Yo no soy Charlie Hebdo
Ya es momento de que se pongan los puntos sobre las íes, en esto de la libre expresión. Toda libertad tiene un límite y una responsabilidad, tienen el límite del derecho al respeto hacia lo que para otros es sagrado.
Nadie, sin faltar al amor, puede hacer chacota vulgar y de mal gusto, de lo que para una inmensa mayoría es sagrado. Nadie puede ofender gravemente el pensamiento religioso de otros sin sufrir consecuencias impredecibles que se pueden traducir, incluso en la terrible masacre que sacudió Francia.
El papa emérito Benedicto XVI, con gran erudición y refiriéndose a hechos reales, mencionó la errada concepción de Dios que tienen los musulmanes, y esto le costó críticas acerbas que lo colocaron en una situación negativa y hasta peligrosa ante esa masa de pensamientos intolerantes.
Lo mismo le pasó a aquel escritor británico que pasó varios años de su vida escondido, pues estaba sentenciado a muerte por haber escrito negativamente de Mahoma.
No puedo estar de acuerdo, ni estoy defendiendo de ninguna manera los terribles asesinatos de Francia. Condeno con todas mis convicciones cualquier acto de violencia, del mismo modo que condeno todo irrespeto abominable, calumnioso y sacrílego que cualquier pasquín del mundo quiera publicar, pues esto no es libertad de expresión, sino libertad de oscurecer los valores más sagrados del pensamiento humano en el cual se ha construido el mundo por espacio de más de dos mil años, y nadie ha podido derribar.
Si Europa continúa apoyando este tipo de libertades, lo que está logrando es labrar su propia decadencia, aumentando las sombras de oscuridad que envuelven actualmente al mundo. Lo cual desemboca en más violencia, más odio, menos valores enriquecedores de la convivencia humana.
Mi humilde intención es invitar a todos los lectores de este escrito, a aspirar a valores enriquecedores, tanto para una persona como para otra, con respeto y amor, y sin abusar de lo más valioso que poseemos. ¡Nuestra verdadera libertad de ser respetados!
Ligia Chamorro Cardenal
Ser o no ser Charlie
La emoción legítima suscitada por las acciones terroristas la semana antepasada afectó probablemente a todos los franceses y muchas personas en el mundo y “Je suis Charlie” se impuso como un eslogan reunidor. Todo eslogan es reductivo y Charlie no escapa a la regla.
“Je suis Charlie” como todo el mundo, condenando los actos terroristas innobles que enlutan a todos, y me junto a la pena de las familias de las víctimas. Me sentí solidaria con los franceses que reaccionaron en masa.
“Je suis Charlie” por la libertad de prensa que fue el blanco de esta agresión, en la medida que esta libertad se ejerza bajo la égida del código de deontología. Después a cada uno de escoger su lectura de prensa.
Pero no soy Charlie caucionando una libertad de expresión desbordada. La libertad se merece junto con un deber moderado y estimo que Charlie Hebdo traspasó los límites admisibles ofendiendo tontamente a las comunidades a menudo religiosas, hasta sin tener la mala excusa de ser divertido, contra todas las religiones confundidas. La blasfemia no es un derecho, y puede catalizar la violencia, desgraciadamente la venimos de vivir.
Antes de todo, mi compasión va hacia las víctimas de estos ataques, pero también pienso en otras víctimas del Islam radical en el mundo: los cristianos de Irak, los nigerianos. Estoy aterrada por la ejecución de más de 2,000 personas, la mayoría mujeres y niños por Boko Haran en el norte de Nigeria. Estamos lejos de Nigeria, son hombres, mujeres y niños.
Que todos los Charlies del mundo no los olviden.
Leonie Suhr Pineda
El uso de la pólvora
Las estadísticas hospitalarias señalan que el año 2014 y los dos primeros días del 2015 han dejado comparativamente con el año 2013 un incremento del 26.3 por ciento de niños y adolescentes quemados, por uso inapropiado de pólvora en ocasión de las fiestas de fin de año.
