Grass, Galeano y Nicaragua

Eduardo Galeano y Günter Grass estuvieron unidos por la literatura, la política, el futbol y una relación de amor y desconfianza con la izquierda nicaragüense

Eduardo Galeano.

El 13 de abril pasado, el mundo lamentó la partida de dos grandes de la literatura. Eduardo Galeano, el uruguayo que se hizo famoso con el libro Las venas abiertas de América Latina, venas que quedaron abiertas. Y Günter Grass con su Tambor de hojalata que despierta a Alemania y nunca dejará de sonar.

Dos que amaron la literatura, la política y el futbol. Y a Nicaragua.

Ambos “pertenecieron a ideologías de izquierda, pero tenían ese don crítico, Eduardo, igual que Grass, no se debía a ningún partido ni a ninguna disciplina. Eran hombres libertarios”, los describe el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, quien conoció a ambos en distintas ocasiones dentro y fuera de Nicaragua.

“A Nicaragua la adoró”, dice sobre Galeano, la poetisa Claribel Alegría, quien se define como gran amiga del escritor uruguayo. “Él creyó mucho en los nicaragüenses, pero luego se decepcionó de los robos. Y ya no quiso volver… ya no quiso volver”, dice.

Gunter Grass.
Gunter Grass.
La mirada de Grass a Nicaragua

Günter Grass, el alemán, fue un hombre serio, cordial, ceremonioso, pero a la vez sencillo. Supo desde pequeño que quería ser artista, sufrió la Segunda Guerra Mundial en la que participó como miembro de las llamadas Juventudes Hitlerianas.

La guerra fue la principal temática de sus obras y quizás por eso desarrolló “ese juicio sobre la Alemania en ruinas de la posguerra, una sociedad que estaba queriendo olvidar”. Grass fue ese testigo incómodo, abrió las heridas que la gente ya quería tener suturadas. Más tarde incluso abrió sus propias heridas.

“Quizás de ahí nació también su vínculo con Nicaragua”, considera Ramírez, quien lo recuerda de vestir poco elegante. “Él era muy sencillo, no ocultaba sus orígenes campesinos. Siempre con su pipa. Siempre con sus lentes de media caña. No tuvimos una gran amistad, pero lo conocía sí, sí”, refiere.

Claribel Alegría lo describe como “no tan guapo, de tamaño mediano, pelo oscuro” y al que ya le aparecían algunas canas.

“¿Qué cuento chino está comprando la familia reinante en Nicaragua? ¿Cuánto está pagando ese pueblo heroico a cambio de un Canal fantasma?”
Eduardo Galeano, escritor uruguayo.

Grass visitó Nicaragua en 1982. “Y allá nos fuimos, sin ideas muy precisas, Franz Alt, Johano Strasser y yo”, escribió Günter Grass en su crónica En el patio trasero, traducida por Ricardo Badú, después de pasar ocho intensos días en suelo nica. Le acompañaron también Ute Grass, su esposa, el editor Hermann Schulz y Dora Weidhass como traductora.

Ernesto Cardenal —ministro de Cultura de ese entonces, poeta y sacerdote a la vez— y Sergio Ramírez —vicepresidente y miembro de la Junta de Reconstrucción Nacional— le recibieron. Ya en Alemania luego de esta visita diría: “Cada uno regresó sensiblemente transformado. Este viaje me ha puesto en duda a mí mismo”.

Antes de pisar suelo nicaragüense Günter Grass no sabía nada más que lo que había escuchado de sus conocidos y lo que había leído en diarios internacionales. Y escéptico como solo él, se cuestionaba: “¿Cómo podrían haber aprendido el difícil quehacer de la paz, la política económica y financiera, comandantes de 25 años que hasta tan solo tres años atrás fueran ante todo guerrilleros? ¿Cuándo empezaría también esta revolución, según enseña la Historia, a devorar a sus hijos?”

“Grass era un hombre muy inquisitivo a la hora de querer averiguar lo que estaba pasando. Sus preguntas eran muy críticas, él nunca daba por sentado lo que se le decía. Él no era un propagandista de la revolución, era un amigo crítico”, indica Ramírez al respecto.

La principal motivación de Grass al visitar Nicaragua era cuestionar lo que sucedía y al mismo tiempo defender los valores de libertad y democracia. “Él quería conocer a fondo lo que pasaba en este país después de una guerra que había sido financiada por Estados Unidos”, agrega Ramírez, quien a pesar de tener el cargo de vicepresidente, asegura haberlo recibido como escritor.

“Un amigo pintor estaba esa noche en la cena, años después se reía porque yo hablaba con Günter Grass en alemán, yo siempre he dicho que si no hago algo bien, prefiero no hacerlo del todo y el idioma alemán se me iba olvidando. Entonces Dieter —el pintor— se reía porque me puse hablar en ese idioma con el gran renovador de esa lengua y el que más la conoce”, cuenta Ramírez y se echa una carcajada.

