Obreras de la maquila - La Prensa

Obreras de la maquila

Este año se ha anunciado que unos seis mil o siete mil obreros de Zona Franca, podrían ir a la calle. En las maquilas siete de cada diez trabajadores son mujeres que incursionan, y se quedan para siempre en estas fábricas textiles que pagan salarios bajos y se mejora según la producción. Algunas de ellas cuentan por qué la maquila es para ellas la única opción laboral.

25/01/2015
Día de los Trabajadores,Nicaragua,Gobierno

LA PRENSA/ ARCHIVO

Mientras camina a buscar la caponera Justina López, 34 años, pasa revista a los pantalones estampados ceñidos en maniquíes, a los zapatos baratos de colores que se cuelgan en gajos, a las camisas de telas tan delgadas que parecen desechables, a las marquetas de queso que se tapan con plástico y se ponen en mesas de madera. Corre un vaho caliente de tortillas que dos mujeres con delantales palmean y echan sobre una plancha de madera.

Al comienzo en el régimen de Zonas Francas nicaragüenses sólo se fabricaban camisetas y jeans. Ahora se fabrica “ropa deportiva, uniformes básicos para trabajadores de la construcción, de seguridad y para empleados administrativos, conjuntos de mujeres, chaquetas, sacos, lo único que tal vez no producimos son calcetines”, dice Dean García presidente de Anitec, quien asegura que “esos cambios productivos han traído una especialización del trabajo de Zona Franca”.

“El sector ha evolucionado bastante en aspecto productivo, laboral”, agrega García.

El auge de la maquila arrancó en los noventa. Al final del gobierno de Violeta Barrios unas nueve mil personas trabajaban en 17 maquilas, según un artículo publicado por la revista Envío en junio de 2003. Durante el gobierno de Alemán, el sector empleó a unos 35,000 obreros. El artículo menciona que fue en los noventa cuando se aprobó la ley de Zonas Francas “favorece totalmente a los inversores extranjeros” y “desfavorece totalmente a los trabajadores”.

Sin embargo, García cree que las condiciones laborales han mejorado mucho en los últimos años. Ahora un obrero recibe capacitaciones de un mes y medio antes de entrar como operario. En cuanto al salario, García dice que desde el año 2006 a la fecha el salario del trabajador de Zona Franca se ha incrementado un 200 por ciento. Dice García que el sueldo mínimo es de 4,400 córdobas, pero con incentivos y horas extras, alguno sacan 8,000 pesos.Las mujeres se inician en la Zona Franca desde temprana edad. Algunas a los 18 años. “Muchas llegan a ser jóvenes en estado avanzado, incluso llegan hasta los 60 esperando su jubilación. Son madres solteras, jefas de hogar, muchas solo tienen primaria aprobada, un porcentaje entre el 20 y 30 por ciento son bachilleres. Es más fácil para la que es bachiller salir de la zona franca”, dice Francys Valdivia, abogada del Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra. Antes de trabajar en Zona Franca algunas han incursionado como asistentes del hogar, vendedoras ambulantes. Muchas eran amas de casa que buscan empleo cuando el papá de los hijos las abandonan, o lo hacen para complementar la economía familiar.

Se vende toda clase de artículos y comestibles en ese galillo de asfalto que hay entre la carretera ruidosa, donde chocan el rugido ansioso de los motores de autobuses con los chillidos de las bocinas de caponeras, y la fábrica de textiles donde López trabaja a diario, desde hace tres años.

Cuando sale de la fábrica, a las 4:50 p.m de la tarde en medio de una correntada de hombres y mujeres, la luz del día es parecida a las 7:00 a.m , cuando entró: es tímida, indefinida, tenue en su tránsito hacia la noche.

López, analfabeta, trabaja en Rocedes en el parque industrial Las Mercedes que está en la salida norte de la capital. Esta mujer, baja, de complexión recia, dice que ha sido su primer trabajo en maquila y no se le ocurre pensar que pueda ser el último, a pesar de que este año una gran parte de las fábricas de confección y textil perdieron el beneficio conocido como TPL (siglas en inglés de la tasas preferenciales arancelarias) que durante 10 años permitió exportar hacia Estados Unidos, con beneficios fiscales.

Después de bregar desde los 18 años por distintas casas como asistente del hogar. Por su relato se infiere que lo de “asistente” siempre fue un eufemismo. Cuenta que en las casas nunca llegó a ganar ni el salario mínimo y que sus jornadas empezaban desde antes de las seis de la mañana hasta las nueve, diez u once de la noche. “Hasta que la patrona dijera”, dice López, mamá de dos hijos.

Y tras vivir muchos años, posando y alquilando en el sector de Sábana Grande, Justina compró un terreno en Santa Elena, a pocas cuadras de la Zona Franca. Dice que sale tan cansada, porque su trabajo es de pie y consiste en doblar y limpiar telas, que no le queda fuerza en las piernas para caminar. Entonces, sale a la carretera a buscar una caponera.

