Genocidio en los Alpes

¿Cómo se le puede llamar a la muerte instantánea de 149 personas inocentes por culpa de un piloto que tiene ganas de suicidarse, pero en el proceso decide llevarse de encuentro a 149 pasajeros y tripulantes estrellando un avión A 320 contra los escarpados picos de los Alpes franceses? ¿Cómo se le podría llamar al […]

¿Cómo se le puede llamar a la muerte instantánea de 149 personas inocentes por culpa de un piloto que tiene ganas de suicidarse, pero en el proceso decide llevarse de encuentro a 149 pasajeros y tripulantes estrellando un avión A 320 contra los escarpados picos de los Alpes franceses?

¿Cómo se le podría llamar al acto de un piloto que en lugar de salvaguardar la vida de sus pasajeros, resulta ser su primera amenaza?

No fue el mal tiempo, ni el estado mecánico del avión, ni un error humano, lo que terminó con la vida preciosa de 149 pasajeros del vuelo 9525 de Germanwings, sino el despiadado y planificado plan del copiloto Andreas Lubitz, quien aprovechando un momento en que el capitán salió al baño, enllavó la puerta y programó el piloto automático para que el avión bajara de 38,000 pies que era su altura de crucero a escasos 100 pies.

En vano fueron todos los heroicos esfuerzos del piloto para regresar a la cabina en esos ocho aterradores minutos que dura la grabación de voz durante el abrupto descenso, incluso, el desesperado intento de derribar la puerta para tratar de recuperar el control del avión.

Como todos sabemos, tras los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre del 2001, las puertas de todas las cabinas en los aviones modernos fueron reforzadas por temor al terrorismo, lo que nunca esperaron los técnicos que diseñaron las puertas es que la amenaza estuviera precisamente dentro de la cabina de mando y no de afuera.

Ahora sabemos que Andreas Lubitz estaba “incapacitado” para volar el avión porque los investigadores encontraron en la basura de su apartamento una nota de un médico que lo atendió recientemente, aparentemente por un trastorno mental, según fuentes del New York Times y el Wall Street Journal. La nota le prohibía al paciente ir a su trabajo y le recomendaba tomar un descanso, incluso el propio fatídico día en que estrelló el avión contra los Alpes franceses.

El joven piloto escondió su enfermedad detrás de su agradable sonrisa y no dio parte de su situación de salud mental a sus empleadores, la afamada línea aérea alemana Lufthansa.

Siguiendo paso a paso las investigaciones de la extraordinaria cobertura de CNN, no puedo más que pensar que el médico que atendió a Lubitz no deja de tener cierta responsabilidad en todo esto, porque las únicas dos personas que sabían de la situación mental del desalmado copiloto eran el médico que constata su situación y el propio paciente.

Pero en este caso, aparentemente la enfermedad no es física sino mental y la vida de 149 personas está en las manos de este demente, entonces el médico no debió haber confiado en que Andreas Lubitz iba a ir tranquilamente a la Lufthansa a mostrar la orden médica de que estaba “incapacitado” para volar.

¿Qué hizo el paciente con la nota del doctor?… la rompió, la echó en el cesto de la basura y en cuanto se le presentó la primera oportunidad, se enllavó en la cabina para cometer un crimen de tal magnitud que solo se puede catalogar como genocidio.

Jamás podría decirse que es un suicidio, tal como dijo el fiscal de Marsella, Brice Robin, quien detalló paso a paso los sonidos que se escucharon durante los 8 aterradores minutos que duró el descenso, que terminaron con los gritos desgarradores de los pasajeros, cuando se percataron que el avión se iba a estrellar contra la montaña. No hubo “error humano”, ni fue un accidente, fue deliberado: el copiloto quería destruir el avión, señaló Robin.

Como respuesta a este caso aterrador, las líneas aéreas del mundo están tomando el ejemplo de American Airlines, que tiene como política que siempre deben haber dos personas en la cabina para evitar la posibilidad de que un piloto sufra un infarto y ocasione un accidente, o que un nuevo Andreas Lubitz pueda volver a tomar el control de un avión sin que nadie pueda hacer nada, antes de que lo estrelle.

Incluso, se ha comenzado a retomar la idea de vuelos sin pilotos, es decir totalmente automatizados. ¿Se montaría usted en un avión robótico para evitar el riesgo siempre presente del “factor humano”, ya sea accidental o deliberado?

El autor es diputado de la Bancada del PLI y presidente de la Comisión de Turismo

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