Algunas opiniones populares aseguran que el uso de pólvora en este periodo es parte de decisiones culturales de nicaragüenses; otras voces dicen que falta información en las unidades familiares acerca de los daños irreparables que causan las quemaduras; y otras personas aseguran que es comodidad de los padres de familia dejar que sus inocentes hijos jueguen con la cruel pólvora, con la finalidad que dejen de molestar y poder dedicar tiempo a los asuntos de mayores.
Cualquiera que sea la verdadera razón por la que los padres y madres permiten a sus hijos el uso de la tristemente célebre pólvora, lo cierto es que las familias deben asegurarse, para su comportamiento en sociedad, la información sobre los irreversibles daños que las quemaduras dejan en la humanidad de sus pequeños hijos, ya sean con pólvora o fuego propiamente dicho.
Durante este fin del 2014 una madre acongojada, en llanto, se preguntaba, ¿por qué dejé a mi niña tocar pólvora, si sabía que era peligroso… por qué… por qué? Me parece que esta es exactamente la reflexión que deben hacerse los padres de las familias nicaragüenses cada año y cada día. Los menores de la casa no deben jugar con el fuego, con la pólvora, con la cocina, cerca de agua caliente, con los fósforos, con nada de estos medios que se relacionan con el fuego. Las quemaduras en los niños y adolescentes es un asunto de responsabilidad de los mayores, ya sean estos sus padres y/o tutores. Pareciera que estos mayores se dejan llevar por el consumismo y esa tonta costumbre de encender pólvora y provocar quemaduras en los menores de la casa. Estos consumidores deben reflexionar sobre la acción de quemar pólvora y medir su actitud desde tres aspectos socioeconómicos: el primero, es que comprar y consumir pólvora, se produce un gasto innecesario y de poco beneficio familiar y/o personal; el segundo, es que ponemos en peligro a la unidad familiar en general y a los menores de forma particular; el tercero, es que le llenamos el bolsillo a los productores de pólvora, a los productores de dolor para los niños y adolescentes.
Por amor a nuestros hijos debemos dejar esa costumbre tonta de quemar pólvora en este periodo del año. Existen muchos medios y actividades que mostrarán nuestra alegría. Que estas emociones no pongan en peligro la unidad familiar, ni a los menores de nuestro vecindario. Regulemos y controlemos los efectos temporales de nuestras emociones de adultos frenéticos por el gasto en bienes y servicios de costumbre.
Cirilo Antonio Otero
Lo que en realidad importa
Esta frase pareciese existencialista. En realidad es práctica, debido a que si le dedicamos mucho tiempo a lo de menos importancia ¿qué retorno tenemos del mismo? El tiempo es un recurso importante en nuestra vida, cada minuto se paga con la vida misma. ¿Qué es más caro que la vida? Cabe señalar que para mí es indiscutible la importancia que se le debe dedicar a Dios y esto es un fin supremo, pero no tocar este aspecto.
Algunos dedican tiempo a la diversión, lo que no está mal. El detalle está que si le dedicas mucho tiempo a la diversión, solo obtienes satisfacción en ese momento.
Hay de los que dedican tiempo al trabajo. Si le dedicas más de lo debido no obtienes el pago adecuado por cada minuto que invertiste. Cabe recalcar que si inviertes en algo esperas obtener retorno mayor a lo invertido.
Todos los seres humanos traemos programado el don de trascendencia, es decir queremos sobresalir más allá de nuestra vida. Y lo más cercano que tenemos para lograr este fin es a través de nuestras familias. El tiempo que le dedican a esto es la importancia que cada uno le da a lo vital. Si son padres los consejos que les den a sus hijos es agregar más vida a sus vidas.
Sócrates dijo: Cásate, si tienes un buena esposa, serás feliz. Si no tienes una buena esposa, serás filósofo.
El detalle de tener otras mujeres adicionales a la que elegiste es asegurar que no eliges bien o más bien eres inconstante con lo que eliges. El amor no es sentimientos ni emociones. Tiene que ver con algo sencillo, decisión. Uno decide a quién amar, nadie te obliga.
Espero reflexionemos al respecto.
Maxwell Altamirano Ramos
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A
