Román “Chocolatito” González vio por primera vez al mexicano Valentín “Picoco” León, e inmediatamente notó que las palabras que decía sobre él eran como una prédica en el desierto. El tricampeón no está presionado, tampoco se siente asediado ni que la batalla del sábado será una guerra. Entre su respeto al hablar del oponente logró decir algo de verdad en sus palabras: “Pienso que puedo terminarlo antes del quinto. Si todo sale bien noquearé temprano”.
González aún está débil producto del desgaste que le provoca bajar para el pesaje. En 120 libras que andaba ayer su cuerpo sufre y todavía falta lo peor. La certeza con la cual augura su presentación se la debe a un medio sacrificio. “Es una pelea de preparación, pero sé que debo cuidarme, sin embargo, no les miento, no voy al cien por ciento pero sí como en un 80”, aseguró porque no es una defensa de título y porque seguirá familiarizándose en las 115 libras.
“No conozco nada de él”, indicó Román en medio del desconcierto que provoca enfrentar a un boxeador anónimo fílmicamente como resultado de una vida en el boxeo a la sombra de sus oponentes, a pesar de eso hasta el momento a “Chocolatito” no le interesa mucho ver algunas peleas de León. “No he visto vídeos de León y por eso en el primer round veré qué es lo que trae y conforme a eso tomaré el ritmo de las acciones”, planea el pinolero.
Con el hecho de ganar ocho de sus últimas 10 peleas, León se siente crecido y dispuesto a escupir a la suerte. “Picoco” dice que hará lo que parece imposible por dos cosas: su familia y su patria, sin embargo el destino siniestro para el mexicano indica que terminará en decepción a sus promesas, como una candidatura política.
León se aferra a la posibilidad de que no es posible controlar el resultado pero sí el esfuerzo que puede dar en el ring, sin embargo se olvida por su manera de hablar que chocará con el mejor peso pequeño de la actualidad a nivel mundial.
