Día de la Tierra y Día del Libro

Seguramente es por casualidad que el Día de la Tierra y el Día del Libro se celebran en días consecutivos, el 22 y el 23 de abril de cada año.

Seguramente es por casualidad que el Día de la Tierra y el Día del Libro se celebran en días consecutivos, el 22 y el 23 de abril de cada año.

Pero la vecindad de la celebración tiene sentido. La defensa de la Tierra por el daño que le causan los humanos (la única especie del reino animal que deteriora la Naturaleza de manera deliberada), depende mucho del culto al libro, a la lectura que culturiza y crea conciencia de la responsabilidad hacia el prójimo, la comunidad y el entorno natural.

Ban Ki-moon, secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), ha dicho que “Las grandes decisiones que tenemos por delante no corresponden solo a los legisladores y los dirigentes mundiales. Hoy, en este Día de la Madre Tierra, hago un llamamiento para que todos nosotros seamos conscientes de las consecuencias que tienen nuestras decisiones sobre el planeta y lo que supondrán para las generaciones futuras”.

Pero solo las personas educadas, que leen libros y estudian, pueden ser conscientes de las consecuencias de sus actos sobre la Naturaleza y de la necesidad de proteger a la madre Tierra en beneficio de todos los habitantes del planeta, los de hoy y los del futuro.

Precisamente en estos días en Nicaragua se está padeciendo una grave escasez de agua y un agobiante y mórbido calor, que son causados por el creciente calentamiento de la Tierra que a su vez es consecuencia de la mala práctica humana sobre la Naturaleza. La devastación de los bosques por la irracional explotación maderera, la depredación de reservas naturales vitales como la de Bosawas, y la contaminación de las aguas de ríos, lagos y lagunas, para solo mencionar algunos ejemplos, causan —según advierten los ecólogos— las insoportables temperaturas que sofocan a la población lo mismo que la escasez de agua limpia que agrava el problema.

Pero los gobernantes se hacen los desentendidos ante esta sombría situación. En vez de tomar medidas de verdad para contener la depredación de los bosques y la contaminación de las aguas, dejan hacer o protegen a los depredadores. En lugar de atender la advertencia de la comunidad científica, de que es vital para Nicaragua proteger el lago Cocibolca que es su mayor reserva de agua, el Gobierno lo ha vendido a la empresa china de Wang Jing para construir un Canal Interoceánico que podría arruinarlo y en general causar daños ambientales catastróficos.

Obviamente, si los nicaragüenses fuesen conscientes de la responsabilidad que ha mencionado el secretario general de la ONU con motivo del Día de la Madre Tierra, no permitirían que los recursos naturales del país sean saqueados y destruidos. Y sin duda que la falta de conciencia ambientalista se debe a la carencia también de cultura cívica y democrática. De allí la importancia de la celebración del Día del Libro, instituido en honor de Miguel de Cervantes, cuya obra cumbre, Don Quijote de la Mancha, tiene un ideario basado en la urgencia de provocar una revolución moral. Así lo subrayó el filósofo español Miguel de Unamuno a principios del siglo pasado y lo ha recordado un escritor argentino contemporáneo.

Una revolución moral que mucha falta le hace a la Tierra y que es urgente realizarla en Nicaragua.

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