Cada vez que paso por el Consulado de Costa Rica y veo las enormes filas esperando conseguir visa, pienso que a cualquiera se le “ponen los pelos de punta”, al pensar que miles de nicaragüenses se ven obligados a tomar el duro camino de abandonar el país, dejar a sus familias, su casa, para buscar trabajo en tierra ajena. Ellos son los héroes silenciosos, los héroes no cantados como dicen los poetas, los que ayudan a equilibrar la balanza de pagos, ante la desproporción entre lo poco que exportamos y lo mucho que consumimos del exterior.
Ha sido la magnitud de las remesas, mayor a los mil millones de dólares de los trabajadores nicaragüenses lo que ha puesto el tema de la migración en el tapete de los temas económicos. El fenómeno de la migración, considerado integralmente, ha estado ausente del análisis económico. No conocemos un análisis del factor migratorio y su incidencia en la economía elaborado por el Banco Central de Nicaragua, Fideg o Funides, para citar solo algunas entidades de investigación, esperando contar con uno a corto plazo.
Un análisis pendiente a ser elaborado es cuantificar aproximadamente aquello que se deja de producir a la economía, en términos de valor, por parte de los miles de nicaragüenses que anualmente abandonan el país y lo que ha costado asistirlos y educarlos.
La aprobación del C-4 ha sido un logro sustancial en Centroamérica para la libre movilización de sus ciudadanos a través del área, excepto Costa Rica, que es precisamente a donde se canaliza el “grueso” de nuestros migrantes. Es así que en la relación Nicaragua-Costa Rica, esta es la gran ganadora puesto que además de beneficiarse de la mano de obra nica y los cobros por visa y otros, puede prescindir de ella en cualquier momento.
Dada la magnitud de la migración debiéramos contar con una dirección de atención al migrante, a nivel de viceministerio o de ente descentralizado, que tutele los derechos de los migrantes, que cuente con una bolsa de trabajo tanto para los migrantes potenciales o aquellos repatriados, así como compartir con otras entidades públicas aquellas políticas y planes que afectan directa o indirectamente el movimiento migratorio. Precisamente en estos días se debate que el gobierno costarricense tiene planeado imponer multas a todas aquellas compañías que contraten mano de obra migrante ilegal. De haber tenido relaciones normales podríamos influir parcialmente o por lo menos exponer nuestro punto de vista al respecto.
De nuestro país han emigrado más de 1.2 millones aproximadamente a Costa Rica, EE. UU., España, El Salvador, etc., que constituye una enorme pérdida de mano de obra, mucha calificada, que el país no ha estado en condiciones de absorber por la falta de creación de puestos de trabajo, no obstante los enormes recursos naturales de que estamos dotados y que por numerosas causas políticas y económicas no hemos sido capaces de explotar. Basta decir, a manera de ejemplo, que la Cepal, en el año 1995 estimó que Nicaragua podría crear seiscientos mil empleos productivos, en un plazo de seis años, adicionales al crecimiento vegetativo que se ha venido dando en el país, de conformidad con planes y programas a implementarse dentro de una planeación global y que su ausencia ha provocado la enorme emigración, de la cual los nicaragüenses no nos podemos sentir orgullosos. La contribución de los “nicas” va más allá de las labores domésticas, de construcción y del levantamiento de las cosechas, puesto que alcanza la cultura, la ciencia y la educación a nivel de post-grado. Por ello los nicaragüenses tenemos una deuda pendiente con los que emigran.
El autor es economista.