Por la tarea interminable de limpiar y doblar telas, López gana cuatro mil pesos al mes, menos las deducciones del seguro.

LO ÚNICO QUE HABÍA, QUE HAY

A esa misma hora, María Elena González, 20 años, abandona otra fábrica de textiles pero en Los Brasiles, kilómetro 13 Carretera nueva a León, y corre hacia el recorrido que la deja en la entrada a la Zona 10 de Ciudad Sandino, donde vive con su mamá, papá jubilado, dos hermanas y varios sobrinos. A diferencia de López, que es analfabeta, González se bachilleró a los 16 años, pero no consiguió recursos para ir a la universidad, en cambio, debió buscar trabajo. Desde los 16 años quería seguir a las mujeres de su barrio y emplearse en Zona Franca, pero por la edad no la aceptaban. Así que trabajó un tiempo en el mercadito de Ciudad Sandino. Fue dependiente de una tienda de ropa y zapatos. También dejó una docena de currículos por oficinas y negocios del municipio.

108,000
Empleos generan las Zonas Francas en el país, de ellos 73,000 están empleados en el sector de la confección. Este año unos siete mil obreros podrían quedar sin trabajo si las empresas textileras no consiguen nuevos contratos y diversificar sus productos.

Jamás la llamaron. Al día siguiente que cumplió 18 años, fue con su cédula y halló trabajo en la Zona Franca.

“Solo te piden la cédula, no te piden ningún otro documento. Es la única opción, donde hay trabajo masivo”, dice González quien mintió para emplearse como operaria. Dijo que sabía “pegar costados” de camisa, pero no sabía manipular la máquina.

Aprendió gracias “a verdaderos ángeles” que fueron sus compañeros de trabajo, dice. Ahora es operaria, y su función consiste en coser el borde del cuello de unas 800 camisas por día. Todavía no llega a la meta que sobrepasa las 1,200 piezas.

González dice que trabaja en Zona Franca por dos razones: para ayudar a sus papás y por costearse sus clases. Los sábados estudia todo el día la carrera técnica de contabilidad en el Manuel Olivares. Dice que ha hecho cinco cursos, entre ellos un diplomado en Derecho.

Si mañana se quedara sin trabajo, buscaría trabajo en otra parte, pero reconoce que tendría efecto en sus aspiraciones académicas. “No tendría como pagar mis estudios”, dice González, una morena de pelo largo negro y que viste camiseta y jeans.

MAQUILA SE PUEDE DESMORONAR

Las fábricas de Zona Franca están repletas de mujeres.

Según Dean García, director ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de la Industrial Textil y Confección (Anitec), entre el 60 y 65 por ciento de los 108,000 trabajadores de las maquilas, son mujeres.

“Por lo menos a la fecha (15 de enero) no hemos sido notificados del cierre de ninguna empresa. No se ha cerrado ninguna empresa. Se ha reducido personal. En este momento estamos recopilando información. No quiero dar cifras sin antes ir a las empresas a levantar información”
Dean García, director ejecutivo de Asociación Nicaragüense de la Industria Textil y Confección, Anitec.

“Muchas de ellas son jefas de familia, madres solteras. La mayoría tienen hijos. Son mujeres que aunque tienen sus compañeros ellas llevan la batuta en su casa”, describe García.

Este año, el universo de las maquilas podría estremecerse si se materializan los despidos de unos siete mil trabajadores luego que el país no consiguiera renovar los TPL. García cree que la medida podría afectar a unos cinco mil o seis mil obreros, pero asegura que las textileras están buscando fórmulas para reducir costos, explorar otros productos, y no afectar al personal.

“Ya hemos visto el impacto negativo de esto, puesto que ya cerró una empresa que se llama Bay Apparel que estaba ubicada en el parque industrial SIPSA de Tipitapa, el 23 de noviembre del año pasado”, dice Francys Valdivia, asesora legal del Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra, organización que atiende la problemática de los trabajadores de maquilas.

Valdivia dice que los 126 trabajadores de la planta fueron indemnizados un mes después, el 22 de diciembre, en el Ministerio del Trabajo, Mitrab.

Sin embargo, García aclara que Bay Apparel no cerró por efecto de los TPL, sino que es una empresa que nunca llegó a madurar y no pudo establecer operaciones en el país.

“Por lo menos a la fecha no hemos sido notificados del cierre de ninguna empresa. No se ha cerrado ninguna empresa. Se ha reducido personal”, según García.

De esos 126, el 65 por ciento eran mujeres jefas de familia.

