Los tres jonrones de Justo Rivas reviven viejos recuerdos

La bestia despertó. Justo Rivas, quien para muchos ha sacrificado poder por tacto, el pasado domingo dio una muestra contundente de su fuerza, al sacar tres pelotas en el estadio más difícil para hacerlo en nuestro beisbol, el de León.

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La bestia despertó. Justo Rivas, quien para muchos ha sacrificado poder por tacto, el pasado domingo dio una muestra contundente de su fuerza, al sacar tres pelotas en el estadio más difícil para hacerlo en nuestro beisbol, el de León.

Justo fue protagonista del juego número 53 de tres o más cuadrangulares en los 45 años de la era moderna de los campeonatos nacionales de beisbol.

Para el artillero de Masaya fue su primer partido de este tipo. El rivense Ramón Padilla tiene la marca con seis juegos de tres o más vuelacercas. No obstante, en un solo encuentro, el chinandegano Rafael Valle tuvo un día de fantasía al disparar cinco jonrones el 2 de mayo de 1978 en Estelí.

En la temporada de 1976, los rivenses Miguel Jiménez y Eduardo Holmann llegaron a Carazo y le robaron la inspiración a Pedro Selva. El primero pegó cuatro jonrones y el segundo lo siguió con tres.

Otro juego de ese calibre no se ha repetido. Lo más cercano pasó el 30 de abril de 1978, Roberto Espinoza y David Green, de apenas 17 años de edad, tumbaron la cerca tres veces cada uno en el Estadio Nacional.

Junto con Jiménez, Ernesto López es el otro bateador de cuatro proyectiles en un juego. Sin embargo, “El Tiburón” tiene su propia marca, porque es el único de tres jonrones en un duelo de Serie Final, el 4 de septiembre de 1977 en el Estadio Nacional, sacando la pelota por cada uno de los tres jardines.

¿Cuántas carreras se pueden empujar en un juego de tres vuelacercas? El granadino Luis Fierro tiene la respuesta: 10, el 26 de abril de 1981 en Boaco, amparado en dos jonrones con las bases llenas.

Nueve bateadores han dado dos cuadrangulares en un inning, pero solo tres de ellos pudieron agregar un vuelacercas más para totalizar tres en todo el juego: Orlando Ocampo, Stanley Loáisiga y Edgard López.

En la última temporada del bate de aluminio, Francisco Miranda fue capaz de reunir dos juegos de tres jonrones en un período de 11 días. El primero lo consiguió el 23 de enero de 1999 y el segundo el 3 de febrero.

Juan Vicente López solo pudo lograr un juego de tres explosiones —el 18 de febrero de 1999—, pero cinco días después tuvo un partido de dos Grand Slams (jonrones con bases llenas).

Pero quizá lo más curioso de estos juegos ocurrió el 20 de marzo de 1991 en Matagalpa, cuando Orlando Ocampo, del Bóer, coleccionó tres cuadrangulares en el primero de un doble juego y en el desafío de fondo, Javier Espinoza, de los matagalpinos, respondió con tres jonrones.

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