Oigan: Nicaragua necesita un futuro

Nicaragua ha entrado en una cuenta regresiva sin retorno. El proceso de envejecimiento se está acelerando y en veinte años más el país arribará a la fase plena o avanzada del envejecimiento de su población. Esto significa que nuestro país alcanzará, en un reducido lapso de tiempo, un punto crucial del proceso de transición demográfica, al cual los países desarrollados solo arribaron después de casi un siglo.

Nicaragua ha entrado en una cuenta regresiva sin retorno. El proceso de envejecimiento se está acelerando y en veinte años más el país arribará a la fase plena o avanzada del envejecimiento de su población. Esto significa que nuestro país alcanzará, en un reducido lapso de tiempo, un punto crucial del proceso de transición demográfica, al cual los países desarrollados solo arribaron después de casi un siglo.

Al arribar a este punto el proceso de envejecimiento, lejos de tornarse más lento, se acelerará todavía más, adquiriendo velocidad de crucero. Poco más de diez años después, el país ya exhibirá el mismo grado de envejecimiento que los países europeos en la actualidad.

En ese momento, cuando los adultos mayores representarán el mismo porcentaje de la población que representan actualmente en Europa, los jóvenes nicaragüenses que habitan hoy nuestro país se habrán convertido, para entonces, en la aplastante mayoría de los adultos mayores.

Lo más grave, si hoy existen cerca de 12 personas en edad económicamente activa capaz de sostener a cada adulto mayor, para entonces ese número se habrá reducido a dos.

Para que este porcentaje creciente de personas mayores pueda disfrutar de una vejez sin las angustias de la pobreza, y para que el país pueda atender los costos de atención en salud, que en las personas mayores se incrementan considerablemente, se debería promover, desde ahora, un proceso de acelerada transformación de la estructura productiva y de la canasta exportadora del país.

Esto implica la necesidad de que la economía se diversifique, con la debida rapidez, mediante la agresiva promoción de nuevas actividades dinámicas, de mayor complejidad tecnológica, que generen porcentajes cada vez mayores del empleo; esto es, que proporcionen a la creciente fuerza de trabajo derivada del bono demográfico y de género, empleos de creciente calidad y remuneración.

Esto a su vez significa que la economía, en lugar de generar predominantemente empleos de bajísima productividad como hasta ahora, comenzará a experimentar una profunda metamorfosis en la estructura del empleo, la cual se inclinará cada vez mas en dirección de los empleos de alta productividad, hasta lograr que la mayor parte de los empleos totales sean empleos de productividad elevada y creciente.

Dado que la productividad media de la economía es un promedio ponderado, la cual depende en lo fundamental de la productividad de las actividades que generan la mayor parte del empleo, el hecho de que porcentajes cada vez mas elevados del empleo total correspondan a empleos de creciente productividad se traducirá en un acelerado ritmo de crecimiento de la productividad agregada y del ingreso per cápita.

El incremento sistemático de la productividad a lo largo del tiempo resulta clave, porque es la única manera en que un número más reducido de personas en edades productivas será capaz de generar los (crecientes) recursos necesarios para sostenerse a sí mismas, incrementando su nivel de vida, y a la vez sostener niveles de vida también crecientes para el número en ascenso de adultos mayores.

Por tanto la posibilidad de que Nicaragua tenga un futuro distinto, depende de las oportunidades que tengan hoy las personas —los niños, los jóvenes, los adultos y las mujeres— para desarrollar y desplegar plenamente sus potencialidades, y en particular, de que la creciente fuerza de trabajo encuentre empleos de creciente calidad, que hagan posible una vida más plena y digna.

Este proceso de transformación estructural, en la medida en que se traduzca en un incremento acelerado y sistemático de la productividad y el ingreso per cápita a lo largo de varias décadas consecutivas, permitirá enfrentar los enormes desafíos del proceso de envejecimiento, en mejores condiciones.

Las élites de este país, mientras tanto, quizá puedan explicarnos por qué se encrispan en defender el poder y los privilegios que ya han alcanzado, y se desvinculan de la posibilidad de establecer un proceso deliberativo y democrático de construcción de consensos, que apunte a discutir, de manera muy seria, la manera en que nuestro país, a través de la acción concertada de los nicaragüenses, podrá enfrentar de la mejor manera estos desafíos.

*Economista
acevedo@ibw.com.ni