Más de 2,000 agentes de la Policía Nacional de Honduras han sido destituidos en los dos últimos años como parte de un proceso de depuración de la institución iniciado en 2011, informó hoy una fuente oficial.
«Han dejado la fuerza policial más de 2,000 personas que han formado parte de la carrera», indicó a periodistas el titular de la Dirección de Investigación y Evaluación de la Carrera Policial (DIECP), Eduardo Villanueva.
Agregó que la mayoría de los agentes, cuya cifra no precisó, reprobaron las polémicas pruebas de confianza, que incluyen el polígrafo, toxicológica, psicométrica y la patrimonial.
Otro menor número de policías fueron destituidos por abandonar el cargo, por cometer faltas graves, no precisadas, y no cumplir con sus obligaciones, señaló sin más precisiones Villanueva.
La depuración de la Policía hondureña se inició en noviembre de 2011 tras el asesinato de dos jóvenes universitarios, uno de ellos hijo de la rectora de la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), Julieta Castellanos.
En diciembre de 2013, el Supremo hondureño condenó a penas que oscilan entre 58 y 66 años de cárcel a cuatro expolicías, tras hallarlos culpables de Rafael Alejandro Vargas, hijo de Castellanos, y su amigo Carlos Pineda.
Desde hace años la Policía Nacional ha sido vinculada al tráfico de drogas, el robo de vehículos y violaciones a los derechos humanos, incluidos asesinatos, entre otros delitos.
La violencia causada por el crimen organizado y el narcotráfico es uno de los principales problemas de Honduras, donde a diario mueren, en promedio, más de trece personas, según cifras oficiales.