Ese día el médico estaba meditabundo, cuando de pronto llamaron a su consultorio, hizo entrar a la paciente. El médico examinaba la mano izquierda de la dama, tenía el dedo índice amputado. ¿Qué fue lo que sucedió, señora Patricia? Mi esposo, respondió, la mujer, discutimos y me arrancó el dedo de un mordisco. Eso fue lo que pasó. Discúlpeme que me entrometa, pero como profesional debo decirle. ¿Hizo la denuncia en la policía o fue ante el juez? La dama sonrió con malicia, no dijo nada. Dos pisos más abajo, en la morgue del hospital, el forense extraía un dedo de la garganta del hombre muerto, escribió su informe: Causa de muerte: Asfixia por obstrucción. Él solo se mató.
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