Perra vida

¿Cómo se siente Juan? Es la pregunta que sugiere al lector la suma de vivencias que relata en su libro sobre la guerra: Perra vida. La calificación promueve el interés de seguirlo desde que nace hasta concluir con el desenlace absolutamente feliz de encontrar a su madre en la pompa sencilla pero amorosa del beso que sella el final de una aventura inútil en que la “guerra no es ninguna victoria”. Juan Sobalvarro es el vocero propio de su dolor desde que ingresó al Servicio Militar en la década de los ochenta.

¿Cómo se siente Juan? Es la pregunta que sugiere al lector la suma de vivencias que relata en su libro sobre la guerra: Perra vida. La calificación promueve el interés de seguirlo desde que nace hasta concluir con el desenlace absolutamente feliz de encontrar a su madre en la pompa sencilla pero amorosa del beso que sella el final de una aventura inútil en que la “guerra no es ninguna victoria”. Juan Sobalvarro es el vocero propio de su dolor desde que ingresó al Servicio Militar en la década de los ochenta.

La descripción tiene el mérito gigantesco de la sinceridad, de exponerlo todo con el lenguaje peculiar y crudo de los chavalos, sacrificados, indignados por las ansias de poder de los comandantes (la cúpula) ilesos ante el peligro de la confrontación bélica, beneficiarios del jugoso privilegio, realidades que confirman aquella expresión sabia y popular “el vivo al bollo y el muerto al hoyo”.

Loable es la credibilidad, evidente en cada párrafo moldeado por la sangre expuesta a ser derramada en cualquier circunstancia prevista, por el hecho de comparecer en la sucesión irrefrenable del fragor donde fácilmente estalla la pólvora, donde vuelan los tiros en picada desde las montañas, donde sirven de guardianas de la noche las alas intrusas de los aviones, las incursiones rutinarias de los helicópteros, en fin… Digna de ser reconocida la valentía de contarlo sin dejar en el vacío ninguna posibilidad de conveniente ocultamiento de los hechos, todo expuesto para que las generaciones entiendan —comprendan— cómo fue cargada de terribilidad la época y todo lo que transcurrió en el trayecto de un criminal quebranto de tiempo. Nombres y apellidos propios circulan en las páginas del libro. No existe ningún apelativo fantaseado, lo cual fortalece a un testimonio que no solo es individual del autor, sino del resto de adoloridos que pasaron por donde la desesperación puede concluir con el suicidio. El manifestante sufrió la reducción radical de la impotencia con deseos vehementes de llorar. Perra vida se caracteriza por ser leal en su contenido, algo que en literatura se conoce como “naturalismo”. La forma natural de expresarlo y de dejar las huellas de la angustia propia no valorada por los atavismos de la retórica, rebasando los límites de la ira, evadiendo la hipocresía cuando se sacrifica a la veracidad en nombre del puritanismo que tanto daño ha causado a la literatura, incluso opuesto al idealismo que a veces esconde a la oscuridad, a las referencias repugnantes. Esta tendencia la encuentro al abordar el positivismo de Comte al analizar la experimentación de los fenómenos patológicos espulgados con la intención de no dejar pendiente ninguno de los hilos comunicantes de la desgracia. Cela pinta el drama de una forma más escalofriante en el modelo que hace del naturalismo. Mario su personaje, no pasó de arrastrarse por el suelo como si fuera una culebra, tirado por el suelo. En algunos pasajes comparativos la adversidad de Mario se parece a la de Juan.

El mundo no ha tenido un minuto de paz ni cuando el silencio suspira en las cerros. La guerra desaparece en un escenario y vuelve de terca a instalarse en otro sin que tanta irracional obstinación haya tenido el efecto de ninguna solución… De ahí que sea de indudable utilidad leer el testimonio de Juan Sobalvarro, escrito por una pluma en llagas.
El autor es periodista

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