El profesor Salvador Ampié se vistió de pantalón gris y una camisa a la que le recogió las mangas hasta el codo para la entrevista. Parece que daría una clase como en sus tiempos de maestro, allá por los años 50 y adelante.
Como si de una clase se tratara, lee la hoja que está tachada debajo del título con corrector. “El castigo y el premio”, así tituló su texto que lee con tono de orador. Modula la voz y primero dice que el castigo, la tajona y los castigos físicos, en los niños son una forma tradicional de disciplina.
Allá por los años 50, el profesor Salvador estaba empezando a dar clases en la Escuela Anexa a la Escuela Normal de Varones en Jinotepe. Le tocó dar clases en un grupo de quinto grado y así fue como por primera vez agarró una regla de madera, de aquellas grandes y pesadas, y le tocó aplicar el primer castigo a uno de sus alumnos. Un alborotador que intentaba romper con la disciplina de su salón.
Durante año y medio que dio clases en ese salón, al profesor Salvador le tocó aplicar reglazos y “palmadas” a sus estudiantes que no cumplían con las reglas del salón. Pero no con saña, aclara.
“En mi época como maestro de primaria, la disciplina era tan valorada que los padres y madres de familia le solicitaban castigo para sus hijos. Hablamos de las épocas del 50 y del 60”, sigue leyendo Ampié, en el papel, sin inmutarse por las moscas que lo acechan por momentos.
El debate sobre el castigo corporal y la severidad con que se aplica lleva muchos años en el país. Esta semana entró en vigencia el Código de la Familia que pone freno a esas formas de castigo que dejaron marcas en la piel y la memoria de miles de niños a lo largo de la historia.
El diputado Carlos Emilio López es uno de los que ha defendido la idea de que se debe castigar a quienes apliquen esas severas sanciones a los niños.
López recuerda que él también sufrió castigo corporal. “En un colegio privado donde yo estudié, poníamos las manos en la pared y las piernas separadas, ese era un tipo de castigo. Otro era que los que se portaban mal no tenían derecho de salir al mediodía y no podíamos ir a comer a las casas”, recuerda el diputado.
En algún tiempo también existieron profesores que tiraban borradores, tizas o lo que encontraran contra los alumnos que no ponían atención, o aquellos que gustaban de pegar con el borde de una regla en los nudillos o las palmas de las manos.
Y un ejemplo más cercano, la profesora Nelly Márquez de Alonso, exdirectora del kínder María Montessori, aparece en un vídeo ampliamente difundido en redes sociales, colocando un basurero en la cabeza de un niño. “A él le gusta estar sacando la comida de la basura. Ya que le gusta tanto va a tener el sombrero”, le explica a los niños la maestra que después de varias semanas de condenas en redes sociales recibió como tiro de gracia el cierre de su preescolar que llevaba 45 años funcionando.
La medida fue correcta, dice la procuradora de la niñez, Martha Toruño, pues al menos a ella le parece que el preescolar, que también era una casa de habitación, no prestaba las condiciones para la enseñanza de educación inicial.
Toruño es una de las personas más populares del momento. Lleva semanas enteras dando declaraciones a los medios de comunicación para explicar el daño psicológico que provoca el castigo corporal. “Estoy de moda”, dice con una sonrisa.
Esa mañana estuvo recibiendo mensajes de texto y llamadas de muchas personas que querían poner denuncias o que simplemente querían explicar las razones por las cuales consideran que el castigo corporal es necesario.
“Tenía ocho mensajes de texto de una persona sobre la Biblia. Las últimas patadas de ahogado. Que si la vara y no sé qué… Diga lo que diga la Biblia, está prohibido”, sentencia.
Toruño es madre de cinco hijos y recuerda muy bien que en algún momento le pegó a sus niños para establecer su jerarquía sobre ellos, porque dice que su abuela siempre intentó desautorizarla y la forma en que intentó recuperar su autoridad, fue mediante el golpe.
“A veces los padres de familia castigan a los niños sin causa. A veces les pegan un día por cosas que les permitieron antes”, explica la procuradora y agrega que “esa gente aprendió así. Los que fueron educados de esa manera creen que no hay otra forma de educación. Además no estamos hablando de una cosa sencilla. Estamos hablando de prácticas históricas. No le puedo dar fecha de cuándo empezó esto. Esto comenzó cuando comenzó. A mi papa y mi mama les pegaron y ellos me enseñaron así y yo también”.

El profesor Salvador Ampié cree que el problema del castigo corporal es que se llevó al extremo, “como todo en Nicaragua”, comenta.
La sesión se pausa un momento. “La que está entrando es la profesora Violeta Sánchez Leiva, educadora de Jinotepe, de 56 años de servicio”, presenta el maestro a una de sus colegas.
“Es maestra del grado más difícil que existe, según la pedagogía, el primer grado”.
Su carrera como profesora, Leiva la inició a sus 17 años. La primaria fue todo un reto y recuerda que en un principio le daba temor la enseñanza.

