejor que ella como fiadora”.  Y aunque tuvo que hipotecar la “Casa de la Virgen”, el préstamo lo pagó, gracias a las donaciones que recibía, en tres años cuando el plazo era de nueve.

Muy pronto, tras su incorporación a la congregación de María Auxiliadora en San José, Sor María le echó el ojo al cafetal que las monjas tenían al lado del colegio. Un día, mientras ayudaba en la recolección del café, le pronosticó a sus hermanas que en ese terreno se construiría la Casa de la Virgen para auxiliar a los pobres. Otro día, mirando el cafetal desde la ventana de su aula dijo: “En este terreno que está delante de nosotros, de aquí a algunos años, habrá un gran edificio y se llamará la Casa de los Pobres”… “Habrá también un dispensario médico y una escuela de oficios para mujeres”. Una alumna le preguntó:  “¿Y quién dará tanto dinero para esas obras?”  A lo que Sor María respondió con naturalidad y seguridad: “La Virgen se encargará de todo”.

SU MUERTE EN SU TIERRA NATAL

Sor María nunca renunció a su nacionalidad nicaragüense, de la que siempre se sintió muy orgullosa. Incluso, manifestó su deseo de que su muerte ocurriera en tierra nicaragüense y frente al mar, gracia que el Altísimo le concedió al morir de un infarto el 7 de julio de 1977, en un chalé del balneario Las Peñitas, departamento de León, frente al Océano Pacífico, donde había ido a descansar en compañía de sus hermanas Cila y Pastora Romero. Ella había dicho a sus hermanas: “Veo a Dios en cada gota de este mar… ¡Qué hermoso sería morir frente al mar!” Y así fue su tránsito de lo finito a lo infinito para su encuentro definitivo con “su rey” y “su reina”, Jesús y  María.

   Una fotografía de hace muchos años, Sor María Romero  atiende a unas jovencitas. La vida de la monja fue darse por completo a los pobres.  LA PRENSA/ ARCHIVO
Una fotografía de hace muchos años, Sor María Romero atiende a unas jovencitas. La vida de la monja fue darse por completo a los pobres.
LA PRENSA/ ARCHIVO
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