La Managua de entonces, la que Grass conoció, contaba con dos millones y medio de personas aglomeradas, describió en su texto. Mil quinientos millones de dólares en deudas, arcas vacías y la capital destruida sin poder levantar cabeza desde el terremoto del 72 y luego la guerra. Las donaciones se quedaron en el bolsillo de la familia Somoza y veía así los suburbios de Managua: “Donde se hacinan 300,000 almas, el Lago de Managua, extenso pero sin vida, por haber degenerado en cloaca”, sentenció.

Grass nunca regresaría a Nicaragua. Esa visita fue la primera y la última. Nunca reconoció públicamente su rechazo a lo que sucedió después, pero en aquel momento “su preocupación era encontrar una verdad a todo lo que sucedía en Nicaragua. Y se le dijo todo”, asegura Rommel Martínez, entonces miembro de la junta de Gobierno de Masaya, quien acompañó a Grass en un recorrido por Monimbó. “Él estaba interesado en encontrar una explicación, pero se distanció con el tiempo. Se distanció”, cuenta Martínez.

“América es la tierra donde la gente encuentra lo que había perdido”. Günter Grass, escritor alemán.

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10 datos de… Günter Grass

Linea de tiempoGunter

1. Multifacético: Además de escritor fue escultor y dibujante y en su juventud trabajó de minero.

2. Ni un disparo. A pesar de ser parte de las SS (Juventudes Hitlerianas) durante la Segunda Guerra Mundial aseguró que nunca disparó un arma.

3. Entregado. Una de sus ideas más fuertes era que incluso los malos libros son libros y por lo tanto sagrados. 4. Activista: Apoyó al partido Socialdemócrata de Alemania y no tuvo miedo de defender en debate público sus puntos de vista.

5. Defensor: Denunció junto con doscientos escritores las leyes antigay en Rusia por perjudicar la libertad de expresión.

6. Solidario. Se negó a darle entrevistas al diario Bild y medios del grupo Springer debido a una campaña que habían hecho contra el escritor alemán Heinrich Böll.

7. Diferencias: En 1985 tuvo un cruce de palabras con Mario Vargas Llosa porque no quiso retractarse de una afirmación que aseguraba que “los intelectuales latinoamericanos muchas veces se convierten en aliados de las dictaduras de izquierda”.

8. Rechazado: Las autoridades de su ciudad natal retiraron el título de Ciudadano Honorario cuando reveló en su autobiografía que había sido miembro de la SS.

9. Contra Israel. Criticó a los israelíes en su poema Lo que hay que decir y aseguró que el Estado judío es el mayor peligro para la paz mundial, por el arsenal secreto de armas nucleares. 10. Cansado: En enero de 2014 anunció que daba por cerrada su obra narrativa debido a su avanzada edad.

De izquiera a derecha, Eduardo Galeano, Claribel  Alegría y Ernesto Cardenal en uno de sus tantos encuentros literarios. LA PRENSA/CORTESÍA ARTURO ZAMORA.
De izquiera a derecha, Eduardo Galeano, Claribel Alegría y Ernesto Cardenal en uno de sus tantos encuentros literarios.
LA PRENSA/CORTESÍA ARTURO ZAMORA.
Enamorado de la revolución

Sergio Ramírez, Gioconda Belli y Claribel Alegría utilizaron las mismas palabras para definir lo que un día Galeano sintió un día por la revolución en Nicaragua: “Se enamoró”. Eduardo Galeano estaba entusiasmado con la revolución sandinista. Al igual que muchos otros escritores latinoamericanos, creía en los ideales de libertad.

Galeano nació en Montevideo, Uruguay en 1940. De pequeño, le gustaba llamarse “Gius”, pues era la pronunciación castellana de su apellido “Hughes”. Quiso ser pintor y dibujante, como Picasso, y eso le valió la publicación de su primera caricatura en el semanario del Partido Nacional. Trabajó como mensajero, peón, cobrador, taquígrafo y cajero de banco. Pero su pasión fue siempre el futbol.

Jugó con el número 8 en un equipo escolar, pero pronto se enteró de que era un “pata dura”, lo que acabó haciendo que se resignara, que aceptara su destino y terminara intentando escribir para hacer con las manos lo que nunca pudo con los pies. Y entonces dejó de ser “Gius”. Se convirtió en Eduardo Germán María Hughes Galeano, conocido después como Eduardo Galeano.

Cuando la escritora nicaragüense Claribel Alegría lo conoció vivía en Mallorca, España. “¡Era calvo y cuando empezó a quedar así, sufría! Yo bromeaba diciéndole que entre más viril es un hombre más calvo”, recuerda entre risas, Claribel. “Era guapo Eduardo, era mediano o más bien bajo y tenía unos ojos azules que entrecerraba mucho y yo le decía que estaba viendo la magia dentro de él. Yo lo encontraba mágico”, recuerda.