“En varias ocasiones tuve que usar la regla con mis alumnos de quinto grado. Solo un año fui maestro de primaria. Después pasé a ser profesor de la Escuela Normal. En la secundaria no se usaba el castigo al alumno”.
Salvador Ampié, exprofesor de primaria y secundaria.
“El primer día hasta eché mis lágrimas porque me sentía el mundo al revés”, cuenta la maestra. Cuatro años después aplicó su primer castigo corporal. Una palmadita a un niño que no hacía caso. Pero aclara que nunca usó una regla para castigarlos. Solo les daba esas palmaditas cuando se portaban mal y tampoco eran severas.
“Yo tenía un grupo de padres que decían, castíguelos profesora que yo no me enojo. Porque tenía unos niños que eran demasiado indisciplinados”, recuerda Leiva.
El diputado López dice que el Código de la Familia que recién entró en vigencia busca cómo cambiar la cultura de violencia que por siglos ha estado presente en Nicaragua y que en su lugar se pueda instaurar una cultura de paz dentro de la familia.
“Han habido cambios. Hay testimonios de padres, de madres que dicen de que han mejorado las relaciones a lo interno de las familias. Ellos propinaban golpes porque a ellos les dieron golpes y creían que era la forma de educar y creyeron que era la forma correcta. Y hay testimonios de niños y de niñas que dicen que se sienten mejor con esta forma de enseñanza y los maestros dicen que ahora se ha logrado una mayor retención escolar”, explica el legislador.
En su experiencia, la procuradora de la niñez, ha podido comprobar que las personas que no reciben castigo corporal, son más felices, dice ella.
De sus cinco hijos, a la menor la considera “su mejor hija”, pues además que no aplicó ningún tipo de castigo corporal, ha logrado ver que es una muchacha inteligente, capaz, y activa, según la describe.
“La gente tiene que entender que hay otras formas de educar. Tenemos que proyectar las otras formas que no se han proyectado porque parece que a veces pegar es la única manera de educar niños y no es cierto”, dice Toruño.

“Di sus palmaditas pero no usé regla para castigar. Ahora se prohíbe castigar a los alumnos pero tenía un grupo de padres que me decían que castigara a los niños porque eran demasiado indisciplinados”.
Violeta Leiva, exprofesora de primaria.
Agrega que las personas que son educadas sin violencia son personas que tienden a contribuir más a la sociedad y que sienten mayor respeto por los derechos de los demás. Por ello considera necesario que se logre un cambio en los métodos de educación.
Aunque el diputado López dice que al menos tardará unos veinte años más para que se puedan ver cambios más profundos en la sociedad actual.
“Las personas tienen que darse cuenta que si ellos fueron castigados, esa fue una parte negativa de su vida. Que esa vida pudo haber sido mejor. Y que como eso no se puede resolver, al menos no reproducirlo para las nuevas generaciones”, recomienda Toruño.
Hace más de veinte días. Al profesor Álvaro Ampié lo invitaron a una reunión de exalumnos de las escuelas normales donde se encontró con sus viejos estudiantes. Aquellos alborotadores que recibieron reglazos de parte del educador por no atender a los llamados de atención.
Dice el profesor que en aquel lugar solo hubo abrazos, saludos, apretones de manos y todo tipo de cordiales de parte de esos sus exestudiantes que lograron llegar a cargos como embajadores, diputados, vicerrectores de universidades y profesores.
“Ahí estaba el embajador, ahí estaba el que era vicerrector de la UNAN Managua, otros funcionarios y todos ellos reconocieron: se acuerda profesor cuando usted se ponía en la puerta a la hora de entrada. Todos entraban con disciplina y nadie se sentaba hasta que usted tomaba el asiento”, recuerda el maestro Ampié.
“Ellos dicen que por mi forma de enseñar están en buenos puestos. No es lo que yo digo, no lo pongás en mi boca. Eso es lo que ellos dicen”, concluye el maestro.
LO QUE DICE EL CÓDIGO DE LA FAMILIA
El artículo 280 del Código de la Familia establece: “El padre, madre, o en su caso otros miembros de la familia, tutores u otras personas encargadas legalmente del hijo o la hija, tienen la responsabilidad, el derecho y el deber de impartir, en consonancia con la evolución de sus facultades, la dirección y orientación apropiadas de sus representados, sin que se ponga en riesgo la salud, integridad física, psicológica y dignidad personal de los mismos y bajo ninguna circunstancia se utilizará el castigo físico o cualquier tipo de trato humillante como forma de corrección o disciplina.
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