LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Conociendo verdaderamente a Jesús

Somos muy dados a calificar a los demás por lo que nosotros creemos que son y no por lo que son en verdad. Esto hace que nos equivoquemos con facilidad al enjuiciar al otro.

Somos muy dados a calificar a los demás por lo que nosotros creemos que son y no por lo que son en verdad. Esto hace que nos equivoquemos con facilidad al enjuiciar al otro.

Al primer contacto ya calificamos a la persona como “tonta, orgullosa, antipática, amable, sencilla…” No nos hemos metido dentro de la persona para ver quién es, sin embargo, cuando lo hacemos, nos damos cuenta de que estábamos equivocados.

Esto no nos ocurre solo con aquellos que conocemos por primera vez, sino aún con los mismos miembros de nuestra familia. Los juzgamos y calificamos por lo que creemos o nos han dicho, pero no por lo que son, cosa que trae grandes conflictos familiares.

Con la figura de Jesús nos pasa también lo mismo. A Jesús se le tildó de todo lo habido y por haber y aún se le sigue calificando según los caprichos de cada uno.

Los escribas y fariseos le llamaron “amigo de pecadores y publicanos” (Mt. 11, 19)… “poseso por el diablo” (Mt. 12, 24). Los sacerdotes decían que era “un agitador del pueblo” (Lc. 23, 14) y “un blasfemo” (Mc. 14, 63).

A María Magdalena Jesús resucitado se le apareció y esta lo confundió con un hortelano (Jn. 20, 15). A los discípulos de Emaús, Jesús resucitado se les apareció y lo confundieron con un caminante cualquiera (Lc. 24, 15). Los apóstoles, al ver a Jesús resucitado, creyeron que era un “fantasma” (Lc. 24, 37).

Hoy seguimos confundiendo a Cristo. Quizás sea para nosotros un personaje que perteneció al pasado histórico, hoy felizmente recordado. Quizá lo confundamos con alguien que fue una buena persona y que Dios le dio el premio del cielo.

O quizá lo confundamos con un Dios todopoderoso, capaz de quitarnos nuestros apuros y de repetir en nosotros los milagros que antes hizo. O con ese Dios siempre bravo a quien es necesario calmar, porque si no salimos perdiendo.

Pero hay una manera de no confundir a Jesús y es estar atentos. Algo que Él dice de sí mismo: “Soy yo mismo. Pálpenme y vean” (Lc. 24, 39). El crucificado: “Miren mis manos y mis pies… Un fantasma no tiene carne ni huesos como ven que yo tengo” (Lc. 24, 39). “El que ha compartido y comido con ustedes” (Lc. 24, 42-43).

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