Un nuevo rostro aparece en la poesía amorosa nacida en Río San Juan. Su nombre es Arcenio Mejía Sándigo y además de versificador es pintor.
Nació en El Rama en 1982, y escribió su primer poema a su padre en 1996. Actualmente reside en la comunidad de Los Chiles, San Carlos, y es docente del Instituto Carlos Fonseca Amador.
Su poesía se caracteriza por una voz lírica, cargada de melancolía, cuyo objeto estético es la mujer, en una amorosa percepción de la vida, pero también cargada de una atmósfera trágica en relación con el desamor, todo el poemario visto como un sueño: Por la azulada calleja en invierno / bajando las escalinatas con este verso/ vengo y voy; Así de esta manera /me muero de ensueños.
AMOR Y NOSTALGIA
El poemario aborda un paralelismo entre el amor y la nostalgia de la vida. Existe cierta inconformidad con el poeta mismo y sus sentimientos: Mírame soy franco y hablo con tersuras./ Estoy preso de un estigma de tus labios.
Otro logro importante es la belleza de la palabra poética en una verbalidad lírica, pero a la vez dramática que conmueve y deleita en un gozo estético, afectivo y emocional: Pero me hacen falta también las lágrimas / y una espera más,/ el antro interno de lo irrevocable./ Un algo de palabras, de intrigas, una guitarra, un puerto./ Y un amor insatisfecho de cantatas mojadas.
Reencuentro
Arcenio Mejía Sándigo
He encontrado a una adolescente
dolorosa en el destino
en holocausto
a el paso, ayer entre esquinas,
mientras caminaba al bajar al río.
Mujer casi exhausta, de dos metros de estatura.
Y la enagua mini de su prendar estática
ahoyaba la blanca epidermis sin cordura
y sin corpiño.
Dulcísimo el áloe de su piel mojada.
Pero es un rol de demasiadas intransigencias.
Ese accidente que duele es su primo.
El amor de ellos dos traspasado
de fuegos, flechas, alfileres…
…Y me ha hablado el día de hoy, tanto.
No puede ser, no puede ser!
da lo mismo.
Las heridas antes esquimales
se pudrieron y se desestimaron.
—No puede amar —me dije.
Y se quedó amándome
en el río… y vagamente sonriendo!
Amor sombrío
Arcenio Mejía Sándigo
Pertinaz amor, mujer sublime.
Secreta embriaguez de amor.
Lúdica Ofelia cargada de jazmines
por un callejón del pensamiento.
Por la azulada calleja en invierno
bajando las escalinatas con este verso
vengo y voy; Así de esta manera
me muero de ensueños.
Así mis arraigados versos van iracundos.
Así este libro y las estrofas que le componen;
Un palomar de palomas tétricas.
Una onírica canción para los miedos.
Una congelada lluvia entre la portada
y el índice, ah los puertos siderales!
un tráfico más violento que el de Singapur,
lágrimas, risas, desvíos.
En la errática vía de los perros
y hombres con cara de zombis.
He bajado noche tras noche
y he andado la jadeante acera roja.
Este es el mismo domicilio tras de mí.
La misma casa, el pueblo, las frías jarcias.
El muelle, (edificios y lares)
Todo, no cambia nada.
En qué región o país extraño anduve
todo ese mísero tiempo con mi mal, cuan larga
y desolada se hizo la pasión sin verte.
Aquí está todo mi ser desahuciado.
Mi más grave melodía, este amor
que no se da ni se vence.
Mi calleja de ventanas floridas.
Un poemario como el de Abd Al-Aziz Ben.
Este libro de versos contritos.
Porque en la noche sin sol
ni veranos, llovida y enternecida
tú lo apruebas e ilustras sutilmente.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B
