Juana con sus 80 años y vive en un Hogar de Ancianos. Es una de las tantas señoras olvidadas, como si fuera pecado envejecer. Sin embargo, en los días que está triste, se dirige a sus aposentos, saca de una caja algo y se lo lleva a su rostro, este se le ilumina como un sol y sonríe tiernamente. Roberto ese día no resistió preguntarle qué había en la caja. Es el mejor regalo que me han dado, Hace tres años mi nieta Lucía, quien en ese entonces tenía 8 años. Me contó que allí venían unos caramelos con envoltura de aluminio y que, como la caja es muy bonita, decidió llenarla también de mucho amor, esperanza, besos, para los días en que no podía venir a ver a su abuela, expresó doña Juana. Ese día fue la última vez que la vi, pero aquí tengo su terneza que me acompañan y me dan vida.
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