Extraterrestres
La caída del precio del petróleo debería ser una buena noticia en Nicaragua, como lo ha sido en el resto del mundo. Una buena noticia para Nicaragua porque, a los precios actuales, podría ahorrarse hasta 500 millones de dólares en la factura anual de petróleo. Sin embargo, la buena noticia para Nicaragua es una mala noticia para Daniel Ortega que con esos precios pierde unos 380 millones de dólares del acuerdo con Venezuela que usaba a su antojo. En otras palabras, Nicaragua debería estar celebrando con una gasolina a menos de 17 córdobas el litro, precios de los productos a la baja, inflación reducida y una tarifa eléctrica al menos un 30 por ciento menor que la actual, ahorrándonos buen dinero en la factura y estimulando la economía nacional. Pero no está ocurriendo nada de eso. Ni Nicaragua celebra ni Ortega lamenta. Aquí todo sigue igual. Como si la baja en el petróleo ocurrió en un planeta al que no pertenecemos.
Pronto pago
Ahora resulta que no se puede bajar el precio de la energía eléctrica como está ocurriendo en todo el resto de países del planeta Tierra, porque aquí hay un préstamo con Caruna y la prioridad del país es pagarlo. Vaya. Alguien con un poco de sentido común podría decirles que se use un porcentaje del ahorro para bajar la factura y otro porcentaje para ir amortizando el préstamo. Podría, mejor aún, recordarles que ese préstamo se dio “sin intereses” y pagadero cuando Tumarín comenzara a funcionar, o sea dentro de unos cuatro años. Entonces, ¿cómo es que se volvió “pronto pago” y ahora hasta hablan descaradamente de “intereses acumulados”? ¿Por qué ahora es, según el Gobierno, la prioridad nacional?
Garrotazos
Lo que hay aquí es una asociación para extorsionar con alevosía, premeditación y ventaja a todos los nicaragüenses. El préstamo Caruna fue una “prepa” (y así lo dije en esta columna en su momento) para el tiempo de vacas flacas. Todo comenzó en junio del 2011 cuando INE anunció su intención de aumentar la tarifa de energía eléctrica en un ¡24 por ciento! sin explicar de dónde salía con esa alegre cifra. Estupor nacional. Salió entonces Caruna diciendo que ellos darían un préstamo “sin intereses y a plazos suaves” para que no se produjera tamaño trancazo, de tal forma que el aumento quedó en 8 por ciento. Fue una jugada maestra si se toma en cuenta que tanto el vendedor de energía como el prestamista son la misma persona. Miren nomás, uno, nos aumentaron el precio de la energía eléctrica sin que se haya demostrado por qué; dos, nos montaron un préstamo fantasma del que no se sabe detalle alguno, solo que hay que pagar; y tres ¡todavía le tenemos que agradecer a Daniel Ortega que nos haya salvado la vida del 24 al 8 por ciento! Garroteados y agradecidos.
Bueno para el ganso… ¿y para la gansa?
Se puede estar a favor o en contra de la independencia de Puerto Rico. Eso no es ningún problema. Se puede, incluso, estar de acuerdo o no con que un país ceda su derecho a la palabra a un extraño en algún foro internacional. Son opiniones legítimas y discutibles. Lo que resulta inaceptable es que la misma persona que exige ese derecho para los que piensan como él se lo niegue a los que piensan distinto. ¿O es que acaso no fue Nicaragua quien propuso en marzo del año pasado que una sesión de la OEA se realizara a puerta cerrada para evitar que hablara en nombre de Panamá la opositora venezolana María Corina Machado? ¿Cómo actuaría Daniel Ortega si Nicaragua hubiese sido la anfitriona de la reunión de la Celac y el presidente de Costa Rica trajese en su delegación a Machado para que hablara en ese foro? Lo que está faltando por estos lados es consecuencia. Estar claros que lo que es bueno para la gansa debe serlo también para el ganso. Debemos de dejar de andar creyendo que solo tienen derechos quienes piensan como yo.
Observación electoral
Hubo un tiempo en que en Nicaragua había “observación electoral”. ¿Se acuerdan? En algún momento, los magistrados del Consejo Supremo Electoral dijeron que ya Nicaragua tenía una democracia fuerte, que ya no era necesaria la observación, que ya estábamos grandecitos y, en fin, que eso hasta sabía a “intromisión en los asuntos internos”. Pues la eliminaron. Y se desató la peor rapiña electoral que Nicaragua registre en su historia. Ni los descarados fraudes de Somoza García y Modesto Salmerón pueden compararse con los de Daniel Ortega y Roberto Rivas. No era entonces que ya estábamos grandecitos, ni tal intromisión ni ocho cuartos, sino que no querían testigos del crimen que planeaban. Así, las cosas, solo un partido zancudo aceptaría en estos momentos ir a elecciones sin que se restablezca la observación electoral para que, al menos, registre el robo.
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