José Mujica Cordano, el presidente de Uruguay que fue reconocido como “El presidente más pobre del mundo”, entregó la Presidencia el pasado domingo 1 de marzo a su compañero de coalición Tabaré Vásquez, cumpliendo así con su mandato de cinco años (2010-2015) al frente de ese país sudamericano.
En medio de aplausos y gritos de cientos de miles de uruguayos eufóricos quienes llegaron a despedir a su querido y emblemático presidente, entró Mujica exclamando: “No me voy, estoy llegando. Me iré con el último aliento y donde esté estaré para ti”.
Como este exguerrillero alias “Comandante Facundo”, de 79 años, de origen humilde, sin preparación académica alguna , que estuvo preso por más de diez años por su militancia en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros y que en una época de su vida fue florista, logró lo que muchos gobernantes no han podido o no han querido hacer que es cambiar la forma de hacer política.
Mujica demostró que un presidente puede gobernar honrando y cumpliendo los compromisos con su pueblo, que sí se puede erradicar la pobreza y el desempleo en un país.
Pepe logró cambiar la forma de hacer política siendo él mismo, un hombre de convicciones y principios sólidos de justicia social, que siendo de izquierda, caminó por el centro y por la derecha, sin dejar de ser amigo de sus amigos, no sucumbió ante la tentación de coronarse como el ultrapoderoso, ni pretendió ser el capataz de la finca, no alucinó con el poder, ni tomó la Presidencia como tanque de oxígeno para poder respirar.
Cuando el pueblo lo puso en la silla presidencial la ocupó dignamente y cuando tuvo que dejarla lo hizo reconociendo los logros que consiguió y dando la cara por los que no pudo alcanzar, Pepe nunca necesitó invocar a difuntos para justificar sus aciertos o desatinos.
Según la Constitución de 1997 del Uruguay esta prohíbe la reelección presidencial para el periodo constitucional siguiente, permitiéndose una vez transcurrido el mismo. Mujica no descartó regresar a la Presidencia si el pueblo se lo pide, pero recordó que está por cumplir 80 años por lo que él preferiría cuidar de sus jardines y huertos junto a su inseparable compañera de vida, Lucía.
José Mujica reconoce que además de ser político es un luchador social, en varias ocasiones incitó a sus colegas que para conocer la realidad de un pueblo, “los políticos deberían de vivir como lo hace la mayoría y no vivir como lo hace la minoría, “que se puede gargantear todo lo que se quiera pero a la garganta hay que prestarle el bolsillo. Sobre todo cuando el tono central del garganteo es el mensaje de solidaridad con los más pobres, con los desvalidos y con los que quedan al costado del camino”.
Mujica dejó a Uruguay como el país menos pobre en América Latina, logró incrementar los índices de empleo en las zonas rurales a los niveles más altos en la historia de ese país, aprobó la legalización de la marihuana, el matrimonio homosexual y el aborto, leyes controversiales y muy susceptibles para el tipo de sociedad conservadora de la mayoría de países latinoamericanos, no logró concluir las reformas al sistema educativo y quedó a deber en el tema de seguridad ciudadana.
Por todo esto y más no deberían ya estar “clonando a Pepe” para tener uno de ellos en cada uno de nuestros países que tanto lo necesitan, de ser así la realidad sería otra, una muy diferente a la de hoy, será que es más viable la clonación a que los gobernantes se decidan a cambiar la forma de hacer política como lo hizo él.
¡Hasta la vista Pepe!
La autora es periodista
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A