Defender su tierra le costó un ojo

El fuerte impacto de una bala de goma, disparada por agentes antimotines de la Policía Nacional, hizo brotar el ojo izquierdo de José María Calderón Cerro, de 60 años. El hecho ocurrió al amanecer del 24 de diciembre pasado, día de la Nochebuena, cuando en El Tule, municipio de San Miguelito, el Gobierno reprimió una protesta contra el Gran Canal.

José María Calderón Cerro fue una de las decenas de víctimas de la represión policial en El Tule, San Miguelito, departamento de Río San Juan. LA PRENSA/O. NAVARRETE

Por temor a represalias José María Calderón  no quiere acudir a un centro asistencial a que le realicen curaciones.  LA PRENSA/O. NAVARRETE
Por temor a represalias José María Calderón no quiere acudir a un centro asistencial a que le realicen curaciones.
LA PRENSA/O. NAVARRETE

El fuerte impacto de una bala de goma, disparada por agentes antimotines de la Policía Nacional, hizo brotar el ojo izquierdo de José María Calderón Cerro, de 60 años. El hecho ocurrió al amanecer del 24 de diciembre pasado, día de la Nochebuena, cuando en El Tule, municipio de San Miguelito, el Gobierno reprimió una protesta contra el Gran Canal.

[doap_box title=»Detienen a su hijo también» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]“Es una grosería, es un gasto para el pobre, ahora ha perdido su ojo, tenemos que ver cómo se lo ponemos para tapar el defecto”, reaccionó María Teresa Ramírez, esposa de José María Calderón Cerro. Ramírez también criticó que la Policía golpeó y apresó a su hijo Francisco Rafael, de 22 años, cuando acudió a auxiliar a su padre.[/doap_box]

En el hospital capitalino donde lo atendieron, los médicos dispusieron extraer el ojo porque no podían hacer nada para que el afectado lo conservara. “El ojo lo perdí”, dice Calderón, quien no recuerda si en el hospital le pidieron o no autorización para extraérselo, pues llegó inconsciente.

Resignado, Calderón afirma que seguirá trabajando la tierra porque aunque perdió un ojo, “me queda el otro, usted sabe que las manos las tengo buenas”.

A Calderón lo llevó una ambulancia, a la que lo subieron los mismos policías que lo vapulearon durante la represión.

Estelvina Espinoza Calderón, sobrina del afectado, señala que los familiares de otros enfermos, que el 24 de diciembre permanecían en el hospital Antonio Lenín Fonseca, le platicaron sobre el dantesco cuadro del hombre con el ojo brotado.

El día de la Natividad del Señor, cuando Espinoza llegó a verificar si su tío se encontraba en el centro asistencial, estaba tan deformado el rostro que “hasta llegué a la cama y no lo reconocía y él tampoco me reconocía a mí”.

RECUERDA LA REPRESIÓN

El 24 de diciembre era el octavo día de la protesta en El Tule, y Calderón Cerro alega que él se dirigía a la capital en el momento en que unos 200 antimotines, otros 30 de azul celeste, más militares, cumplían las órdenes del Gobierno de reprimir a los manifestantes.

Calderón Cerro es poco lo que recuerda de lo acontecido, pues el impacto que recibió fue tan fuerte que lo hizo perder el conocimiento, hasta quedar tendido en el suelo.

El afectado, dueño de 60 manzanas de tierra en la comunidad El Dorado 2, aún muestra otras heridas visibles en la pierna y brazo derecho, así como moretones en diversas partes del cuerpo. Para el perjudicado, más que una protesta de los vecinos de las comunidades de El Tule, era “una súplica”, porque no se afecten sus tierras.

“La gente estaba solo en protesta de que no quieren el Canal porque les perjudica sus tierras”, resume la víctima sobre la protesta campesina, quien apunta: “Porque si meten el Canal ¿adónde vamos a trabajar nosotros?”

“Ellos llegan a decir que desocupen, que si en diez años pagan las tierras entonces ¿Adónde vamos a vivir nosotros? Bueno de allí sale el queso, la gallinita, la cuajada, la leche, los frijoles, el arroz. Todo lo que sembramos no lo comemos, tenemos que vender, porque de ahí sale el aceite, el jabón”.

Espinoza Calderón se declaró “indignada” por lo sucedido a su pariente, por lo que demandó al Gobierno una indemnización por la pérdida del ojo y que resuelva el problema del pago de las tierras a sus propietarios.

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