ENTRA Y SALE

Temiendo despidos Anielka Muñoz, 31 años, y su compañero, ambos obreros de la Zona Franca, en Las Mercedes, se privaron de adquirir un televisor al crédito. “Ahorita mejor no agarremos nada, hay que esperar qué pasa”, le dijo Anielka a su pareja.

En términos de exportación y de empleo se prevé que el sector de las textileras no crecerá, según estimaciones de ANITEC. El año pasado se exportaron 460 millones de metros cuadrados en piezas.  LA PRENSA/ ARCHIVO

En términos de exportación y de empleo se prevé que el sector de las textileras no crecerá, según estimaciones de ANITEC. El año pasado se exportaron 460 millones de metros cuadrados en piezas.
LA PRENSA/ ARCHIVO

Muñoz, de caderas anchas y cejas depiladas, es mamá de un niño de cuatro años y tiene dos meses de embarazo. Entre ella y su esposo reúnen al mes cerca de nueve mil córdobas. No tienen casa propia. Viven en Tipitapa, donde su suegra que les cuida al niño mientras ellos están en la fábrica. Muñoz ha trabajado por temporadas en distintas maquilas. La primera vez que buscó empleo en una de ellas fue porque quería independizar su casa y aportar a la economía de pareja.
“Entré sin experiencia y poco a poco fui aprendiendo”, cuenta y recuerda que su primer trabajo fue de deshilachar, ahora supervisa camisas. Se fija en que no lleven defectos. La meta diaria de supervisión es de mil piezas por día, cien por hora. Muñoz dice que si la llegaran a correr intentaría montar una pulpería en la casa con lo que le den de liquidación.

“A veces he renunciado para que me paguen la liquidación y luego vuelvo a entrar. Esta vez me dijeron que era la última oportunidad”, cuenta una obrera de la maquila de Los Brasiles, que prefiere omitir su nombre.

Tanto García de Anitec como Valdivia del María Elena Cuadra aseguran que las condiciones laborales han mejorado en los últimos años. Valdivia dice que se ha avanzado en la higiene y la seguridad, en las condiciones ergonómicas, pero aún falta. Por ejemplo, dice que no se tiene un registro y clasificación de las enfermedades causadas por el trabajo.

Todavía hay denuncias de embarazadas de que no les reciben las constancias médicas que certifican su estado y las despiden injustamente. Algunas obreras también se quejan de pasar sentadas todo el día en sillas de madera que les provocan dolores en la espalda.

Aunque pareciera que se han extinguido los gritos y los insultos, incluso el maltrato físico, la abogada del María Elena Cuadra recuerda que el año pasado llevó el caso de tres obreras que habían sido fajeadas por un supervisor en plena faena.

Muñoz dice que ella ingresa antes de las siete de la mañana a la fábrica.

“Se entra a las 6 y 46 (de la mañana), si uno entra ya a las siete, te quitan”, dice Muñoz, a quien le gustaría aprender a manejar las máquinas de coser.

Hay casos de mujeres que las despiden en estado de embarazo. “Las están despidiendo por causa justa (que te despiden en base al artículo 48 y no te reconocen antigüedad), pero lo que ha pasado es que cuando las mujeres presentan la constancia médica no se las quieren recibir. Se atiende muchos casos de estos”
Francys Valdivia, abogada del Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra

“Me han dicho que estudie. Pero no me da tiempo ni de estudiar”, dice Muñoz, quien el día y medio que tiene libre lo ocupa para labores domésticas. “Me toca lavar, cocinar”, cuenta.

Lo mismo le toca a Ivonne Soza, 37 años, y obrera de Zona Franca desde hace siete años. Soza vive en el barrio Grenada, por el mercado Roberto Huembes, y se levanta diario a las cuatro y media de la mañana. Cocina lo que almorzará en los 45 minutos que le dan a mediodía, pero también deja hecho el almuerzo para sus hijos y su mamá.

El salario mínimo de un trabajador de Zona Franca es de 4,400 córdobas. Los obreros ganan más dependiendo del nivel de productividad y de las horas extras que hagan.  LA PRENSA/ ARCHIVO

El salario mínimo de un trabajador de Zona Franca es de 4,400 córdobas. Los obreros ganan más dependiendo del nivel de productividad y de las horas extras que hagan.
LA PRENSA/ ARCHIVO

En la noche cuando regresa de la maquila, en Las Mercedes, repetirá la tarea: hará la cena y luego se acostará. No mira telenovelas porque terminan tarde y se duerme a las nueve de la noche.

María Elena González dice que cuando va a clases, los sábados se levanta a las seis, una hora más tarde. El único día que duerme más tiempo es el domingo.

Ella, a diferencia de sus colegas, tiene a su mamá que cocina. “Tengo esa ayuda de mi mamá”, dice González quien a mediano plazo aspira en abandonar el mundo de las maquilas, aunque por ahora, insiste, “no me quejo. Me ha ido bien”.

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