El hijo de cubanos busca la Casa Blanca

De niño, Marco Rubio le decía a su abuelo, un exiliado cubano, que algún día derrocaría a Fidel Castro y sería presidente de Cuba. Hoy su ambición sigue siendo voraz: quiere ser el primer mandatario latino de Estados Unidos.

De niño, Marco Rubio le decía a su abuelo, un exiliado cubano, que algún día derrocaría a Fidel Castro y sería presidente de Cuba. Hoy su ambición sigue siendo voraz: quiere ser el primer mandatario latino de Estados Unidos.

Así lo anunció ayer el joven senador de origen hispano, el tercer candidato republicano por la Casa Blanca, un día después de que la demócrata Hillary Clinton, exsecretaria de Estado, anunciara sus ambiciones.

Rubio aseguró ante una multitud de simpatizantes en la Torre de la Libertad de Miami (símbolo del exilio cubano en esta ciudad) que la Casa Blanca no está reservada para los ricos y poderosos y que él, como hijo de un cantinero y una empleada de limpieza cubanos que se abrieron camino en Estados Unidos, tiene la misma posibilidad de convertirse en el próximo presidente que quienes provienen de familias poderosas y privilegiadas.

Sus padres salieron de Cuba en 1956 para escapar de la pobreza. Años después del arribo al poder de Fidel Castro en 1959, su familia decidió no regresar más a Cuba, un país que Rubio no conoce, pero que es el hilo conductor de su vida, cuyas ambiciones, dice, son las mismas de generaciones de exiliados que buscaron recomponer sus vidas en EE. UU.

«En este país ustedes van a poder lograr todas las cosas que nosotros no pudimos». Marco Rubio, en español, al recordar una frase de su padre, y en un guiño a los hispanohablantes. Habla fluido español e inglés, ventaja para el partido republicano, abandonado por los votantes latinos.

PRESIDENTE DEL SIGLO XXI

Prometió devolver el rumbo a EE. UU. para que se vuelva a posicionar como “líder mundial”. “Muchos de nuestros líderes y sus ideas están estancadas en el siglo XX, mientras que nuestra gente y la economía están empujando la barrera del siglo XXI”.

Sus palabras parecieron dirigidas a dos de sus posibles contrincantes: Clinton, a quien no mencionó específicamente, pero de quien se refirió como una “candidata del pasado”, y el republicano Jeb Bush, hijo y hermano de expresidentes, y de quien se espera anuncie sus aspiraciones presidenciales.

El acérrimo detractor de los acercamientos desde diciembre entre Cuba y EE. UU. lamentó la “indiferencia” ante la violación de los derechos humanos en “Cuba y Venezuela”.

Contrario al matrimonio homosexual y al aborto, Rubio reiteró en su discurso su llamado a reemplazar el “Obamacare”, la Ley de salud oficial y su rechazo a las políticas tributarias y educativas de Obama.

Rubio, quien llamó a “modernizar la leyes de inmigración”, es uno de los objetivos de activistas y defensores de los inmigrantes, que se manifestaron frente a la Torre de la Libertad a la misma hora que pronunciaba su discurso. Le recordaron su disgusto desde que a mediados de 2013 aprobara en el Senado junto con otros republicanos y demócratas una reforma migratoria, de la cual se distanció luego para acercarse a la base más conservadora de su partido.

Paralelo al evento, opositores a su campaña emitieron los primeros mensajes de televisión, en los que le critican su rechazo al apoyo de los estudiantes indocumentados o “dreamers” y advierten de sus posturas “extremas” y peligrosas”.

UNA CAMPAÑA DIFERENTE

Hillary Clinton cruzaba ayer el medio este del país en su furgoneta “Scooby Doo”, en el primer día de una campaña. El domingo emprendió un viaje por carretera de 1,600 kilómetros entre su casa en Chappaqua (Nueva York) y Iowa, Estado clave y cargado de simbolismo, pues es el primero que vota y con su “caucus” comienza oficialmente el proceso electoral.

Su equipo de campaña, integrado en buena medida por los artífices de la victoria de Barack Obama en 2008, se ha concentrado en diseñar una estrategia opuesta a la de entonces y presentar a una candidata cercana al ciudadano.

Clinton vuelve a partir como favorita y ahora ninguno de sus potenciales oponentes demócratas tiene posibilidades reales, por eso sus asesores quieren evitar a toda costa que la campaña se perciba como una “coronación”, como muchos criticaron en 2008.

De momento, Obama no la respaldará formalmente porque es posible que aparezcan más aspirantes demócratas, incluidos otros de sus “amigos”, dijo el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.