La romería de Popoyuapa

Don Nicolás, de Diriomito, es uno de los miles de promesantes que peregrina año con año, pagando su promesa. Cuenta que trabajando en el campo se cayó de un árbol y quedó rígido, como una “tabla”. Los médicos no ofrecían otra opción que la “cuchilla”.

Mediodía del cuarto Viernes de Cuaresma. El sol cae a plomo, ardoroso y sofocante, aun con el airecito fresco que sopla en la Meseta de los Pueblos, viento que levanta el polvo del camino y que envuelve el ambiente, alimentado por las ruedas de las carretas, carretones y los pies de los peregrinos, hombres, mujeres, niños, ancianos, perros, familias enteras, que avanzan en caravana de romeros hacia el Santuario de Jesús del Rescate en Popoyuapa, a tres días de distancia, un pesado, pero fervoroso y alegre caminar.

La meta por ese momento es llegar al pozo de agua de El Coyolar, para el sesteo y almuerzo del día. Se acogen a la sombra generosa de los patios de los vecinos, de los árboles a la vera del camino, se desenganchan las bestias, se les da de comer de los atados de guate, zacate, que forman el toldo de la carreta; se sacan a estirar las patas a las gallinas, que en canastos van de provisión para el camino. Las familias almuerzan. Cuento 87 carretas en el sitio. La mayoría salieron a la seis de la mañana de comarcas y pueblos de Masaya y de la Meseta: Diriomito, Valle de la Laguna, Las Pilas, Masaya… han convergido en este camino rural, antigua ruta de Masaya y de los pueblos hacia Rivas, el Valle de Nicaragua. Pasan por Pochotillo, El Coyolar, El Arroyo, hasta llegar a pernoctar al río Cabezas. El deleite del agua, la meta siempre es un sitio adonde personas y animales puedan saciar la sed y refrescarse. Bendición de Dios en la Naturaleza, tristemente desperdiciada por la irracionalidad humana. El sábado por la noche pasan por el río Ochomogo, para encontrarse al amanecer del domingo en el río Gil González con las caravanas que bajan de otros sitios de Granada y Carazo y desfilar todos hacia el santuario de Popoyuapa.

Don Nicolás, de Diriomito, es uno de los miles de promesantes que peregrina año con año, pagando su promesa. Cuenta que trabajando en el campo se cayó de un árbol y quedó rígido, como una “tabla”. Los médicos no ofrecían otra opción que la “cuchilla”. La esposa no quiso permitirlo, por miedo a que muriera en la cirugía; el papá lo llevó adonde un “sobador” en Diriomo, quien decía que quedaría en silla de ruedas. Su abuelita lo encomendó a Jesús del Rescate y ofreció hacerle un viaje a pie si lo curaba, un mes después de la promesa empezó a caminar. Cumplió lo prometido e hizo con su abuela el viaje a pie hasta Popoyuapa. De eso son ya muchos años y desde entonces viaja con su familia en la caravana de carretas y carretones.

Jesús del Rescate es la advocación del Nazareno al ser presentado prisionero ante Pilatos. Rescate se llamaba al dinero que debía ser pagado a los moros por la liberación de cristianos caídos prisioneros. En la simbología cristiana, Cristo rescata a la humanidad de la prisión del pecado con el precio de su vida.

En nuestras tradiciones nicaragüenses es frecuente alguna raíz indígena. Se dice que en Popoyuapa existió un santuario dedicado a Ehécatl, dios de los vientos, y allí se le ofrendaba para que amarrara a los fuertes vientos. Indicios de un antiguo sincretismo. La imagen de Jesús del Rescate se representa amarrada.

Caminan por siglos los romeros, a pie y en sus carretas. Demuestran una recia voluntad en el cumplimiento de la palabra empeñada. Jesús les cumplió, ellos cumplen su trato con Jesús. Es la fe primigenia. Sin elaboraciones teológicas.

El autor es sociólogo

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