A raíz de los incrementos del precio del petróleo a niveles históricos, que alcanzaron un pico en julio del 2008 cercano a los 147 dólares, y conscientes del impacto negativo para la competitividad y la atracción de inversiones que significaría trasladar estos precios a la tarifa, se tomó la decisión de intervenir la misma aumentando solo una parte de estos incrementos y financiando el diferencial para lograr así un precio tarifario más competitivo.