Gioconda Belli también lo recuerda guapo, coqueto, vanidoso y no olvida “sus azules preciosos ojos. “¡Ah! y tenía ese acento uruguasho”, cuenta alegre Belli mientras arrastra el tono al hablar imitando su acento.

Sí, hizo muchos amigos aquí. Pero luego de la revolución ya no quiso volver.

Él fue testigo en Nicaragua del “acoso de la primera potencia militar de América”, como él mismo expresó refiriéndose a los Estados Unidos y peleó en contra de este. “Apoyó la revolución siempre, con mucho entusiasmo. La defendía en los planos internacionales”, afirma Sergio Ramírez, quien se relacionó en diferentes encuentros con el escritor uruguayo.

Según recuerda Ramírez, Galeano era un hombre con quien siempre se podía conversar y reír. “La figura de Eduardo era muy peculiar. Él se quedó calvo desde muy joven y siempre bromeaba diciéndole que era mayor que yo y sin embargo estaba envejeciendo mejor, como buen europeo”, cuenta Sergio, mientras unos pequeños matices de gozo se dibujan en el avejentado rostro del escritor. Galeano era crítico, eso sí. Él no le iba a ningún partido ni a ninguna disciplina. Era un hombre de la izquierda libertaria.

En Memoria del fuego, una serie de recuerdos que publicó el escritor Eduardo Galeano, dedica 17 relatos a Nicaragua, desde 1963 hasta 1984. Ahí figuran los grandes: Tomás Borge, Ernesto Cardenal, Carlos Fonseca Amador, Santos López, Edén Pastora, Dora María Téllez, Pedro Joaquín Chamorro y por supuesto los Somoza.

Describe a una Nicaragua en ruinas, que lucha por salir de la guerra y la opresión. Nicaragua Naciendo, Andando, Descubriendo, Realizando y Desafiando se titulan sus textos. “Durante la revolución hubo logros importantes. La alfabetización (…) y yo fui personalmente testigo porque hice un trabajo en todo el territorio, de lo que fue la lucha contra la mortalidad infantil. La experiencia espléndida de la reforma agraria y de todo lo que se hizo en todos los sentidos”, expresó Galeano al periodista Daniel Viglietti cuando este le preguntó acerca de los logros de lo que denominó “sandinismo saludable”.

En aquel momento Eduardo Galeano, quien era amigo cercano del poeta, sacerdote y en ese entonces también ministro de Cultura Ernesto Cardenal, condenó junto con otros escritores como Mario Benedetti, Noam Chomsky, Salman Rushdie, el creciente poder y autoritarismo de Daniel Ortega.

Después de la revolución su decepción fue muy grande. En una ocasión confesó a Gioconda Belli que ya no quería volver a Nicaragua y que estaba desilusionado de Tomás Borges y de la repartición de los bienes del Estado conocida como “La Piñata”. Y no fue por la derrota, sino por la metamorfosis de los compañeros en los que una vez él creyó y por quienes expresó una frase que el escritor Sergio Ramírez citó así: “Quienes fueron capaces de entregar su vida no han sido capaces de entregar sus mercedes”.

La comunidad de literatos de Nicaragua se ha pronunciado constantemente. Salen a relucir fotos y relatos, anécdotas de las cenas y encuentros de escritura que disfrutaron con ambos. “Y como T.S. Eliot una vez expresó: ‘Abril es el mes más cruel’”, cita Claribel Alegría para describir su tristeza por la muerte de sus amigos.

10 datos de… Eduardo Galeano

Linea de tiempoGaleano

 

1. Antecedentes. Antes de ser periodista trabajó como obrero, mensajero, mecanógrafo, cajero de banco, pintor y dibujante.

2. Matrimonio. Se casó tres veces.

3. Publicidad. En 2014 grabó un mensaje promocional para apoyar el lanzamiento del nuevo disco de Calle 13, Multiviral. El mensaje dice: “Los invito a caminar por la calle 13. Les aseguro que lo van a pasar muy bien, porque estarán muy bien acompañados por las voces del disco Multiviral”.

4. Dibujo. Vendió su primera caricatura política a los 14 años.

5. Músico. Escribió al menos ocho canciones, algunas de ellas como Secreta mujer o La mala racha, interpretadas por Joan Manuel Serrat.

6. Seudónimo. Publicó sus primeros dibujos como “Gius”, que es la pronunciación castellana de su primer apellido (Hughes).

7. Olvidadizo. Siempre llevaba con él una libreta para anotar las ideas que se le venían a la mente para no olvidarlas.

8. Personalidad. Según sus amigos cercanos, era vanidoso y coqueto.

9. Futbolero. Un auténtico hincha del futbol. Escribió dos libros acerca de este deporte.

10. Musa. Para escribir se inspiraba en los sueños de su última esposa, Helena Villagra.

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