Una de las debilidades más grandes del beisbol nacional, al igual que en otros ámbitos de la sociedad, es la carencia de una estructura legal sólida, estable y práctica, que además de inspirar confianza y seguridad a los actores, también les deje en claro el terreno que pisan.
Sin embargo, históricamente ha ocurrido que las reglas se tuercen a una determinada conveniencia. Ha pasado en todas las épocas. En ocasiones los jugadores eran libres si se pretendía armar un trabuco o estaban atados a sus equipos si los intereses eran otros.
Hubo ocasiones en las que solo la esquela era válida ante la Feniba, pero en otras oportunidades se valía hasta firmar en una agenda, como lo hizo Heberto Portobanco con Edgard López. Nunca se sabía qué vendría ante cada nueva temporada. Y eso fue tan dañino que al final solo quedaban pocos equipos.
En esta época se ha hecho un buen esfuerzo para evitar esos bandazos. Se ha intentado establecer un calendario constante y reglas que eviten el relajo de años anteriores. Pero se ha ido a otro extremo: se ha negado a los jugadores su libertad de moverse, como la debería tener cualquier ciudadano.
Y no se trata de propiciar el relajo o dejar que equipos con mayor capacidad económica se traguen a los débiles. Es crear un sistema que permita a los clubes recibir una retribución del jugador que forman, pero que luego este tenga su libertad.
Mi punto es si usted y yo tenemos el derecho de movernos de un trabajo para otro mejor —hablo de salario, de trato, de mejores condiciones— ¿por qué se les niega a los jugadores hacerlo? Aún en las Grandes Ligas, hay un momento en el que los jugadores son agentes libres.
Se firma un jugador y pasa un promedio de seis años en las Menores. Luego de cinco años de servicio en Grandes Ligas, se puede ir. ¿Por qué aquí tienen que estar atados de por vida a un equipo?
Hay que crear la estructura. Tal vez que jugadores categoría “C” jueguen seis años con el equipo con que debutan. Los “B” cinco y los “A” tres. Ahora, si a un “A” se le trata bien, seguro querrá seguir. Pero no pueden estar atados por siempre y menos mediante cambios a las reglas cada año. No es justo.
