La ruralidad nicaragüense afronta uno de los mayores retos y desafíos hoy en la sociedad moderna, debido a los constantes cambios que enfrentan las familias rurales y las variantes en la economía nacional que influyen en el desarrollo de nuestra ruralidad. El espacio rural en forma creciente se vuelve cada vez multifuncional, favoreciendo a la diversidad de actividades económica alternativas, que van estrechamente ligadas con la naturaleza como la de servicios, el turismo rural comunitario, la recreación y otras de carácter residencial.
La nueva ruralidad observa una disminución “agraria”, pero no por eso menos dinámica y activa. Desde el punto de vista económico, significa trasladarse desde una economía agraria hacia el desarrollo de una economía rural; confirmando una vez más al turismo rural comunitario como una estrategia de intervención válida, sostenible y sustentable para el medio rural y en especial para la agricultura familiar, asociativa, comunitaria y campesina.
El turismo rural comunitario es un elemento complementario de las actividades de carácter tradicional, como la agricultura, ganadería, artesanía, dinamizando las economías locales. No obstante, el desarrollo de esta actividad se enfrenta a una serie de retos y desafíos, entre los cuales está la infraestructura necesaria (alojamiento, caminos, agua potable, comunicaciones, electricidad, recolección de basura), la cual es insuficiente y en algunos casos inexistentes. Otro obstáculo es la insuficiente formación técnica y profesional en las zonas rurales, donde la prioridad debe radicar en la formación y profesionalización del personal el cual pueda responder a los diferentes gustos, preferencias y comportamiento cultural de los turistas.
Otra problemática es el insuficiente apoyo institucional para desarrollar, promover el turismo rural comunitario (políticas, planes, programas, promoción, difusión, regulaciones y estructura organizacional) y ello es producto de la falta de la aplicación de la Ley 835 que establece la creación de la oficina de TRC, o sostenible, y la funcionalidad del Comité de Desarrollo Turístico que atiende específicamente esta actividad.
Todo lo anterior nos debe llevar a realizar un diagnóstico sobre la actividad turística rural y comunitaria, para poder evaluar la situación actual en la que se encuentra y las posibles potencialidades que se presentan para impulsarla, elementos que propiciarían una evaluación efectiva y darían pasos a escenarios políticos, económicos y sociales para su desarrollo.
En Nicaragua se avizora un desarrollo económico y social como por ejemplo en la zona Golfo de Fonseca con la apertura de la firma de un convenio trinacional para el aprovechamiento turístico del Golfo, y la inclusión del occidente del país, Pero además dentro de los planes de desarrollo, en la zona Caribe y costa sur de Nicaragua, la construcción del Canal Interoceánico pudiera ser aprovechada de una manera positiva para el impulso de las zonas rurales, las que han estado en el olvido; todo ello mediante una “planificación estratégica de desarrollo rural, en un sentido amplio”, lo que implica un crecimiento económico sostenible, un cambio estructural dirigido a mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la población local, creando puestos de empleo y mejora de la calidad de vida, todo compatible con la preservación del medio y el uso sostenible de los recursos naturales, no descuidando tres aspectos de suma importancia:
Desarrollo rural endógeno, creando infraestructuras básicas, promover la inversión y conservar los espacios naturales.
Desarrollo rural integrado, promoviendo formas potenciales de aprovechamiento de los recursos existentes y mejorar la calidad de vida, a través de la diversificación de la actividad agrícola, sin perder la identidad cultural, y el equilibrio territorial y ecológico.
Desarrollo rural con enfoque local, trabajar en un esfuerzo de concertación y planificación, emprendido por los actores locales con el fin de valorizar los recursos humanos y materiales de un territorio, manteniendo un diálogo constante.
Para lograrlo se necesita de una planificación estratégica de desarrollo comunitario, capaz de producir políticas de incentivo a los micro-empresarios rurales, la participación inclusiva de la comunidad local, las ONGs, gobiernos y autoridades locales, redes de turismo nacionales, ministerios y del Gobierno Central; convirtiéndose de esta manera el Turismo Rural Comunitario en un modelo de desarrollo local, y no en una actividad meramente turística, sino en una verdadera alternativa de desarrollo para nuestro país.
El autor es especialista en Turismo Rural Comunitario.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A